Otro arquetipo que cae: 60% acciones-40% bonos

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Fotografía: Pietro de Grandi / Unsplash

En las condiciones económicas actuales una cartera 60% acciones-40% bonos carece de sentido. Los inversionistas tienen muy pocas opciones para desmarcarse del riesgo del mercado accionario y necesitan posibilidades de inversión para sustituir a los bonos.

Carlos Jaramillo / 18 de junio de 2020


 

En el mundo de la gerencia de inversiones hay una serie de carteras de oferta pública que sirven de referencias para contextualizar el rendimiento obtenido por la infinidad de estrategias de inversión que se ejecutan constantemente. Carteras que replican el S&P 500, el índice tecnológico Nasdaq o el mercado de bonos estadounidense de grado inversión mediante el índice AGG de Bloomberg-Barclays, son indicadores esenciales para una gran variedad de inversionistas.

Pero así como existen indicadores que reflejan el desempeño de una familia de activos financieros hay, también, mezclas de activos cuyos rendimientos se reportan periódicamente. El propósito es que los inversionistas puedan entender los costos y beneficios de sus carteras individuales al compararlas con otras consideradas emblemáticas.

La más famosa de las carteras arquetipales se conoce como «60% acciones-40% bonos». Se utiliza con mucha frecuencia para realizar cálculos actuariales o medir el desempeño de grandes fondos dotales, como pueden ser los fondos soberanos o los fideicomisos de las grandes universidades estadounidenses.

No hay una regla única para escoger los títulos valores que constituyen una cartera 60% acciones-40% bonos. Sin embargo, la gran mayoría de los bancos de inversión prefieren hacerlo con combinaciones de ETF que replican S&P 500 y AGG.

Esta mezcla de activos ha sido muy popular, porque es sencilla, de bajos costos transaccionales y fácil seguimiento. Como estrategia de inversión balancea la volatilidad y el mayor retorno esperado del mercado accionario con la estabilidad de ingresos y las menores fluctuaciones de precios de un grupo de bonos de grado inversión. Hasta aquí todo luce muy bien, pero con las bajas tasas de interés imperantes desde la Gran Crisis Financiera de 2007-2009 es necesario revisar las premisas por las cuales esta cartera ganó tanta popularidad.

El principal propósito de combinar una cartera de acciones con una de bonos grado inversión es reducir la exposición de los inversionistas a los vaivenes del mercado accionario. Pero, en un contexto de tasas de interés extremadamente bajas, el rendimiento de los bonos se ha evaporado, por lo que se pierde el principal atractivo de poseerlos.

En la medida en que las tasas de interés se acercan a cero, y la Reserva Federal no muestra una gran disposición a permitir un régimen de tasas negativas, las posibles ganancias de capital de una cartera de bonos son mínimas. Los precios de los bonos se mueven en sentido inverso a las tasas de interés.

En las condiciones económicas actuales la cartera 60% acciones-40% bonos carece de sentido. Los inversionistas tienen muy pocas opciones para desmarcarse del riesgo del mercado accionario.

Entre las opciones disponibles para sustituir los bonos grado inversión está colocar ese cuarenta por ciento en efectivo, con ultra mínimo rendimiento, pero sin la preocupación de perder dinero en un improbable contexto de alza de las tasas de interés. Por supuesto, las coberturas de los fondos de garantías de depósitos dejan de ser triviales si esta es la decisión que se toma.

Los bonos podrían ser sustituidos por oro, el más clásico de los activos usado como vehículo de protección frente a vaivenes sistémicos. Mediante fondos mutuales y ETF se puede poseer el metal de forma muy económica. Los más sofisticados podrían comprar opciones PUT sobre el S&P 500, lo que los protegería de caídas del mercado accionario tomando el costo del pago de la prima para adquirir un PUT.

Lamentablemente los beneficios de la cartera 60% acciones-40% bonos no estarán a la disposición de esta generación de accionistas, hasta que las tasas de interés de las economías desarrolladas comiencen a subir nuevamente, en un futuro muy lejano digno de la saga Guerra de las galaxias.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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