Las elecciones estadounidenses ya están aquí

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Ilustración: Kai Kalhh / Pixabay.

Uno de los temas electorales en Estados Unidos es elegir un modelo de crecimiento sostenible de largo plazo suficientemente sólido para enfrentar al capitalismo de Estado chino. Una de las propuestas es optar por un capitalismo que se ocupe más de la innovación y del fortalecimiento de las capacidades de los trabajadores.

Carlos Jaramillo / 4 de julio de 2019


 

Aunque falta año y medio para las elecciones presidenciales de noviembre de 2020, los mercados financieros estadounidenses empiezan a sentir su efecto. Los demócratas no han escogido a quien los representará en la contienda electoral, pero ya los precandidatos intentan evitar que Donald Trump, el candidato más probable de los republicanos, les tome la delantera y se apropie de los más jugosos temas electorales.

El primero esos temas es vender un modelo de crecimiento sostenible de largo plazo para el país, que sea suficientemente sólido para enfrentar al capitalismo de Estado chino, cuyos lineamientos se recogen claramente en el plan «Made in China 2025», que presenta un Estado dispuesto a financiar los sectores con mayor potencial de innovación. Su propósito es crear valor no solo para los propietarios de las empresas sino también para los empleados, mediante la formación de una fuerza laboral más educada, más competitiva internacionalmente y, en consecuencia, mejor remunerada.

Para la precandidata demócrata Elizabeth Warren el capitalismo estadounidense —que se apoya en una clase empresarial centrada en sí misma, que se endeuda mucho para recomprar acciones y adquirir las empresas de sus competidores— debe ser sustituido por un capitalismo que se ocupe más de la innovación y del fortalecimiento de las capacidades del sector laboral. Para Warren el modelo capitalista alemán, que promueve la cogestión empresarial entre patronos y obreros, es un buen modelo.

En esta nueva visión capitalista el Estado debería financiar la investigación básica que usarían las empresas del país, dentro del país, para crear trabajos bien remunerados para empleados estadounidenses. Esta visión es compartida por otros precandidatos demócratas e incluso por el republicano Marco Rubio. Una ola nacionalista, de la que el presidente Trump es un claro representante, pone en peligro las aspiraciones de políticos que en el pasado reciente han apoyado agendas que beneficiaron acuerdos comerciales con China o México, como el exvicepresidente Joe Biden.

Empresas que cumplan la descripción de «egoístas» u «oportunistas» en el uso del apalancamiento financiero, el aprovechamiento de los beneficios fiscales, la extracción de subsidios estatales o el uso de poder «monopólico» para fijar precios exagerados, tal como son percibidas las grandes empresas tecnológicas, los bancos, los proveedores privados de servicios de salud y las farmacéuticas, se verán envueltas en la contienda electoral cuando, además de los candidatos presidenciales, los congresistas en busca de electores ofrezcan enfrentarlas como parte de sus agendas.

Las empresas tecnológicas Alphabet, Amazon, Facebook y Apple sufrieron en conjunto una caída del orden de 130.000 millones de dólares en su capitalización de mercado el pasado lunes 10 de junio de 2019, debido a los primeros anuncios de que podrían ser investigadas por comportamientos monopólicos y por el uso inapropiado de la información que recolectan de sus clientes.

La contienda electoral estadounidense llegó más temprano que nunca a los mercados financieros internacionales. Quedan dos preguntas para próximas entregas: ¿cuál será el impacto neto de la campaña en los precios de los títulos financieros? ¿Qué hará la Reserva Federal frente a estos nuevos vientos de cambio?


 

Carlos Jaramillo, director académico del IESA.