Pandemia, ciencia, ingeniería y sostenibilidad urbana

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Ilustración: Fernando Zhiminaicela / Pixabay

La expansión de la covid-19 ha mostrado la naturaleza global de los nuevos desafíos que enfrenta la humanidad y, al mismo tiempo, cómo han sido relegadas la cooperación internacional (para hacer frente a la pandemia) y las graves amenazas como el cambio climático, la escasez de agua y la inseguridad alimentaria.

Alfredo Cilento Sarli / 16 de junio de 2020


 

La covid-19 «ha cambiado la forma de hacer ciencia en el mundo y, mientras los líderes políticos han cerrado sus fronteras, los científicos han creado una colaboración global diferente. Nunca antes, tantos investigadores de todas las ramas de la ciencia se habían concentrado simultáneamente en un solo tópico y con tanta urgencia» (Tapia, 2020). Es una clara manifestación de ciencia abierta: producir conocimiento científico de manera abierta y colaborativa —dejando a la libre disponibilidad instrumentos de trabajo y resultados intermedios y finales— promete revolucionar la producción de conocimiento científico. La ciencia abierta es más eficiente y democrática, y tiene el potencial de atender mejor las demandas sociales.

La Federación Mundial de Organizaciones de Ingeniería pide a los gobiernos nacionales y a las organizaciones de ingeniería que reúnan a ingenieros, científicos y médicos en proyectos de «medicina plus ingeniería», para explorar el enorme potencial de la ingeniería para ayudar a suministrar tratamiento médico de manera más eficiente y segura (WFEO, 2020). Científicos e ingenieros han desarrollado algoritmos para ayudar a predecir la estructura biomolecular de covid-19, un paso importante en el proceso de desarrollo de una vacuna eficaz. Además, se están probando diferentes tipos de herramientas que utilizan inteligencia artificial y visión por computador para triaje y diagnóstico rápido de pacientes. También se utilizan robots para ayudar a proteger a la fuerza de trabajo médica y limitar la propagación de enfermedades.

Un aspecto importante de la respuesta al brote de coronavirus ha sido supervisar su propagación. La ingeniería ha desempeñado un papel importante en el desarrollo de plataformas digitales para recopilar datos precisos y actualizados. Analizarlos con modelos que utilizan el aprendizaje automático permite a gobiernos y agencias dar asistencia confiable al público y tomar decisiones pertinentes para el control y el manejo de enfermedades (WFEO, 2020).

Los científicos insisten en la posibilidad de ocurrencia de un colapso planetario que no admite solución dentro del paradigma que actualmente guía los propósitos y procesos en los cuales se fundamenta el desarrollo: consumo de recursos naturales para transformarlos en desperdicios, residuos y contaminantes. El mundo académico ha centrado sus investigaciones en el estudio del coronavirus, pero tiene que actuar también frente a los efectos del cambio climático, aunque los gobiernos no terminen de entender que la ciencia ha confirmado el impacto humano sobre la geología del planeta y sobre el calentamiento global.

Avanza una nueva era geológica: el antropoceno (Acosta, 2020). La tierra cambia aceleradamente por la actividad humana. Quedó claro que el cambio climático no se debe a procesos naturales y que las medidas para frenar el coronavirus no resolverán el calentamiento global.

Las condiciones de Venezuela, de por sí catastróficas, han variado sustancialmente, no solo por los efectos de la pandemia, la salud pública y la alimentación sino también por la urgencia de reactivar la industria petrolera y recuperar los sistemas de producción y distribución de electricidad, agua y combustibles. Ante necesidades de tal magnitud, el país tendrá que redimensionarse en todo sentido.

Ahora más que nunca es necesario insistir en que la construcción masiva de viviendas públicas, como medida anticíclica, no es prioritaria (Cilento, 2018). La prioridad es dar de comer a la gente y la vivienda no puede ser sino subsidiaria del programa de recuperación de la producción agrícola, ganadera, agroindustrial, manufacturera e industrial, que exige al menos los tres primeros años de un nuevo gobierno. Nuevas viviendas y edificaciones públicas se justifican solo en aquellas ciudades y localidades prioritarias del programa de reconstrucción económica y social, y las requeridas para reubicar los hogares en situación de riesgo inminente en los barrios; especialmente del Área Metropolitana de Caracas, donde puede haber unas 30.000 a 40.000 viviendas en alto riesgo ante un sismo como el de 1967. Los barrios requieren un plan a largo plazo de dotación de servicios y seguridad integral.

En cuanto a los vecindarios y la movilidad local hay que tener en cuenta el crecimiento del número de personas que trabajarán desde sus viviendas, no solo por los conceptos de coworking, homeworking y teletrabajo en empresas tecnológicas y comerciales, que crecerá exponencialmente (internet 4G de por medio), sino también por las familias que durante el encierro han redescubierto el hogar como fuente de ingresos, como lo fue hasta mediados del siglo XX. Esto implica también el crecimiento de servicios y organizaciones de distribución (delivery), que indudablemente afectará el negocio y la capacidad de tiendas minoristas, restaurantes y otras actividades comerciales, e incluso la movilidad urbana, pero facilitarán la producción en el hogar y en pequeños establecimientos. También el teletrabajo promueve la mudanza a pequeñas ciudades, granjas y playas.

Los nuevos vecindarios deberán ser planificados, diseñados y construidos de acuerdo con criterios de sostenibilidad y resiliencia, y aceptar las restricciones impuestas por la presencia del coronavirus, que según parece vino para quedarse, así como el dengue, el VIH, la hepatitis…. Esto requiere tener en cuenta las siguientes consideraciones:

 

  1. Urbanismo basado en conjuntos de baja altura, sin ascensores, con densidades medias y balcones, porque el aislamiento puede transformarse en una forma de conducta social. En vecindarios donde la prioridad en calles y espacios vecinales sea para ancianos, madres, niños, peatones y bicicletas.
  2. Redes optimizadas de acueductos, cloacas, drenajes, comunicaciones e internet para toda la población.
  3. Espacios para la ubicación de actividades de manufactura a pequeña escala y mercados populares, con condiciones para facilitar nuevos emprendimientos, de manera de crear fuentes de trabajo endógenas.
  4. Creación de redes de espacios públicos bien equipados que promuevan la convivencia ciudadana y aseguren el disfrute diurno y nocturno de la ciudad: iluminación, recolección de basuras, óptimas condiciones sanitarias y garantías de seguridad de bienes y personas.
  5. Movilidad sostenible con base en sistemas de transporte público eficientes y seguros —incluso sistemas de vehículo compartido (car-sharing)— máximas facilidades a peatones y ciclistas, y prácticas expresas de seguridad vial (Herrera, 2020).
  6. Nuevos desarrollos integrados a la red vial y de transporte, y sus planes de expansión; que incluyen rutas de ciclovías y bulevares peatonales, así como aceras más amplias (traslado de actividades al exterior) que enlazarán los espacios públicos de la localidad.
  7. Promoción activa del uso de energías alternas para contribuir a la eficiencia energética y uso de iluminación y ventilación naturales.
  8. Servicio continuo de agua (que satisfaga la necesidad imperiosa de mantener las manos limpias) y un efectivo programa de captación y almacenamiento de aguas de lluvia y reciclaje de aguas grises para riego.
  9. Saneamiento ambiental y eficiencia en el servicio de aseo urbano y domiciliario: recolección, clasificación, reciclaje, tratamiento y disposición final de los residuos.
  10. Educación, ciencia y tecnología con alta prioridad y remuneración adecuada al personal, que garantice sus condiciones de vida y estabilidad.
  11. Cumplimiento de los principios de sostenibilidad y resiliencia en todos los procesos de renovación y rehabilitación de pueblos y ciudades, en todas las etapas de su ejecución.

 

La pandemia de la covid-19 ha abierto los ojos a científicos y profesionales del área de la medicina y la ingeniería sobre el valor de la ciencia abierta y el trabajo colaborativo para enfrentar los grandes desafíos de la humanidad. Seguramente la pandemia será controlada y se desarrollarán vacunas y tratamientos que harán que aprendamos a convivir con el virus.

La otra tragedia que afecta a la humanidad, la del calentamiento global y el cambio climático, requiere un esfuerzo similar de la comunidad académica y de los gobiernos para mitigar sus efectos sobre la población mundial. Ya no hay más que demostrar: somos los causantes de los cambios que suceden en el planeta.

Las propuestas precedentes pretenden contribuir al desarrollo de comunidades sostenibles y con mayor resiliencia frente a las secuelas de la pandemia y a los efectos del cambio climático, de manera de ayudar a mitigar y reducir los riesgos socionaturales y a alcanzar un estilo de vida menos agresivo hacia la naturaleza.

 

Referencias


Alfredo Cilento Sarli, profesor titular del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción de la Universidad Central de Venezuela e individuo de número de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat. Integrante de Acuerdo Social, asociación civil dedicada a la elaboración de propuestas de políticas públicas para Venezuela (acuerdosocialvenezuela@gmail.com).