Los fondos de cobertura en un nuevo contexto

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Fotografía: Pixabay.

Los fondos de cobertura, que son los inversionistas activos por excelencia, han sufrido grandes embates desde 2009. Además de tener que cumplir nuevos requisitos regulatorios luego de la crisis financiera de la década pasada, la base de su fuente de ingresos ha sido bastante cuestionada.

Carlos Jaramillo / 31 de enero de 2019


 

En períodos en los que se observa una alta correlación entre títulos financieros, especialmente acciones en mercados al alza, los inversionistas que optan por estrategias pasivas —comprar un fondo que replica un índice bursátil— tienden a obtener retornos muy similares a los de inversionistas profesionales pero con costos sustancialmente menores. Esto es, en buena medida, lo que ha sucedido en Estados Unidos a partir de marzo de 2009, fecha asignada al comienzo del mercado alcista que no termina de morir.

No sorprende, entonces, que quienes venden servicios de inversión se encuentren muy cuestionados en este momento. Algunos extremistas plantean incluso que en un futuro no tan lejano los fondos pasivos —que hoy controlan el 15 por ciento de la capitalización del mercado accionario de oferta pública estadounidense, o el 37 por ciento del mismo mercado en el mundo— terminen por quedarse con la mayor parte del negocio.

Seguramente no se alcanzará tal grado de concentración. Pero lo que sí es inevitable es que ocurra una depuración en la industria de manejos de fondos de inversión, de la cual ya se observan algunos síntomas.

Los fondos de cobertura (hedge funds), que son los inversionistas activos por excelencia, han sufrido grandes embates desde 2009. Además de tener que cumplir nuevos requisitos regulatorios luego de la crisis financiera de la década pasada, la base de su fuente de ingresos ha sido bastante cuestionada.

Durante muchos años estos fondos manejaban el esquema de comisiones 2/20; es decir, cobraban un equivalente al dos por ciento anual del valor de la cartera manejada y el veinte por ciento de la utilidad obtenida. Hoy pocos inversionistas institucionales aceptan este régimen de comisiones. De los 11.000 fondos de cobertura que existían a principios de 2018, que manejaban más de tres billones de dólares, 500 cerraron operaciones en diciembre de 2018 y devolvieron los recursos administrados a sus propietarios.

No todos los fondos de cobertura dejan, al cerrar, definitivamente la industria de inversión. Una tendencia reciente —particularmente, en los casos exitosos como el de John Paulson, cuyas aventuras financieras inspiraron la película The big short— es transformarse en family offices, que manejan los recursos de un grupo muy reducido, y muy rico, de inversionistas. Tal cambio les permite obviar requisitos regulatorios, pues no hacen ofertas públicas de títulos valores y pueden responder a las exigencias de una audiencia mucho más acotada, lo que en teoría debería facilitar la rendición de cuentas.

En el año 2018 se abrió la menor cantidad de nuevos fondos de cobertura en una década. Sin embargo, todavía las aperturas de fondos exceden los cierres. La moraleja de esta historia es que siempre habrá un mercado para los que estén dispuestos a apostar a la aparición de nuevas tendencias, a predecir fusiones y adquisiciones, quiebras de compañías, alzas y bajas de tasas de interés e insolvencias de deudas soberanas, entre otras posibilidades. Pero todo segmento de actividad se renueva en respuesta a las condiciones del entorno, y en eso la industria financiera es «darwiniana».


Carlos Jaramillo, profesor del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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