Puntos controvertidos de las leyes de teletrabajo

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Casi todos los países de América Latina revisan sus leyes de trabajo remoto o teletrabajo —cuando las hay— o elaboran nuevos proyectos en esta materia.

Fabiana Culshaw / 22 de diciembre de 2020


 

En Venezuela muchas personas han preferido el teletrabajo por la comodidad de trabajar en el hogar y compatibilizar mejor las actividades laborales con las de la familia; pero, principalmente, por los problemas que trae consigo trasladarse a las oficinas, por la falta de gasolina, y para ahorrar en transporte y comida durante el día. Sin embargo, las dificultades de conectividad han hecho que los empleados soliciten volver a las oficinas, donde generalmente internet funciona mejor.

En este país no se aplica regulación alguna en esta materia, en la práctica. Como en toda crisis nacional pronunciada, cada uno hace lo mejor que puede para salir adelante y tratar de preservar la fuente de empleo desde cualquier lugar.

En otros países de América Latina la situación es diferente. Tanto a las empresas como a los empleados les preocupa cómo el teletrabajo ha cambiado la dinámica laboral. Ponen la lupa en si se respetan o no los derechos de las partes, y nadie quiere verse perjudicado.

 

Proyectos de leyes

Uno de los temas que más polémica despierta es el de las horas de trabajo, en el marco del «derecho a la desconexión». La Organización Internacional del Trabajo y las legislaciones nacionales establecen ocho horas de trabajo. Pero muchos empleados pasan conectados mucho más tiempo, hasta diez o doce horas, pues sus empleadores les requieren tareas a cualquier hora del día, incluso durante las horas de la noche.

Los empleadores, por su parte, argumentan que no pueden saber si los empleados están realmente trabajando desde sus casas, lo que efectivamente es difícil de comprobar. En tal sentido, la solución sería controlar los resultados, no los procesos de trabajo.

Lo cierto es que actualmente todos los proyectos de leyes laborales incluyen el derecho a la desconexión. El punto clave es cómo se constatan —y cómo se pagan— las horas extras.

Otros puntos de debate sobre el teletrabajo son: quién paga los gastos de los artículos de oficina cuando se trabaja desde el hogar (muchos proyectos de leyes establecen que la empresa debe pagar laptop, silla de trabajo ergonómica, materiales de escritorio y demás); qué pasa si los empleados quieren regresar a la oficina (derecho a la reversibilidad); quién cubre los accidentes en las casas (es decir, cómo diferenciar el accidente de trabajo del accidente doméstico); quién es el responsable de la salud ocupacional en casa; cómo se redefinen las relaciones laborales a distancia.

Muchas empresas, debido a la crisis financiera desencadenada por la covid-19, han vendido parte de sus oficinas, aprovechando que ya no las necesitan al tener a sus empleados teletrabajando desde sus hogares. Pero, si estos ejercen su derecho a la reversibilidad, se les complica la situación.

 

Recorrido por América Latina

En el seminario web «Covid-19 versus teletrabajo, lo que ha traído y nos ha dejado la pandemia», organizado por el estudio Pittaluga Abogados de Uruguay, un grupo de abogados latinoamericanos sacó a la luz algunos debates. El periódico El Observador de Uruguay cubrió el evento y destacó los siguientes casos de interés jurídico.

En Perú existía una ley de teletrabajo antes de la pandemia y ahora se agregó una ley de trabajo remoto, similar a la primera pero que resulta más funcional, aunque en la práctica la yuxtaposición de leyes no siempre resulta clara. Colombia también estaba en el camino de la regulación en esta materia antes de la covid-19, que aceleró el proceso. Allí preocupa especialmente la reversibilidad: el empleador colombiano quiere reducir costos de alquiler de oficinas, o venderlas.

En Brasil se ha puesto el foco de la discusión en si un empleador, adicionalmente a las sillas y laptops que debe suministrar al trabajador, tendría —o no— la obligación de hacerse cargo de cubrir los costos de insumos, como internet o electricidad, en un país donde el uso del aire acondicionado es caro. Argentina aprobó recientemente una ley de teletrabajo, sin mayor éxito, pues los empresarios no quieren aplicarla. La consideran rígida, casi como un remedio peor que la enfermedad. Se decidió aplicarla en «tiempos de normalidad»; no actualmente en la emergencia sanitaria por la covid-19.

En Uruguay el proyecto de ley de teletrabajo regula la jornada laboral en forma semanal, no diaria, en busca de cierta flexibilidad. Allí ocurrió un caso en el cual un trabajador que hacía teletrabajo reclamó el pago de horas extras, para lo cual el Tribunal tuvo en cuenta un reporte de Google con el número de horas que esa persona había estado conectada a la plataforma de la empresa. Dicha forma de abordar el caso —con datos de Google— era novedosa en el ámbito jurídico latinoamericano.

Más allá del ámbito legal y sus puntos polémicos el teletrabajo ha resultado una herramienta poderosa, y continuará luego de la pandemia de la covid-19. Lo más probable es que surja una combinación de trabajo presencial y teletrabajo, acorde a los avances tecnológicos. El articulado de las leyes que se están aprobando en distintas partes del mundo sufrirá modificaciones, según las exigencias sociales que se vayan presentando, con el fin de hacerlas más aplicables y, sobre todo, realistas.


Fabiana Culshaw, periodista.