Lecciones de la inversión en valor

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Ilustración: Mohamed Hassan / Pixabay.

Un inversionista puede sentirse inseguro sobre cómo gestionar su cartera tras la caída del mercado y su posterior repunte en la primera mitad de 2020. El apetito por el riesgo está en su apogeo; pero el futuro podría ser incierto, debido a los riesgos que se derivan de la pandemia.

José Miguel Farías / 17 de octubre de 2020


 

Lo vivido en 2020 obliga a estar siempre preparados para lo inesperado. Sin dejar que domine su pensamiento, cada persona debería tener siempre presente esta idea. Por ejemplo, el índice S&P 500 cayó aproximadamente 35 por ciento entre febrero y marzo: el descenso más rápido que se haya registrado. Aunque este tipo de declives ha sido raro históricamente, es importante aprender una buena lección: es bueno prepararse para soportar la tormenta de los cien años, porque puede suceder.

En el entorno actual cualquier empresa que tenga perspectivas cuestionables y un balance general débil puede verse en problemas cuando el futuro revele las distorsiones económicas que están inherentemente presentes. Es fácil olvidar estas distorsiones cuando la euforia está a la orden del día y los estándares de préstamo son laxos.

Cualquier empresa que dependa de «la amabilidad de los extraños» puede encontrarse rápidamente en una posición precaria cuando la marea baje. Por esa razón, la lección es invertir en empresas que puedan soportar cualquier agitación, sin que la ayuda del gobierno o la Reserva Federal sea el único factor que las mantenga en pie.

 

Las acciones que crecen no son siempre la mejor opción

Hay una gran diferencia entre el negocio que crece y requiere mucho capital para hacerlo, y el negocio que crece sin requerir capital. Generalmente, los analistas financieros no dan el peso adecuado a esta diferencia; de hecho, es sorprendente la poca atención que se le presta.

Las compañías que crecen pero que consumen mucho capital pueden captar muchos titulares, pero no crean riqueza hasta que maduran. Parecerá difícil de concebir, pero el aumento del precio de la acción no cuenta como creación de valor para el accionista, si no es sustentado y sostenible en el tiempo. Muchas empresas cuyo crecimiento dependen de préstamos o emisiones de acciones para mantener las luces encendidas no cumplen este criterio.

Algo que parece inaudito en estos momentos de euforia es recordar que una empresa puede ser una buena inversión sin ser una acción en aumento. Al mismo tiempo, las empresas no siempre tienen que estar persiguiendo el crecimiento. Si una empresa hace algo bien y gana un atractivo retorno por ese bien o servicio, no debería arriesgarse a perder clientes o a sobreexcederse por perseguir nuevos mercados.

 

El peligro de ceder a la euforia

Para los inversionistas concentrados en el valor de las empresas, un mercado sobrevalorado crea una situación difícil: hay menos acciones que comprar y, al mismo tiempo, los movimientos alcistas dificultan la venta en corto de las sobrevaloradas. El miedo a perderse la fiesta puede también crear un poderoso incentivo para lanzarse al huracán y dejarse llevar por el frenesí de la compra.

La lección es mantener la cabeza nivelada y no dejarse llevar por el exceso. Eso no te protegerá del dolor a corto plazo, cuando los mercados se muevan en tu contra, pero te protegerá de la ruina financiera y te permitirá actuar racionalmente cuando los demás hagan lo contrario. Como inversionista a largo plazo, eso es todo lo que puedes pedir razonablemente.

 

¿Está muerta la inversión en valor?

En estos momentos podría ser buena idea poner en práctica una estrategia basada en los principios de la inversión en valor. Su foco en los fundamentos de los negocios y su insistencia en la obtención de un margen de seguridad podrían ayudar a navegar por las inciertas perspectivas del mercado actual. Asimismo, entender que se desconoce el futuro es una afirmación simple, pero importante. A los inversionistas les va mejor cuando la gestión del riesgo es una parte consciente del proceso.

Los inversionistas en valor no buscan acciones que parezcan baratas desde el punto de vista estadístico o contable, sino que estén realmente infravaloradas; es decir, que coticen con un descuento significativo frente a su valor intrínseco. Indudablemente ha habido cambios en la industria en los últimos años y los inversionistas en valor se han adaptado a ese cambio.

Antes los inversionistas estaban más cerca de la estrategia de inversión de valor profundo. El enfoque más reciente consiste en comprar empresas que encajarían más en la categoría de inversión en valor de calidad excelente. Esto refuerza la idea de que la inversión en valor puede adoptar diferentes formas, pero siempre se apoyará en una serie de principios fundamentales que permanecerán inalterados en el tiempo.


José Miguel Farías, gestor de fondos de Arca Asset Management y gerente de Mercado de MasValor Casa de Bolsa, S.A. Twitter: @Jmfariasu