La alimentación en la encrucijada de la covid-19

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Fotografía: Cáritas Venezuela.

La pandemia global se presenta en medio de una crisis humanitaria compleja, que ha perturbado los medios de vida, las cadenas de suministro de alimentos y el acceso a los alimentos y los servicios básicos, al tiempo, que incrementa la desnutrición en la población más vulnerable.

Maritza Landaeta-Jiménez / 27 de mayo de 2020


 

Según el «Reporte global sobre crisis alimentarias», 135 millones de personas de 55 países sufrían inseguridad alimentaria aguda en 2019 y, de estos, 18,5 millones se encontraban en América Latina y el Caribe. En estos países, 75 millones de niños sufrían retraso en el crecimiento (desnutrición crónica) y 17 millones padecieron emaciación (desnutrición aguda). Los principales factores que impulsaron esa situación fueron conflictos, cambio climático y turbulencias económicas (FSIN, 2020).

Venezuela se encuentra entre los cuatro países con mayor número de personas en situación de hambre, detrás de Yemen, República Democrática del Congo y Afganistán. El país entró en la categoría «emergencia» —con grandes brechas en consumo de alimentos, desnutrición y muerte— que requiere atención inmediata para evitar una catástrofe (FSIN, 2020).

La situación alimentaria y nutricional de Venezuela continúa en franco deterioro, en un contexto sociopolítico conflictivo que impide establecer acuerdos mínimos necesarios para hacer frente a los problemas; especialmente, los referidos a alimentación y nutrición. Esta situación se ha visto agravada por las medidas de confinamiento y distanciamiento social para tratar de contener la pandemia, que no han fortalecido los debilitados sistemas sanitario y alimentario, ni compensado la condición de vulnerabilidad social y económica de la población. Según el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA, 2020), la covid-19 podría duplicar el número de personas que enfrentan crisis alimentarias.

 

La alimentación

La disponibilidad y el acceso a los alimentos se han visto muy afectados, en especial para las familias cuyos ingresos provienen de actividades diarias. La pandemia consigue al sistema alimentario venezolano muy disminuido, debido a las políticas de expropiación, confiscación y controles del Estado, y la caída de las importaciones.

Según la Red Agroalimentaria de Venezuela (2020) la producción de carnes, cereales, azúcar, lácteos y grasas vegetales ha venido disminuyendo desde 2013. En 2019, la oferta de alimentos apenas cubría el 54 por ciento de las necesidades de calorías y el 52 por ciento de las de proteínas. La contracción del consumo tiene su origen en la dificultad para acceder a los alimentos que enfrentan las familias. En abril de 2020, el salario mínimo integral era 800.000 bolívares (4,5 dólares) y se requerían 77 salarios mínimos para cubrir los costos de la alimentación. Las hortalizas, verduras y frutas escasean debido a la falta de combustible; justamente, cuando se recomienda su consumo para fortalecer el sistema inmunológico.

 

Consumo de algunos productos básicos en Venezuela

(kilogramos por persona por año)

Fuente: Red Agroalimentaria de Venezuela (2020).

 

Los problemas de servicios y combustible han complicado la producción y la distribución de alimentos: se extiende la escasez. La inflación de abril fue 58 por ciento y el precio de los alimentos aumentó ochenta por ciento. Las familias gastan entre sesenta y ochenta por ciento de sus ingresos en alimentos, pero compran menos cantidad.

El patrón de alimentación y los hábitos alimentarios han cambiado. Las comidas que forman parte de la identidad cultural se han reducido a su mínima expresión. En la dieta prevalece «la economía energética»: se compran pocos alimentos (cinco a siete productos) que rindan sesenta a ochenta por ciento de las calorías. Calmar el hambre es la urgencia (Landaeta, Herrera, Ramírez y Vásquez, 2018).

La inseguridad alimentaria es otro problema en el país. La evaluación del Programa Mundial de Alimentos (PMA, 2019) en el segundo semestre de 2019 reveló que el 7,9 por ciento de la población (2,3 millones) está en inseguridad alimentaria severa; y un 24,4 por ciento adicional (siete millones) en inseguridad alimentaria moderada. Una de cada tres personas (9,3 millones) se encuentra en inseguridad alimentaria y necesita asistencia. Además, uno de cada cinco hogares (17,8 por ciento) tiene una ingesta nutricional inadecuada. El 74 por ciento de las familias ha utilizado estrategias de supervivencia: reducir el tamaño de la porción (sesenta por ciento), trabajar a cambio de comida (33 por ciento), vender bienes familiares (veinte por ciento) y gastar ahorros en comida (seis de cada diez familias). Este panorama sombrío de las familias para sobrevivir se agrava por la emergencia sobrevenida.

 

La desnutrición

Los venezolanos enfrentan un incremento de la desnutrición: una población emaciada que ha perdido hasta once kilos, anémica, con múltiples deficiencias de minerales y vitaminas, y enfermedades crónicas tales como obesidad, hipertensión y diabetes. En la población infantil se registran los mayores problemas nutricionales. En 2019, la desnutrición aguda (DA) se ubicó en seis por ciento en niños menores de cinco años, en 16 estados (Unicef Venezuela, 2019).

El seguimiento de Cáritas entre julio y septiembre de 2019, en parroquias de quince estados, reporta 12 por ciento de DA (Caritas Venezuela, 2019). La Fundación Bengoa en 2019, en preescolares de comunidades rurales del estado Anzoátegui, reportó 2,4 por ciento de DA y 19,7 por ciento de retraso de crecimiento; y en escolares de oriente y centro del país, 5,2 por ciento de DA y 7 por ciento de retraso en el crecimiento, que emerge como un grave problema de salud pública (Fundación Bengoa, 2019).

En los niños pequeños menores de dos años alarma el incremento de las formas clínicas severas de DA. En el Hospital de Niños en Caracas en 2019 se reporta DA severa en 16 por ciento de los niños, 12 por ciento marasmáticos y 4 por ciento edematosos (Kwashiorkor) (Soto de Sanabria, 2020). El Plan de Respuesta Humanitaria 2019 no ha sido suficiente para contener el deterioro nutricional, debido al hambre.

También preocupa la población escolar de los sectores más vulnerables, por el cierre de los programas de alimentación. Los impactos de la covid-19 pueden ser alarmantes en los grupos más vulnerables: niños, niñas, mujeres embarazadas, adultos mayores y, especialmente, trabajadores por cuenta propia. Además, la economía de las familias se ha visto afectada por la reducción de las remesas.

 

Las medidas

En Venezuela, la provisión de alimentos se concentra en los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), en los que el Estado ejerce un estricto control social. La entrega —diez kilogramos entre harina de maíz, arroz, pasta, granos, azúcar, aceite, sardina y atún ocasional—es mensual en Caracas; y en el interior, variable. En una familia de cinco miembros, si se prepararan las tres comidas con estos alimentos, cada persona consumiría 1.300 kilocalorías al día y alcanzaría para alimentarse solo cinco días. ¿Cómo se alimentan los demás días?

El gobierno, desde hace algún tiempo, mediante la «Plataforma Patria» hace transferencias selectivas, entre cinco y diez dólares mensuales. Además, la Cepal (2020) describe algunas medidas para enfrentar la pandemia tomadas por el gobierno venezolano:

  1. Firma de un acuerdo con la FAO para fortalecer la «visión integral de la seguridad alimentariaݟ, con un financiamiento de 3,6 millones de dólares para apoyar la producción, la compra de semillas, los programas de comidas escolares y del cambio climático.
  2. El Bono Disciplina y Solidaridad para los trabajadores de la economía informal, pero no hay información sobre los montos.
  3. Entrega de cajas de alimentos a los estudiantes de establecimientos educativos oficiales y a las familias más vulnerables.

Durante la pandemia se destaca el trabajo de los comedores comunitarios en zonas populares, gestionados por organizaciones de la sociedad civil y distintas iniciativas privadas. En estos comedores muchas personas reciben su única comida del día. En estas zonas, la caída del ingreso es una verdadera tragedia: las personas enfrentan la disyuntiva de trabajar para no morir de hambre o correr el riesgo de enfermar o morir por la covid-19. En este tema es urgente, repensar lo más conveniente para todos.

El PMA (2020) prevé que la pandemia aumentará la inseguridad alimentaria aguda a más de 250 millones para finales de 2020, y podría casi duplicar el número de personas que padecen hambre aguda en el mundo. Arif Husain, economista jefe del PMA, dijo que «la covid-19 es potencialmente catastrófica para millones de personas cuyas vidas ya penden de un hilo… Debemos actuar colectivamente ahora para mitigar el impacto de esta catástrofe mundial».

 

Referencias

  • Cáritas Venezuela (2019): «Monitoreo centinela de la desnutrición infantil y la seguridad alimentaria familiar. Julio-septiembre 2019-Venezuela». http://caritasvenezuela.org/wp-content/uploads/2020/01/Bolet%C3%ADn-XII-Jul-Sep-2019_compressed.pdf.
  • Cepal (2020): «El desafío social en tiempos del COVID-19». Informe especial COVID-19 No. 3. Comisión Económica para América Latina y el Caribe https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45527/5/S2000325_es.pdf
  • FSIN (2020): «Global report on food crises 2020». Food Security Information Network. https://www.fsinplatform.org/sites/default/files/resources/files/GRFC_2020_ONLINE_200420_FINAL.pdf.
  • Fundación Bengoa. (2019). «Vigilancia del estado nutricional en instituciones educativas. Venezuela». Caracas: Fundación Bengoa.
  • Landaeta, M., Herrera, M., Ramírez, G. y Vásquez, M. (2018): «Las precarias condiciones de alimentación de los venezolanos». En A. Freitas (coord.): Espejo de la crisis humanitaria venezolana: Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2017 (pp. 152-173). Caracas: Universidad Católica Andrés Bello. Colección Visión.
  • PMA (2019): «Venezuela-Evaluación de seguridad alimentaria». Programa Mundial de Alimentos. https://reliefweb.int/sites/reliefweb.int/files/resources/WFP_VEN_FSA_Main por ciento20Findings_2020_espanol_final.pdf
  • PMA (2020): «La COVID-19 duplicaría el número de personas que hacen frente a crisis alimentarias si no se actúa con rapidez». Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. https://es.wfp.org/noticias/covid-19-duplicara-numero-personas-hambre-si-no-se-actua.
  • Red Agroalimentaria de Venezuela (2020): «La situación agroalimentaria venezolana y sus salidas». http://redagroalimentaria.website/Proyecto/El por ciento20Proyectot.html#El_Proyecto
  • Soto de Sanabria, I. (2020): «Estadísticas del Servicio de Crecimiento y Nutrición 2019». Caracas: Hospital José Manuel de los Ríos.
  • Unicef Venezuela (2019): «Informe de la situación humanitaria. Noviembre 2019». https://www.unicef.org/venezuela/media/2896/file/UNICEF-Venezuela-Situation-Report-November-2019-Spanish-version%20.pdf

Maritza Landaeta-Jiménez, directora de Investigación de la Fundación Bengoa. Miembro del Observatorio Venezolano de la Salud, integrante de Acuerdo Social, asociación civil dedicada a la elaboración de propuestas de políticas públicas para Venezuela (acuerdosocialvenezuela@gmail.com).