Lo que está en juego en Hong Kong

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Fotografía: Joseph Chan / Unsplash

China necesita un sistema financiero cónsono con su papel de segunda economía del mundo. En la búsqueda de ese objetivo, Hong Kong es una pieza clave.

Carlos Jaramillo / 22 de agosto de 2019


 

Hong Kong no solo es sede de un mercado financiero de clase mundial, que ha servido durante años como puerto de entrada a millones de inversionistas que aspiran a participar accionariamente en China continental y otros países de Asia. También ha funcionado como refugio temporal para capitales nacionales que buscan protección cuando se producen purgas dentro de la compleja red de relaciones del Partido Comunista Chino (PCCh).

Ese régimen dual —que les fue garantizado a los hongkoneses cuando los ingleses se retiraron en 1997, y que fue muy conveniente en un principio, pues permitía mantener en operaciones una economía pujante de la cual China continental también se beneficiaba— se ha vuelto la piedra en el zapato del PCCh. El partido no puede darse el lujo de tener un foco disidente, en un momento histórico en el cual necesita impulsar el desarrollo económico sin perder su férreo control de la sociedad.

Para quienes quieren conocer la promesa del PCCh a sus connacionales la mejor fuente se encuentra en los dos objetivos de su centenario que se celebrará en 2021: «El primer objetivo, que se encuentra dentro del plan de los próximos cinco años, tiene como fundamento construir una sociedad china moderadamente próspera, mientras que el segundo aspira a que China sea un país socialista fuerte, democrático, civilizado, armonioso y moderno».

Lo último que necesita el PCCh en estos momentos es dar señales de debilidad. En octubre de 2019 se celebrará el septuagésimo aniversario de la República Popular China, que será un evento de fundamental importancia en la carrera política del presidente Xi, pues en él debe mostrar no solo la fortaleza de su liderazgo sino también hacia dónde pretende dirigir el país en la próxima década.

El aniversario podría verse empañado por la guerra arancelaria con Estados Unidos, las elecciones en el disidente Taiwán de enero de 2020 que podrían ganarla grupos opuestos a su unificación con China y el aumento de presiones dentro de Estados Unidos para que el Congreso promulgue una ley (cuya propuesta está ya en circulación) sobre democracia y derechos humanos en Hong Kong.

A muy corto plazo el gobierno chino necesita bajar la intensidad de las protestas y cualquier método que use es malo. Por la vía de la fuerza, el descrédito internacional será enorme. Pero por la del desgate perderá el respeto de la disidencia interna y causará un enorme daño a Hong Kong como centro financiero, porque se pone en tela de juicio la idoneidad de su clima de negocios. Singapur, y en particular su sector inmobiliario, será el beneficiario a corto y mediano plazo, por la llegada de capitales que buscan refugio o una nueva base de operaciones en Asia.

Los actores en conflicto tienen poco espacio para la negociación y la convivencia. El acorazado que conduce el presidente Xi no tiene la menor intención de frenar, aunque se lleve las instalaciones del muelle por delante. Los disidentes y los enemigos de la hegemonía china trabajarán en conjunto para detenerlo.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.