El gran remate: honorarios de profesionales venezolanos en el mercado internacional

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Fotografía: Pixabay.

Los ingresos en moneda dura de los profesionales venezolanos son muy bajos, comparados con lo pagado en otros países de América Latina, y en la mayoría de los trabajos no hay contrato de por medio.

Margaret López / Julio-septiembre 2018


Economistas, sociólogos, ingenieros de sistemas, diseñadores gráficos, periodistas y, en especial, programadores, son algunos de los profesionales venezolanos que parecen estar en oferta en el mercado laboral. La etiqueta de sus portafolios solo indica que su remuneración, o parte de ella, se pague en moneda extranjera para paliar la hiperinflación. Como explica Héctor Lucena, profesor jubilado de la Universidad de Carabobo y autor del libro Las relaciones laborales en Venezuela.

Están los venezolanos que tienen una trayectoria con los contratantes internacionales y manejan tarifas que pueden estar más cerca al equivalente en otros países. Están también los venezolanos que no tienen tradición en esta clase de teletrabajo y se deslumbran con la cantidad de dólares que les ofrecen. Esto pasa porque multiplican ese salario por la paridad (de cambio) del dólar negro.

Los ingresos en moneda dura de los profesionales venezolanos varían, pero tienen dos características comunes: son muy bajos con respecto a lo pagado en el resto de América Latina, y en la mayoría de los trabajos no hay contrato de por medio.

El horizonte laboral también es variopinto. En un extremo están los altos ejecutivos que trabajan en Venezuela y reciben bonificaciones en moneda dura. En el otro están los profesionales de sectores como la comunicación o el diseño gráfico, cuya actividad es propicia para el teletrabajo y se volcaron a la modalidad laboral remota para aumentar sus ingresos. Todos coinciden en una sola cosa: no quieren cobrar en bolívares.

Verde que te quiero verde

Después de cuatro años ininterrumpidos de recesión económica e inflación, muy pocas empresas nacionales son capaces de retener a su talento; para intentarlo, algunas pagan bonificaciones en moneda extranjera. Según Margui Armas, socia de la agencia de talento Patiño & Partners/THAmericas:

Nos llegan ejecutivos a quienes nos toca decirles: no puedes dolarizarte. En otro país sí puedes ganar hasta 12.000 dólares mensuales, pero aquí no hay empresa nacional ni multinacional que vaya a pagarte eso. Pero un bono de 300 o 500 dólares al mes ofrece una calidad de vida en Venezuela que no se puede tener en Estados Unidos.

En los últimos dos años, señala Armas, los candidatos para puestos de gerencia media y alta preguntan de antemano si habrá alguna remuneración adicional en moneda dura al final de cada mes. Las empresas han entendido que es necesario ofrecer algo más que «salario emocional», si quieren captar candidatos para sus cargos vacantes.

Los beneficios incluyen seguros médicos y de hospitalización en dólares, reposición de cauchos o baterías para el vehículo del gerente, pago de la anualidad del gimnasio, entrega de alimentos básicos y participación en cursos en el extranjero. Los bonos por productividad para gerentes están entre 300 y 2.500 dólares por mes. Este no es un escenario extraño para las empresas de larga trayectoria en exportaciones o servicios a clientes extranjeros. La diferencia es que ahora los gerentes medios y los perfiles junior, con amplias responsabilidades en la operación, también exigen complementos salariales en dólares.

Las bonificaciones pueden parecer rimbombantes al cambiarlas a bolívares en el mercado negro, pero lo cierto es que distan mucho de los honorarios percibidos por un profesional con igual experiencia en el resto de América Latina. Una situación similar vivieron los argentinos y los uruguayos cuando tuvieron que salir a vender servicios a empresas foráneas, como salvavidas durante la crisis económica de los años noventa.

El pago de un mes de salario para un desarrollador web en Brasil, por ejemplo, está entre 5.000 y 6.000 dólares, mientras que en Caracas ese profesional solo puede conseguir un pago máximo cercano a 1.500. En el caso de los comunicadores sociales, el escenario es aún más desigual: un periodista junior puede encontrar un trabajo en Ciudad de México con un salario mensual entre 750 y 1.000 dólares, mientras que en Maracaibo puede cobrar diez dólares.

Los profesionales venezolanos están conscientes de que su trabajo se cotiza a precios mínimos en el mercado laboral internacional y que, muchas veces, las ofertas están llenas de riesgos, porque se hacen sin firmar contrato ni tener protección legal. Como relató la diseñadora gráfica Roselia Ruiz, quien decidió entrar al mundo del trabajo remoto hace dos años, cuando sintió que su salario no cubría sus gastos.

El año pasado me contactó una empresa de Panamá que necesitaba hacer un manual corporativo de sesenta páginas; me dijeron que me iban a pagar treinta dólares por todo. Les dije que cómo le iban a poner precio a mi trabajo cuando acababa de cobrar 150 dólares por un manual corporativo con la mitad de las páginas. Lamentablemente, hay muchos diseñadores que no la están pasando bien y aceptan esas ofertas aunque corran el riesgo de que no les paguen o de que los exploten.

Los trabajos remotos son un complemento para esta diseñadora gráfica con experiencia en el área digital e impresa. Ella decidió no abandonar su empleo fijo, porque le asegura una entrada estable mensual y porque su oficina le brinda una conexión a Internet potente.

El ticket dorado

Lo más seductor para los profesionales venezolanos no es una bonificación o un trabajo extra en dólares. El sueño es que una empresa extranjera los contacte y les ofrezca una plaza laboral en cualquier país de América Latina, en Estados Unidos o en España. Pero la probabilidad de conseguir ese ticket dorado es cada vez menor, a medida que se extiende la crisis económica. Explica Rosa María Herrera, directora de la agencia internacional Transearch para los mercados de Venezuela y Colombia:

Si una compañía de afuera piensa en contratar a un venezolano, lo más seguro es porque le va a costar menos. En cada país hay perfiles tan buenos como los venezolanos. De repente se encuentran gente que no le importa irse a otro país en un nivel o dos niveles más bajos en su desarrollo de carrera.

Herrera, consultora con más de treinta años de experiencia en la contratación de altos ejecutivos en los sectores de consumo y ventas minoristas, manufactura, petróleo y minería, es escéptica con respecto al potencial de colocación con un buen salario de los profesionales venezolanos en plazas foráneas, en la medida en que continúe el deterioro tecnológico y educativo en Venezuela.

Brasil, Chile, Colombia y Perú se preparan para la entrada de la red de quinta generación celular (5G), mientras que en Venezuela la inversión en infraestructura tecnológica ha estado cayendo desde hace cuatro años. Aunque suele olvidarse, esto también implica que, por ejemplo, los ingenieros en telecomunicaciones venezolanos dejan de ser competitivos frente a sus pares brasileños, colombianos o chilenos, en especial si se considera que en esos países las grandes multinacionales brindan formación y oportunidades a los profesionales de este ramo para la entrada en funcionamiento en 2020 de esta tecnología celular.

Los perfiles tecnológicos, de todas maneras, están mejor posicionados en el creciente mercado del teletrabajo en Venezuela. Sea un administrador de bases de datos, un desarrollador de aplicaciones móviles o un programador web con perfil junior, todos pueden encontrar una plaza laboral con una remuneración en moneda dura en cuestión de horas, debido a que la demanda es muy alta. Como asegura Deomery Blanco, vicepresidenta de Outsourcing IT en la firma BekeSantos:

Los desarrolladores son el perfil que más nos cuesta encontrar. Hace tres o cuatro años porque migraban; ahora porque las empresas tienen que competir con ofertas en moneda fuerte que ofrecen una remuneración mucho más atractiva para quienes están aquí. Algunas empresas han tenido que empezar a captar estudiantes de los últimos semestre de la carrera para cubrir las plazas vacías.

La solución que encontraron en BekeSantos fue el servicio integral por horas: un experto en tecnología acude a una empresa unas horas a la semana para realizar mantenimiento preventivo y atender emergencias. Esta fórmula brinda la flexibilidad laboral que atrae a ingenieros y técnicos superiores.

Las divisiones tecnológicas de las empresas nacionales son las menos competitivas, dado que incluso los trabajadores en puestos técnicos comenzaron a buscar opciones para ampliar sus ingresos. Una muestra es Apetoi, el portal venezolano que ofrece técnicos en áreas como reparación de electrodomésticos, carpintería, construcción, plomería y sistemas de seguridad. Como explica su fundador, Armando Goncalves,

Trabajamos para introducir nuestro marketplace en Ciudad de México; allá también vamos a incluir técnicos en el área de carpintería. Podemos decir que la mano de obra en Venezuela es 65% más barata que en México. A nuestros técnicos los contratan cada vez más para reparaciones, porque el poder adquisitivo también cayó.

El daño del remate de los honorarios será grande para Venezuela, apuntó Luis Lauriño, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello.

Todas estas distorsiones terminan por hacer muy precario el trabajo. Ese know-how venezolano se está desviando por canales invisibles. Es una fuga de cerebros porque no participa de la economía formal y es un caldo de cultivo para que se desregule nuestro mercado laboral y se destruya más el aparato productivo.

Dos elementos que deben considerarse en una oferta laboral foránea

  1. Conocer la trayectoria de la empresa. Se recomienda investigar el historial de la empresa en relación con sus contratados. Los teletrabajadores de la comunicación, el diseño gráfico o la programación utilizan las plataformas digitales para denunciar estafas o retrasos en los pagos y eso puede ser muy útil antes de aceptar una oferta.
  2. Solicitar por adelantado una porción del pago. Los diseñadores gráficos con más experiencia suelen pedir la mitad de los honorarios al momento de la contratación, y la otra mitad cuando se entrega el trabajo. Esto también puede ser útil para los economistas o los sociólogos que trabajan en investigaciones digitales a distancia.

 


Margaret López, periodista / mjlopez60@gmail.com / @Jamsg