La FED y su nueva arma

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Fotografía: Jakub Krechowicz / Stockvault

La FED podría contrarrestar un repunte de la inflación con un arma que hasta ahora no ha necesitado desenfundar: el control de la curva de rendimiento, que puede lograr si compra grandes cantidades de bonos del Tesoro con vencimiento de largo plazo.

Carlos Jaramillo  / 11 de abril de 2020


 

Hasta ahora la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) ha usado buena parte de sus herramientas de intervención: disminuir la tasa de redescuento, activar programas de recompra de títulos valores para inyectar liquidez a instituciones financieras y aprobar líneas de crédito a bancos centrales amigos para garantizar el flujo de dólares a la economía mundial. Estas medidas le llevarán a expandir su balance: de 4,2 billones de dólares en 2019 a 7,2 billones de dólares al final de 2020.

Para poner estos montos en perspectiva, el balance de la FED crecerá en 2020 más de lo que creció durante la década pasada, la siguiente a la Gran Crisis Financiera Internacional. Muchos se preguntan si la gran inyección de recursos que ocurrirá en los países del G-20 en los próximos meses para enfrentar la pandemia del Covid-19 no liberará al monstruo de la inflación en los próximos años. Si este es el caso, ¿qué puede esperarse de la FED?

Sus posibles acciones dependerán de cómo se financie el estímulo fiscal aprobado por el Congreso de Estados Unidos y el gobierno de Trump. En un principio, el Departamento del Tesoro emitirá papeles de corto plazo que comprará la FED, y posteriormente venderá títulos de más largo plazo que terminarán en poder del público. La FED puede comprar carteras de treasuries en poder de los inversionistas privados, si la demanda de liquidez así lo requiriese.

La flexibilidad que tiene la FED para expandir su balance con la compra de treasuries, tanto al público como al ente emisor, debería evitar un alza de las tasas de interés de largo plazo. Los estímulos monetarios y fiscales pueden ser más efectivos si las tasas de interés de largo plazo se mantienen bajas, y para ello la FED cuenta con una herramienta que hasta ahora no ha usado: el control de la curva de rendimiento.

Países como Australia y Japón han implantado este mecanismo de control, fijando el rendimiento en un punto específico de la curva. El Banco Central de Australia, por ejemplo, se compromete a fijar en 0,25 por ciento el rendimiento del papel soberano con vencimiento a tres años. Ese compromiso se ve reflejado en su disposición a comprar todos los títulos soberanos de ese plazo que los actores del mercado ofrezcan. Mientras más largo sea el plazo de vencimiento del título usado como ancla, mayor será el impacto sobre el rendimiento del mercado de bonos, pues todos los papeles con vencimiento anterior al del título de referencia verán sus retornos afectados.

Los técnicos de la FED tienen diez años estudiando el mecanismo de control de la curva de rendimiento. Pero es posible que todavía no haya llegado el momento de su aplicación. El bajo precio del petróleo y el hecho de que la inyección de liquidez en manos del público y las empresas para amortiguar el impacto económico del Covid-19 sea un evento de corta duración, hacen pensar que un repunte inflacionario no se vislumbra en el horizonte. Pero, de ocurrir, la FED no dudaría en probar su nueva arma.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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