Cenit y nadir: la saga de los treasuries

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Ilustración: Jack Moreh / Stockvault

Durante la última década se esperaba que las tasas de interés estadounidenses tocaran mínimos históricos. Alcanzado el nadir, el problema sería lidiar con una cartera de renta fija en un contexto de tasas al alza. Mientras tanto queda dilucidar si se acerca el final del mercado alcista o un sendero de tasas negativas, con ganancias para quienes sigan aferrados a los bonos.

Carlos Jaramillo / 9 de abril de 2020


 

Quienes ya eran adultos en la década de los ochenta del siglo pasado recordarán cuando el treasury con vencimiento a diez años, el título financiero más líquido del mundo, tenía un rendimiento de quince por ciento. En ese momento, la gran pregunta que se hacían muchos inversionistas era si tal retorno compensaría la inflación de la siguiente década. La duda no era trivial si se consideraban los antecedentes inflacionarios de Estados Unidos en los años setenta.

Ahora, casi cuarenta años después, aparece algo nunca visto en la historia de este título: tocó rendimientos del orden de 0,69 por ciento el pasado jueves 5 de marzo. Indudablemente, esta tasa refleja el temor de los inversionistas al comienzo de una posible recesión mundial. La covid-19 fue la chispa que encendió la pradera. Sea o no este el caso, es un hecho que las bajas tasas de interés llegaron hace mucho rato a los mercados financieros de los países desarrollados y lo hicieron para quedarse por un largo tiempo.

Los instrumentos de renta fija, y en particular los bonos, dejaron de ser lo que suponían muchos inversionistas: suavizadores de la volatilidad y el retorno de las carteras de inversión. Desde que las presiones deflacionarias se han hecho presentes en las economías desarrolladas, se han transformado en vehículos para apostar a la secular tendencia a la baja de las tasas de interés, y realizar ganancias de capital, pues sus precios se mueven de manera inversa a sus rendimientos.

Durante la última década se esperaba que las tasas de interés en Estados Unidos tocaran sus mínimos históricos. Una vez alcanzado el nadir, el problema consistiría en lidiar con una cartera de renta fija en un contexto de tasas al alza. Ese problema llegará eventualmente. Mientras tanto habrá que dilucidar si se acerca el final del mercado alcista de renta fija denominada en dólares, que comenzó a mediados de los ochenta del siglo pasado, o si por el contrario viene un sendero de tasas de interés negativas en Estados Unidos, con las consiguientes ganancias de capital para quienes sigan aferrados a los bonos, apostando a que ese es el escenario posible.

La posición conservadora —probablemente la más conveniente para los pequeños inversionistas, aunque les cueste aceptarlo— es comprar títulos de renta fija de muy corto vencimiento, aunque los retornos sean exiguos. Ese es el costo que deberán pagar, para evitar quedar atrapados en un mercado de tasas al alza.

El gran problema con esta posición conservadora es que podrían pasar años antes de que las tasas comiencen a subir de manera significativa nuevamente. Entonces podrán colocarse recursos, mejor remunerados, a un plazo más largo.

Las recomendaciones a corto plazo son las de siempre. Además de deuda de corto vencimiento, identificar compañías estables que paguen dividendos generosos. El problema es que muchas veces un buen dividendo es señal de que una empresa puede tener dificultades para identificar oportunidades de crecimiento y, por ello, devuelve recursos a los accionistas.

El panorama de inversión en los próximos años para quienes invierten en los mercados financieros convencionales no luce particularmente halagüeño. La excesiva oferta de liquidez promovida por los bancos centrales para paliar la Gran Crisis Financiera de la década pasada ha encarecido las acciones de las empresas de las economías desarrolladas y ha promovido la emisión de deuda corporativa de baja calidad crediticia.

Para quienes cuentan con abundantes recursos siempre quedan los mercados de inversiones alternativas. Pero estos también han dado muestra de estar inundados por ese exceso de liquidez que infla los precios de todos los activos en oferta.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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