Cómo se forma un emprendedor: el aprendizaje basado en la gestión de proyectos

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Ilustración: Mudassar Iqbal / Pixabay

La Cuarta Revolución Industrial y la era de la industria inteligente producen grandes transformaciones en las dinámicas laborales, que exigen un nuevo enfoque educativo: aprendizaje fundamentado en gestión de proyectos como alternativa apropiada para dotar a las personas de las competencias individuales y sociales requeridas.

Alejandro Acosta García / 30 de mayo de 2019


 

La llamada «Cuarta Revolución Industrial» o «Revolución 4.0» transforma a pasos agigantados los mercados laborales globales; a tal grado que dificulta la identificación de tendencias acerca de las características de los empleos que serán más cotizados y mejor remunerados en el futuro. La nueva incertidumbre implica un desafío ineludible para el mundo empresarial ―satisfacer su demanda laboral― y para las instituciones educativas, obligadas a compaginar sus programas de estudio con los requisitos de los empleadores del siglo XXI.

Existe un consenso acerca de la incapacidad del modelo educativo tradicional —basado en la retención nemotécnica de datos y conocimientos— para formar a los estudiantes del sistema universitario o técnico de acuerdo con los perfiles laborales ―o incluso de emprendimiento― exigidos en los tiempos de la llamada «industria inteligente».

El conocimiento que se requiere plantea a las clases dirigentes de los diferentes países la urgencia de incorporar a los sistemas de aprendizaje de niños y jóvenes el fomento de habilidades y destrezas «blandas» ―como son conocidas en el ámbito de las escuelas de negocios― para obtener un rápido y ventajoso ingreso al mercado laboral o a la comunidad de emprendedores.

El modelo de aprendizaje basado en proyectos dotará a los niños y jóvenes de herramientas y formas de pensar favorables para el fortalecimiento de la vocación emprendedora

El aprendizaje basado en proyectos luce como una alternativa de formación acorde con las exigencias de los nuevos tiempos, porque permite a niños y jóvenes acumular conocimientos y desarrollar habilidades para aprovechar al máximo las crecientes posiciones laborales relacionadas con el manejo de proyectos profesionales. Según el informe de 2017 del Instituto de Gerencia de Proyectos (PMI, por sus siglas en inglés) sobre el crecimiento del empleo y la brecha de talento, se calculan en 22,2 millones los puestos de trabajo para gerencia de proyectos en todos los sectores económicos del mundo y para 2027 la cantidad se ubica en 87,7 millones de empleos directos e indirectos (PMI, 2018).

El modelo de aprendizaje basado en proyectos no solo permitirá a los niños y jóvenes insertarse adecuadamente en los mercados laborales del siglo XXI; también les dotará de herramientas y formas de pensar favorables para el fortalecimiento de la vocación emprendedora. Según Rivera-Kempis (2015), la probabilidad de éxito en una incursión empresarial aumenta cuando el emprendedor cuenta con un conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes y valores que integran la «competencia emprendedora». Muchas de tales destrezas están relacionadas con el aprendizaje basado en proyectos: un enfoque educativo que proporciona a los estudiantes las herramientas necesarias para convertirse en los empresarios del futuro.

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El aprendizaje basado en la gestión de proyectos

En este método de enseñanza, que puede ser utilizado tanto en el aula de clase como fuera de ella, los estudiantes trabajan en una iniciativa orientada a la solución de un problema o necesidad real mediante la creación de productos o servicios. Durante este proceso los participantes obtienen conocimientos acerca del modo como se gestionan los proyectos en el ámbito organizacional.

La Fundación Educativa PMI (PMIEF, en inglés) define tres tipos de habilidades: 1) para el aprendizaje y la innovación, 2) alfabetización digital y 3) vida y carrera profesional. El perfeccionamiento de estos atributos en niños y jóvenes les permitirá afrontar el futuro en condiciones favorables, bien sea como personas, trabajadores o emprendedores (PMIEF, 2016).

Los niños y jóvenes participantes son quienes decidirán qué se va a hacer, qué ruta se va a trazar, cuántos recursos se van a invertir y cuáles técnicas gerenciales se aplicarán

En el año 2016 el Instituto Buck para la Educación (California, Estados Unidos), con la ayuda de 107 investigadores y docentes de todo el mundo (expertos en los campos de educación y psicología), definió seis elementos que deben incluirse en un programa de aprendizaje de excelente calidad basado en proyectos (HQPBL, por sus siglas en inglés) para garantizar a los jóvenes alumnos una experiencia educativa óptima (Mergendoller, 2016):

  1. El programa debe retar intelectualmente a los estudiantes. Para ello debe profundizar el aprendizaje mediante el estímulo del pensamiento crítico, el abordaje de problemas y la solución de pregunta complejas, que exijan de los niños y jóvenes el desarrollo y la puesta en práctica de conocimientos específicos, habilidades y comportamientos. Reflexionar en torno a un problema o una pregunta de cierta complejidad hace que el proceso de aprendizaje sea más significativo y efectivo, porque los estudiantes obtienen conocimientos que, más allá del hecho de recordarlos, son susceptibles de ser aplicados en el futuro.
  2. El aprendizaje debe conectarse con la realidad de los estudiantes y girar alrededor de asuntos y situaciones vinculados con la vida cotidiana ―la vida que ocurre fuera de la escuela― y las perspectivas de futuro. De este modo, a los niños y jóvenes se les motiva a comprometerse con el proceso de aprendizaje y mejorar su desempeño académico. Los estudiantes pueden relacionarse con dinámicas, conocimientos, dispositivos tecnológicos y actores institucionales que los preparan para la vida en general y para su futuro laboral. Además, tienen la posibilidad de crear soluciones de impacto más allá del ámbito escolar, enfrentarse a tareas diferentes vinculadas con sus intereses y tomar decisiones (experiencias que seguramente les serán útiles en la adultez).
  3. El producto o servicio presentado por los estudiantes debe ser divulgado a audiencias ajenas a la escuela. De esta manera se incentiva a los niños y jóvenes a que entreguen lo mejor de sí en el desarrollo de propuestas y soluciones, porque estarán conscientes de que serán sometidas a la consideración pública. El hecho de que los estudiantes presenten los resultados de los proyectos ante sus compañeros, la comunidad educativa o el público en general les permite desarrollar y perfeccionar habilidades discursivas, oratorias y argumentativas. Aprenderán a gestionar los procesos de interacción con el público. Además, el interés manifestado por la audiencia en el trabajo estudiantil revelará a los niños y jóvenes lo valioso de sus empeños.
  4. Como en todo proyecto, la dinámica de trabajo debe ser colaborativa. Los estudiantes deben establecer sinergias con compañeros, maestros, autoridades escolares e incluso empresas asentadas en la comunidad. El objetivo es brindar la mejor respuesta al problema que hayan decidido resolver. En un estudio llevado a cabo en Estados Unidos fueron consultados unos 400 empleadores para conocer las habilidades personales y sociales que más valoraban en los empleados. La respuesta más frecuente fue la capacidad para trabajar efectivamente como parte de un equipo. El hecho de que los niños y jóvenes tengan que encarar tareas complejas hace necesario que coordinen acciones con otros y aprendan de los aportes ajenos. La variedad de tareas del desarrollo de un proyecto también permite a los estudiantes familiarizarse con el ejercicio rotativo del liderazgo entre los miembros de un equipo, a partir de las fortalezas de cada uno. Esto equivale a experimentar dinámicas muy cercanas a las vividas en las organizaciones y lugares de trabajo.
  5. La noción de «buenas prácticas», enmarcada en el modelo de la gerencia de proyectos, debe ayudar a los estudiantes a ser más efectivos y eficientes en el logro de los objetivos planteados en sus iniciativas. El objetivo es que los estudiantes vivan una experiencia cercana a la realidad e internalicen las fases críticas de la gestión de iniciativas: identificación de una necesidad, evaluación de opciones, planificación, ejecución, seguimiento, evaluación de indicadores y cierre del proyecto. Los niños y jóvenes participantes son quienes decidirán qué se va a hacer, qué ruta se va a trazar, cuántos recursos se van a invertir y cuáles técnicas gerenciales se aplicarán. Todo esto los capacita para enfrentar con aplomo iniciativas futuras en sus ambientes laborales o en la vida en general.
  6. La experiencia de gestionar un proyecto en equipo induce la reflexión de los niños y jóvenes acerca de su desempeño y el aprendizaje obtenido. Más allá del aprendizaje, importa la capacidad de atribuir sentido a lo hecho, mediante el análisis y la evaluación de la experiencia. Es un segundo nivel de significación. En el aprendizaje de calidad basado en proyectos es frecuente que los estudiantes analicen el avance de su iniciativa y a partir de allí reflexionen sobre el aprendizaje obtenido, lo que intensifica su entendimiento y su autoconocimiento. De esta manera, no solo son conscientes de lo que saben, sino también de lo que necesitan saber para lograr los objetivos propuestos.

Con el aprendizaje basado en proyectos se espera que los niños y jóvenes aprendan más sobre proyectos ―y sobre sí mismos― y desarrollen el conocimiento y las habilidades necesarias para enfrentar con éxito la vida en todos los aspectos.

 

Educación, habilidades del siglo XXI y movilidad social

Desde el punto de vista teórico, la educación y el empleo son los dos grandes vehículos para la movilidad social ascendente; sin embargo, la llamada «Cuarta Revolución Industrial», con sus impredecibles efectos en los mercados laborales, ha dado al traste con este principio.

Cuando un experto dice que «la posición laboral del futuro no ha sido creada» deja entrever que, desde su perspectiva, una educación rígida y fundamentada en el aprendizaje de contenido ya no será suficiente en el mercado profesional para tener éxito y bienestar socioeconómico. De allí la urgencia de internalizar en las nuevas hornadas de la fuerza laboral la conveniencia de las habilidades «blandas», como el pensamiento crítico, la comunicación, la solución de problemas y el trabajo en equipo, de modo de cumplir los requisitos de los empleadores.

El éxito de la actividad emprendedora depende en buena medida del desarrollo de la «competencia emprendedora»; esto es, de un conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes y valores que la educación tradicional por sí sola no es capaz de proveer. Cuando los niños y los jóvenes están en capacidad de ser emprendedores y empresarios mejoran su bienestar personal; pero, además, se convierten en agentes de desarrollo, porque sus iniciativas crean empleo, innovaciones tecnológicas, productos y servicios, bienestar social y crecimiento económico.

El aprendizaje basado en proyectos ―particularmente el de «excelente calidad»― reúne las características necesarias para que los niños y jóvenes se formen para el siglo XXI, adquieran conocimientos y, más importante aún, desarrollen habilidades que les permitan ser exitosos como profesionales en la gestión de proyectos o como emprendedores y empresarios. Es un modo viable de alcanzar vidas más satisfactorias.

 

Referencias

  • Mergendoller, J. (2016): Defining high quality PBL: a look at the research. Novato: Buck Institute for Education.
  • PMIEF (2016): «Project management tool kit for teachers»: https://pmief.org/library/resources
  • PMI (2018): «Job Report». PM Network. Volumen 32. N° 1. Pág. 28
  • Rivera-Kempis, C. (2015): «Competencia emprendedora y comportamiento emprendedor: análisis en el contexto venezolano». Tesis doctoral. Madrid: Universidad Complutense.

Alejandro Acosta García, vicepresidente de Educación Social del Project Management Institute, Capítulo Venezuela y profesor invitado del IESA.