Lecciones de los fondos de pensiones

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Fotografía: Pexels.

Tres lecciones pueden extraer los inversionistas individuales del desempeño de los fondos de pensiones estadales estadounidenses: ser conservadores al prever los retornos del mercado accionario, ser constantes en el esfuerzo de ahorro y aceptar las fluctuaciones de precios de los activos.

Carlos Jaramillo / 14 de noviembre de 2018


Los inversionistas necesitan referentes que les permitan determinar cuán adecuadas son sus carteras de inversión para lograr las metas que se propongan. Estos referentes —carteras emblemáticas— deben ser fondos que hagan públicas no solo sus estrategias de inversión sino también los tipos de activos en los cuales invierten, sus rendimientos históricos y las posibles desviaciones entre metas propuestas y logros.

Entre estas carteras emblemáticas, denominadas en dólares, se destacan los fondos de pensiones de los empleados públicos de los gobiernos estadales de Estados Unidos. El Pew Research Center, organización sin fines de lucro que estudia tendencias en ciencias sociales, publicó un extenso estudio titulado «La brecha de los fondos estadales de pensiones: 2016», que proporciona abundante información sobre el desempeño de estos fondos.

La brecha entre activos acumulados y potenciales desembolsos del sistema estadal de pensiones era, según el informe del Pew, 1,4 billones de dólares para finales de 2016, por lo que solo el 65 por ciento de las obligaciones se podía cubrir con los recursos en poder de los fondos de retiro. Cuando se indagan las causas de tal déficit aparecen contribuciones insuficientes de empleadores y empleados para cubrir las promesas de los planes de retiro, y un excesivo optimismo en la previsión de los retornos que debían ofrecer los títulos financieros.

Los cálculos actuariales de estos fondos requerían que los títulos rentaran en promedio 7,5 por ciento. La realidad es que escasamente produjeron 6 por ciento. Esa diferencia de 150 puntos básicos (uno por ciento equivale a cien puntos básicos) mantenida en el tiempo fue la principal causa del déficit.

Para evitar que la brecha entre activos acumulados y obligaciones con los pensionados se amplíe aún  más, el informe del Pew recomienda sincerar la situación. En términos concretos, esto implica que se realicen aportes cónsonos con las obligaciones adquiridas. Pero como estos aportes están muy vinculados con previsiones de retornos, lo prudente es trabajar con cálculos de rendimientos congruentes con las actuales tasas de interés y el potencial retorno del mercado accionario estadounidense.

Hace veinte años para mantener un retorno promedio de 7,5 por ciento era necesario producir cien puntos básicos por encima del rendimiento de un bono del Tesoro a treinta años. Hoy, para el mismo retorno, se necesitaría generar 400 puntos básicos adicionales. El logro de ese rendimiento requiere mantener una gran proporción de activos en acciones de compañías, tanto de oferta pública como de capital privado, en inmuebles y en materias primas. Se calcula que apenas el treinta por ciento de los activos de los fondos de retiro estadales se coloca en instrumentos de renta fija de bajo riesgo.

El informe sugiere que los cálculos actuariales usen una tasa de rendimiento de activos de 6,5 por ciento anual para los próximos diez años, y consideren una tasa de retorno de 5 por ciento para el muy largo plazo (horizontes de veinte o más años). Por supuesto, al invertir en activos más riesgosos, la volatilidad interanual de los rendimientos de esos fondos se agudiza; por ejemplo, en el período 2011-2016, su rentabilidad anual osciló entre 1 y 19 por ciento. El peligro es que, como en años de alta rentabilidad la brecha entre activos y obligaciones se reduce, los empleadores dejen de hacer la cantidad adecuada de aportes porque apuesten a que el déficit sea cubierto por un alza extraordinaria del mercado accionario, los inmuebles o las materias primas.

¿Cuáles lecciones pueden extraer los inversionistas individuales del desempeño de los fondos de pensiones estadales estadounidenses? Primero, deben ser conservadores al prever los retornos del mercado accionario estadounidense y las tasas de interés. Segundo, el esfuerzo de ahorro debe ser constante en el tiempo; pues, en un mundo de precios volátiles, una racha de bajos retornos puede ser parcialmente compensada por un ahorro sistemático. Tercero, la volatilidad ha venido para quedarse y por lo tanto hay que aprender a gestionar las carteras y aceptar las frecuentes fluctuaciones de precios de los activos como acontecimientos cotidianos e ineludibles.


Carlos Jaramillo, profesor del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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