Los chinos ganarán la partida de la transición energética

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China será la ganadora de la transición energética del petróleo hacia las energías limpias: los chinos se encuentran en una posición privilegiada para sacar provecho de las nuevas tecnologías. Es la conclusión del nuevo libro de Daniel Yergin, una autoridad mundial en petróleo.

Carlos Jaramillo / 24 de septiembre de 2020


 

El pasado 15 de septiembre salió a la venta el nuevo libro de Daniel Yergin, una autoridad mundial en el tema petrolero: The new map: energy, climate and the clash of nations (El nuevo mapa: energía, clima y el choque de las naciones). Yergin analiza los cambios en las relaciones de poder entre los grandes productores y consumidores de petróleo en un contexto de transformación de los modelos de negocio del sector energético acelerada por el calentamiento global.

Tal vez el contenido más novedoso de este nuevo libro de Yergin radica en mostrar cómo la transición energética de los combustibles fósiles hacia energías alternativas será más dolorosa para quienes no puedan capitalizar las oportunidades creadas por las nuevas tecnologías.

Para ilustrar su argumento analiza la posición de China en este nuevo orden político-económico. El gigante asiático es el quinto productor mundial de petróleo; sin embargo, importa 75 por ciento de sus requerimientos energéticos, lo que le da el dudoso honor de ser el principal importador de energía del mundo.

La frágil posición de los chinos se complica porque por el estrecho de Malaca pasan todos los buques petroleros que suministran crudo al país por la ruta del Mar del Sur de China. Si ese estrecho quedase bloqueado en un conflicto bélico, su impacto sobre la economía nacional sería inconmensurable.

Como los chinos no pueden cambiar la geografía, han apostado algunas fichas a estrategias que reducen el consumo de combustibles fósiles. De allí el espaldarazo a los vehículos eléctricos, que disminuyen la dependencia del crudo importado y son menos contaminantes. China posee cerca de la mitad de los vehículos eléctricos del mundo, ochenta por ciento de la capacidad de manufactura de baterías de litios (las usadas por los vehículos eléctricos) y setenta por ciento de la producción mundial de paneles solares.

Adicionalmente, adoptar esta tecnología les permite alcanzar una importante tajada del mercado vehicular, una meta que jamás hubiesen podido lograr con autos de gasolina, producidos por competidores más eficientes que los chinos.

En contraste, Rusia y Arabia Saudita obtienen cincuenta y setenta por ciento de su presupuesto público, respectivamente, de su industria petrolera, y aunque ambas naciones han intentado diversificar sus economías y reducir su dependencia de la venta del crudo, están aún lejos de lograrlo. El problema de fondo para ambos países es que diversificar los ingresos demanda inversiones que solo las pueden financiar empresas que no producirán suficientes flujos de efectivo para aportar al fisco y, simultáneamente, costear la transformación del modelo económico del país.

Yergin sostiene que la transición energética será un proceso lento: el sector energético es un complejo sistema que factura actualmente 87 billones (trillions) de dólares anuales, 84 por ciento de ellos a partir de combustibles fósiles.

Los países desarrollados tendrán la oportunidad de aprovechar la transición energética con la tecnología de punta que producen para crear nuevas fuentes de energía no contaminantes. Para alcanzar el estándar de cero emisión de carbono en el año 2050 será necesario hacer importantes inversiones en sectores de ciencias básicas (física, auímica y ciencias de los materiales), así como en combustión de hidrógeno, digitalización, inteligencia artificial y robótica, por decir lo menos.

La existencia de un sector privado con gran capacidad financiera y dispuesto a asumir riesgos en la producción de nuevas fuentes de energía definirá en qué bando se ubicará cada país durante la transición energética. Como en todos los cambios económicos, habrá vencedores y vencidos.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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