China: la gran metamorfosis

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Vista de Shanghái. Fotografía: Pixabay.

El tamaño de la economía china hace inevitable evaluar la incorporación de sus títulos financieros a cualquier cartera medianamente diversificada. Pero las consideraciones de riesgo para entrar en ese mercado son mucho más complejas que las requeridas para incursionar en cualquier país desarrollado.

Carlos Jaramillo / Julio-septiembre 2015


La consolidación de China como la segunda economía del mundo, y eventualmente la primera a partir de 2030, será sin duda el proceso político-económico de mayor relevancia para las próximas dos décadas. El énfasis que se ponga en las distintas facetas de su transformación definirá, en buena medida, el panorama económico que deberán enfrentar individuos, organizaciones y naciones. Esto obliga a pensar cómo los cambios que se suceden al otro lado del mundo afectarán no solo las relaciones entre gobiernos y los flujos comerciales, sino también las carteras de productos y servicios de las empresas locales y hasta los planes de ahorro e inversión de las personas naturales.

En busca de pistas

Las fuentes naturales de pistas de los pasos que seguirá la nación china son tanto el Congreso Quinquenal del Partido Comunista Chino (PCCh), el último de ellos o el número 18 ocurrido en noviembre de 2012, como la reunión anual del Congreso del Pueblo y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh) que se realiza cada marzo.

Fue en la CCPPCh de marzo de 2015 cuando el Presidente Xi Jinping anunció la versión definitiva de sus lineamientos estratégicos, o «consignas» para la gran metamorfosis china, conocidos como «los cuatro exhaustivamente»: «exhaustivamente construir una sociedad moderadamente próspera, exhaustivamente profundizar en las reformas, exhaustivamente gobernar el país bajo el imperio de la ley y exhaustivamente gobernar con firmeza el partido». En otras palabras, hay que promover el crecimiento económico con los ajustes necesarios, mientras se mejora un sistema legal que funciona débilmente, mediante el combate a la corrupción y la neutralización de los embates de otros grupos dentro del partido que intentarán oponerse a los cambios como un mecanismo para acumular poder (Buckley, 2015). Estos lineamientos, según analistas que siguen el acontecer local (Xingdong, 2015), deben ser vistos como un señalamiento de los frentes en los que el presidente Xi está dispuesto a dar las batallas políticas para continuar el proceso de cambio decretado en el último congreso del PCCh, más que como una expresión de las consignas políticas acostumbradas por los líderes del Partido Comunista Chino.

La transición

Para emprender el camino marcado por los lineamientos de Xi es necesario sortear tres factores que afectan el desempeño de la economía china: 1) la reducción de la tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) por debajo del siete por ciento, 2) las distorsiones creadas por la masiva liquidez inyectada a la economía en la crisis de 2009 que se canalizó en una buena proporción hacia inversiones poco productivas y 3) los inconvenientes causados por el proceso de restructuración de una economía que quiere abandonar el modelo de capitalismo de Estado por algo parecido al modelo que rige a los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).


Carlos Jaramillo, profesor del IESA.

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