Aramco: el riesgo de ser socio minoritario de un gigante

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"El puño", escultura de César Baldaccini en la ciudad de Jeddah (Arabia Saudí).

El gigante petrolero saudí reporta los menores costos de producción de la industria petrolera mundial y la segunda posición en reservas probadas. Ahora bien, la estrategia de desarrollo de Arabia Saudí condiciona las decisiones vinculadas al flujo de caja. La razón para que un accionista minoritario invierta en Aramco es su generosa política de dividendos.


 

Cuando se publique este artículo, Aramco, la empresa petrolera de Arabia Saudí, habrá completado la colocación de una nueva emisión de acciones, equivalente al 0,64 por ciento de su capital accionario, y habrá levantado alrededor de 12.000 millones de dólares, que se utilizarán para dar un nuevo aporte de capital al fondo soberano del país (PIF, por su sigla en inglés).

El PIF es el principal vehículo de inversión que el príncipe heredero Mohamed bin Salmán utiliza para impulsar la reforma de la economía saudí, y fue el principal receptor de fondos de la oferta pública inicial original a finales de 2019. En esa ocasión, Arabia Saudí recaudó 25.600 millones de dólares tras vender el equivalente al 1,5 por ciento de las acciones de la empresa.

La compañía anunció el jueves 30 de mayo de 2024 que la nueva colocación de acciones provendría de la venta de la participación del gobierno y no del PIF. A finales de 2023, el PIF tenía 925.000 millones de dólares en activos bajo gestión, y espera con esta inyección de recursos y otros ingresos manejar un billón de dólares en 2025.

En palabras de Amin Nasser, presidente ejecutivo de Aramco, «esta transacción ofrece una oportunidad para que los inversionistas actuales y nuevos construyan una posición importante en Saudi Aramco a un precio en el que creemos que la compañía ofrece un valor atractivo y crecimiento a nuestros accionistas». Añadió que Aramco había pagado 98.000 millones de dólares en dividendos en 2023 y se espera que pague 124.000 millones este año. El precio de las acciones de Aramco ha caído un diez por ciento desde principios de este año.

La oferta representa la culminación de un plan que comenzó en 2019 para aumentar su base accionaria. En la actualidad, entre el Estado saudí (82 por ciento) y el PIF (16 por ciento) controlan el 98 por ciento de las acciones de la compañía.

El gobierno ha aumentado repetidamente los fondos en poder del PIF en los últimos años, que incluyen una transferencia de 40.000 millones de dólares de las reservas internacionales del banco central saudí en 2020, en lo que fue una jugada poco convencional. Un doce por ciento adicional de las acciones de Aramco se transfirió al PIF en 2023, lo que le permite recibir un ingreso constante gracias al pago de dividendos de esta empresa.

Aramco reporta los menores costos de producción de la industria petrolera mundial, del orden de 3,19 dólares por barril, y la segunda posición en la lista de reservas petroleras probadas. Pero los inversionistas minoritarios no pueden obviar que la estrategia de desarrollo del país saudí condiciona las decisiones de la empresa vinculadas al uso de su flujo de caja. Hay momentos en los cuales las necesidades de la nación priman sobre los intereses estrictamente comerciales del conglomerado petrolero.

El presupuesto nacional del reino saudí se equilibra si el precio del petróleo supera los cien dólares por barril. Para mantener ese precio, su liderazgo dentro del cartel de la OPEP lo obliga a bajar sus volúmenes de producción y, por tanto, a sacrificar utilidades, lo que va en contra de los intereses de los accionistas minoritarios. Lamentablemente para Aramco, cuando el precio del petróleo es alto se activan los competidores con mayores costos de producción, lo que erosiona en alguna medida las utilidades de la empresa.

Para compensar parcialmente a los potenciales accionistas minoritarios de origen saudí que podrían participar en la nueva emisión de acciones, la empresa ofreció un plan de lealtad a quienes mantengan sus acciones de forma continua durante 180 días: una acción de bonificación por cada diez acciones que compren en la colocación de oferta pública, hasta un máximo de cien acciones. Entonces, la principal razón para que un accionista minoritario invierta en Aramco es adquirir una participación en esta máquina productora de efectivo, con su generosa política de dividendos, sobre la cual hay una gran presión para que no se reduzca, pues tanto el presupuesto nacional como el PIF cuentan con estos recursos para llevar adelante su operación.

Para compensar el hecho de que la producción de Aramco está supeditada a las estrategias de fijación de precios de la OPEP+, que incluyen aliados circunstanciales, el precio de la acción se vende con una prima inferior a la de sus competidores, que no tienen el compromiso de adaptar sus volúmenes de producción a los intereses del cartel. Esta prima, pagada por el privilegio de poseer una empresa líder en costo de extracción, podría reducirse en la medida en que Arabia Saudí se vea obligada en el futuro a seguir manteniendo altos los precios del petróleo, vía recortes de producción en un entorno cada vez más complejo.

La consolidación del sector de productores de esquisto de Estados Unidos ha resultado en eficiencias que deberían contribuir a la caída de los costos de producción. Si a esto se suma que nuevos productores como Guyana pueden alcanzar el punto de equilibro por debajo de los treinta dólares por barril, Aramco no la tendrá fácil. Las presiones de Arabia Saudí, que necesita diversificar su economía, sobre los recursos financieros de la empresa serán cada vez mayores, y los accionistas minoritarios también requerirán mayores beneficios para seguir participando en una arriesgada propuesta de negocios.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA.

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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