La diversificación internacional de carteras de inversión: otra mirada

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Imagen de mohamed Hassan en Pixabay

En un contexto de sincronización entre las economías nacionales pareciera que la diversificación internacional de carteras de inversión en acciones tiene poco que ofrecer. Pero como el futuro es incierto, sigue siendo una póliza de seguro contra la caída de naciones que hoy ejercen el liderazgo económico.

Carlos Jaramillo / 17 de marzo de 2022


 

En 1974, el profesor Bruno Solnik publicó en la revista Financial Analysts Journal un artículo titulado «¿Por qué no diversificar internacionalmente en vez de nacionalmente?», que era una extensión del trabajo de Harry Markovitz de 1952, en el que mostraba cómo la incorporación de títulos accionarios de un segundo país mejoraba sustancialmente la relación riesgo-retorno de la cartera de un inversionista nacional.

Durante años el trabajo de Solnik ha sido utilizado por los bancos de inversión para impulsar la venta de productos de renta variable que intentan explotar simultáneamente los grandes retornos esperados en ambientes nacionales inciertos y la baja vinculación del desempeño de estas economías con el de los países desarrollados. De hecho, quienes viven en el Tercer Mundo encuentran en esta propuesta una clara justificación para la expatriación de parte de su patrimonio.

Pero la propuesta de Solnik fue desarrollada en un panorama internacional de inversión muy diferente del actual. Los procesos de procura y producción tendían a realizarse en ámbitos nacionales, y el contagio de los problemas de una economía nacional con el resto del mundo era relativamente limitado.

La información económica de las últimas tres décadas sugiere que ese «aislamiento nacional» dejó hace mucho rato de ser cierto. Los profesores Elroy Dimson, Paul Marsh y Mike Staunton de la London Business School (LBS) plantearon una pregunta muy pertinente en estos tiempos de incertidumbre: ¿cómo funciona la diversificación internacional propuesta por Solnik en tiempos de crisis?

Una respuesta detallada a esta pregunta se encuentra en la edición de 2022 del Credit Suisse’s Global Investment Returns Yearbook, que se puede obtener gratuitamente en la página de internet de la institución suiza. Para quienes no quieran esperar, a continuación una respuesta corta.

Los profesores de la LBS encontraron que entre 1946 y 1971 la correlación promedio entre Alemania, Francia, Estados Unidos y el Reino Unido fue del orden de 0,11, que puede calificarse de discreta. Pero aumentó entre 2001 y 2021, lo que significa que estos mercados se mueven en la misma dirección casi todo el tiempo.

Gracias a la propuesta de Solnik, los fondos de pensiones estadounidenses incrementaron la fracción de títulos accionarios extranjeros de uno por ciento en 1980 a 18 por ciento en 2019. Lamentablemente, tal diversificación no produjo los resultados esperados. Una cartera accionaria invertida en un ciento por ciento en Estados Unidos superaba en 1,9 por ciento de retorno anual a una homóloga compuesta exclusivamente de acciones no estadounidenses entre 1974 y 2021. Esta diferencia se hace más notoria a partir de 1990, cuando alcanza 4,6 por ciento anual.

No deben sacarse conclusiones apresuradas sobre los beneficios de la diversificación internacional. Las grandes empresas estadounidenses de oferta pública son, realmente, carteras de negocios con gran exposición a activos localizados fuera de Estados Unidos. Por ello, sin proponérselo, los inversionistas estadounidenses están de facto diversificados internacionalmente al comprar acciones de su país.

No es de descartar que las grandes correlaciones entre las acciones estadounidenses y sus homólogas de otros mercados puedan revertirse posteriormente. Tampoco es seguro que se mantengan las condiciones económicas que han producido el mejor desempeño mostrado por el mercado accionario estadounidense con respecto al del resto del mundo.

Las empresas estadounidenses han sido las grandes beneficiarias de un proceso de globalización que pudiera estar revirtiéndose. Por ello, la diversificación accionaria internacional podría seguir actuando como una póliza de seguros contra un eventual deterioro de la economía estadounidense en las próximas décadas.

No hay que descartar los postulados de Solnik ni olvidar la evolución de las correlaciones entre los diversos mercados nacionales. No es la primera vez, en la historia de las naciones, que las economías, en lugar de moverse al unísono se desincronizan, y en esos períodos diversificar internacionalmente paga.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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