La cuenta pendiente de la esclavitud moderna

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Fotografía: Pixabay.

La esclavitud, esa figura vergonzosa de la historia de la humanidad fruto de la opresión del débil por el fuerte, no ha desaparecido. Hoy la trata de personas mueve casi tanto dinero como el tráfico de drogas y armas. Es necesario un mayor esfuerzo de todos los gobiernos para enfrentarla.

María Gabriela Mata Carnevali / 4 de septiembre de 2019


 

La esclavitud no está abolida, está a la orden del día.

Papa Francisco

 

El 23 de agosto se conmemora el aniversario de la insurrección, en 1791, de los hombres y mujeres sometidos a la esclavitud en la isla La Española (Haití). Esta revuelta comporta una reivindicación universal de libertad, que va más allá de cualquier límite de tiempo y espacio, pues donde existe la opresión se niega la dignidad humana. El efecto expansivo de la revuelta de 1791 ha marcado el curso de las luchas de liberación de los pueblos y los movimientos de defensa de los derechos humanos y civiles desde hace más de 200 años, y hoy sirve de inspiración para afrontar la lucha contra la esclavitud moderna y la trata de personas.

La Walk Free Foundation (WFF) en Australia define la esclavitud como una «situación de explotación a la que una persona no puede negarse debido a amenazas, violencia, coerción, abuso de poder o engaño» (BBC, 2016). En su informe de 2018 señala que hay más de cuarenta millones de personas esclavizadas: más que toda la población de Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca juntas (WFF, 2019).

Las formas modernas de esclavitud son numerosas y comprenden desde el trabajo en régimen de servidumbre hasta el matrimonio forzado, el uso de niños como soldados y las víctimas de la trata de personas, crimen este último que mueve «casi tanto dinero como el comercio de drogas y armas». En 2015 el Servicio Jesuita a Migrantes España estimaba los beneficios conjuntos de la trata de seres humanos y el tráfico de migrantes en 39.000 millones de dólares al año (SJME, 2015: 3). Aunque resulta difícil reunir datos estadísticos, los expertos calculan que la explotación sexual es, de lejos, el fin más frecuente de la trata (59 por ciento), lo cual hace que mujeres y niñas representen 75 por ciento de las víctimas (UNODC, 2018).

Ningún país del mundo se libra de este cruento negocio. Ahora bien, según el último informe de las Naciones Unidas al respecto (UNODC, 2018), las circunstancias creadas o exacerbadas por los conflictos armados o las crisis humanitarias, tales como el desplazamiento, el débil Estado de derecho, las adversidades socioeconómicas, la fragmentación social y la ruptura de las familias, incrementan la vulnerabilidad de las personas frente a la trata. De allí que no resulte tan raro ver a Venezuela en el primer lugar de prevalencia de este delito en Latinoamérica (EFE, 2018).

Abundan los titulares de prensa sobre jóvenes migrantes venezolanas cuyos sueños terminaron en pesadilla: «Seducidas por propuestas falsas de viajes gratuitos y trabajo bien pago como camareras, bailarinas o cocineras en zonas mineras, pueden verse forzadas a ingresar en el mundo de la prostitución y ser obligadas a trabajar de ese modo para pagar sus deudas» (Moloney, 2019).

Los líderes del mundo no olvidaron este punto cuando, en 2015, acordaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030. El ODS 8.7 llama a todos los gobiernos a tomar medidas inmediatas y efectivas para terminar con la esclavitud moderna en todas sus formas, incluida la trata. Sin embargo, como constata la WFF (2019), 47 países aún no han reconocido el tráfico de personas como un crimen de acuerdo con los estándares internacionales.

Es necesario redoblar los esfuerzos para poner fin a la esclavitud que oprime a tantos en todo el mundo. Las personas que han sido objeto de trata a través de una frontera internacional, en tránsito o en destino, pueden necesitar protección internacional como refugiadas sobre la base de su experiencia. Por lo tanto, es fundamental garantizar la protección contra su devolución y el acceso a los procedimientos para la determinación de la condición de refugiado.

 

Referencias

  • BBC (2016): «5 ejemplos de lo que es la esclavitud moderna». BBC Mundo, 2 de junio. https://www.bbc.com/mundo/internacional/2016/06/160601_esclavitud_moderna_global_men
  • EFE (2018): «Venezuela es el país con más esclavitud moderna de Latinoamérica». Agencia EFE, 19 de julio. https://www.efe.com/efe/america/sociedad/venezuela-es-el-pais-con-mas-esclavitud-moderna-de-latinoamerica/20000013-3696213
  • Moloney, A. (2019): «Mujeres y menores migrantes de Venezuela caen en la trampa de la trata de personas en Perú». Reuters, 14 de marzo. https://lta.reuters.com/articulo/peru-trafico-venezuela-idLTAKCN1QV1GV-OUSLT
  • SJME (2015): La trata de seres humanos: el negocio del comercio con personas. Madrid: Servicio Jesuita a Migrantes España. https://sjme.org/wp-content/uploads/2017/11/trata_2015.pdf
  • UNODC (2018): Global report on trafficking in persons 2018. Viena: United Nations Office on Drugs and Crime. https://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/glotip/2018/GLOTiP_2018_BOOK_web_small.pdf
  • WFF (2019): «Global slavery index: Foreword». Walk Free Foundation. https://www.globalslaveryindex.org/2019/findings/foreword/

María Gabriela Mata Carnevali, profesora de la Universidad Central de Venezuela.