¿Bezzel?

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Fotografía: Pixabay.

En los últimos años han ocurrido varios casos de comportamientos de accionistas mayoritarios que, sin ser desfalcos propiamente hablando, dejan la sensación de conductas inadecuadas de los protagonistas de estas historias.

Carlos Jaramillo / 7 de noviembre de 2019


John Kenneth Galbraith (1908-2006) fue un importante economista estadounidense nacido en Canadá. Entre sus múltiples contribuciones se encuentra The great crash 1929, un pequeño libro en el cual explora la gran crisis financiera de 1929, y que ha sido durante años un referente sobre comportamientos anómalos de los mercados financieros; en particular, el capítulo VIII que define dos conceptos clave: desfalco (embezzelment) y bezzel.

Bezzel es una de esas palabras intraducibles provenientes del inglés británico. Sus significados abarcan una amplia gama, que va desde el nombre de una especie de anfetamina que hoy se vende ilegalmente, pasando por beber en exceso, derrochar dinero y el uso que acuñó Galbraith para la ciencia económica. Bezzel es un período durante el cual no se ha descubierto un desfalco y ocurre un aumento psicológico de riqueza: el desfalcador cree tener en su poder el dinero de su víctima, quien desconoce que lo ha perdido y espera los beneficios de su inversión. En los últimos años han ocurrido varios casos de comportamientos de accionistas mayoritarios que, sin ser desfalcos propiamente hablando, dejan la sensación de conductas inadecuadas de los protagonistas de estas historias.

Un caso se dio a conocer con una demanda introducida en la corte de Delaware en 2018 por Richard, un accionista de Tesla, contra la junta directiva de la fabricante de vehículos eléctricos, por otorgarle a Elon Musk, su presidente ejecutivo, un paquete de remuneración durante diez años que incluye opciones con un valor de 56 millardos de dólares, si logra multiplicar 11,6 veces el valor patrimonial de la empresa en la próxima década. Si se deja de lado lo que significa una remuneración de tal magnitud, lo llamativo es que la corte no desestimara el caso, como normalmente lo hace en asuntos de remuneración de ejecutivos, pues se considera que las juntas conocen mejor que nadie la naturaleza de lo que pagan.

Dado que Musk posee el 22 por ciento de las acciones de Tesla, que le da una posición de control, la corte debe asegurar que la junta haya procedido con un criterio de «equidad total» (entire fairness). La equidad total incluye dos aspectos: 1) la manera de fijar la remuneración de Musk debía garantizar que ninguna parte interesada pudiese sesgar el proceso a su favor y 2) es difícil calcular el precio de los servicios que se están remunerando, en una situación sin parangón como esta.

La junta de Tesla delegó en su comité de remuneraciones el diseño del paquete salarial de Musk, y este y su hermano, también directivo y accionista de la empresa, se inhibieron de participar en ese comité. Sin embargo, el juez consideró que tal inhibición no garantizaba que la influencia de los hermanos Musk no se hiciera sentir gracias a otros vínculos comerciales entre los hermanos y los miembros del comité.

A mediados de 2020 la corte de Delaware dará su veredicto. Se espera resulte de una revisión profunda de la lógica seguida por la junta para fijar remuneraciones, más que de la consideración de si 56 millardos de dólares sería una remuneración justa para Musk. Si el proceso fue viciado, la corte ordenará repetirlo, esta vez a cargo de un comité independiente.

Otro caso es la conocida restructuración de WeWork, empresa líder mundial en el negocio de arrendamiento de espacios de oficina compartidos. El 14 de agosto de 2019 esta empresa introdujo ante la Comisión Nacional de Valores de Estados Unidos la documentación requerida para hacer una oferta pública inicial de acciones; en ese momento los medios especializados especulaban sobre una posible capitalización bursátil de 47 millardos de dólares.

Durante las siguientes semanas las cifras publicadas por la empresa fueron sometidas al escrutinio público. La conclusión fue que, en el mejor de los casos, su capitalización bursátil estaría más cerca de ocho millardos de dólares que de la cantidad originalmente propuesta. La empresa suspendió la oferta pública de acciones durante el mes de septiembre de 2019, dio de baja a su fundador —el carismático Adam Neumann— y fue intervenida por su principal accionista: el fondo de inversión japonés Softbank.

Para dejar su cargo como presidente ejecutivo Neumann logró la venta de su paquete accionario y el pago de honorarios de consultoría por un total de 1,7 millardos de dólares. A medida que transcurrían las semanas y se publicaba más información sobre la compañía, se supo que Softbank tendría que despedir a más de cuatro mil empleados, y tratar de llevar a noventa por ciento de ocupación sus espacios de oficinas, que en algunas ciudades chinas no llega a treinta por ciento. Mucha gente se pregunta cómo Softbank permitió a su socio extender los gastos e inversiones de tal manera. ¿Qué esperaban con la oferta pública inicial? ¿Pasar el problema a unos inversionistas incautos?

El capítulo VIII de Galbraith describe aquellos buenos momentos del ciclo económico, cuando las personas están relajadas y confiadas, el dinero es abundante y algunos individuos de fuerte personalidad llevan sus empresas a los extremos, pasan por encima de las estructuras de gobierno corporativo y abandonan el barco cuando hace aguas, como en el caso de WeWork, pero con las alforjas llenas. En otros casos, como el de Elon Musk, pueden ayudar a hundirlo con desproporcionadas exigencias. Técnicamente, en ninguna de estas dos situaciones existe delito, pero cómo se parecen al bezzle descrito por el gran Galbraith.

Carlos Jaramillo, director académico del IESA.