Finanzas familiares: la última frontera de la transparencia

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Ilustración: Pixabay.

Los padres deberían discutir con sus vástagos acerca de las realidades económicas del núcleo familiar. Educar es también enseñar a los hijos a manejar como adultos las restricciones del entorno. Un adulto «bien educado» es alguien «autosostenible», financieramente hablando.

Carlos Jaramillo / 4 de abril de 2019


 

La revista Barron’s dedicó el artículo central de su edición semanal a un tema incomodo: el impacto de los auxilios financieros a los hijos adultos en las finanzas personales de sus padres, sobre todo cuando los progenitores están a punto de retirarse o, efectivamente, lo han hecho.

Muchas veces los artículos sobre finanzas personales para el contexto estadounidense deben ser tomados «con un grano de sal», para aplicarlos a otras realidades nacionales. Pero en esta ocasión hay reflexiones que tienen carácter universal. Por ejemplo, en encuestas con adultos mayores para el artículo mencionado, el 75 por ciento de los entrevistados afirmó poner los intereses financieros de sus hijos por encima de los propios. En efecto, el ochenta por ciento de los padres reconoce ayudar regularmente a sus hijos a cubrir sus compromisos financieros y dedicar a tales menesteres alrededor de 500.000 millones de dólares al año (un poco más del doble de lo que aportan a sus fondos de jubilación).

En un mundo ideal, donde las comunicaciones interpersonales son fluidas, los hijos tendrían un claro entendimiento no solo del músculo financiero de sus mayores, sino también del volumen de compromisos que deben cubrir con los haberes acumulados durante su vida productiva. Lamentablemente, la opacidad predomina en estos temas y tal vez quien tenga tiempo para rectificar debería comenzar por discutir con sus vástagos sobre las realidades económicas del núcleo familiar, para que puedan construir expectativas realistas acerca de sus progenitores.

La transparencia financiera en el seno familiar es particularmente relevante en el caso de empresas familiares. Los consultores en el área encuentran, con mucha frecuencia, que los accionistas pasivos (los que no trabajan en el negocio) —generalmente, cónyuges, hijos y hermanos— ignoran los grandes temas financieros de las empresas de las que son copropietarios. En general, les cuesta entender que la gran mayoría de los activos empresariales no son líquidos y que toda solicitud económica, cubierta con recursos de la empresa, debe formar parte de la planificación financiera del negocio.

Los consejos familiares son espacios diseñados para que los conductores de los negocios tengan la oportunidad de compartir, con otros miembros del clan, información que les permita entender el desempeño de los activos, los planes de la empresa, las principales amenazas que enfrenta su sector de actividad y, en última instancia, el engranaje de toda esta información en una política de devolución de recursos a los accionistas vía dividendos y recompra de acciones.

Inversiones de gran magnitud, como vivienda y educación, deben ser tomadas muy en cuenta por cada individuo, desde mucho antes de formar parte del mercado laboral. En la gran mayoría de las grandes ciudades del mundo, los profesionales jóvenes no están en capacidad de comprar, y en algunos casos ni siquiera alquilar, viviendas. Ante los grandes desafíos del futuro, una de las pocas decisiones que está en las manos de cada uno es comenzar cuanto antes un plan de ahorro programado; y en el caso venezolano, en moneda dura, pese a todas las limitaciones identificables.

Las familias convencidas de que la educación es la gran transferencia de riqueza intergeneracional no deben olvidar que este tema abarca no solo la adquisición de competencias para la vida laboral, sino también enseñar a los hijos a manejar como adultos las restricciones del entorno. Un adulto «bien educado» es alguien «autosostenible», financieramente hablando.


Carlos Jaramillo, profesor del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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