¿Qué será del S&P 500 después de la pandemia?

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La adaptación de los índices bursátiles al nuevo paisaje comercial que emergerá de la pandemia será condicionada por las reglas de funcionamiento de esos indicadores.

Carlos Jaramillo / 21 de  mayo de 2020


 

El S&P 500 nació el 4 de marzo de 1957, aunque sus orígenes se remontan a 1923, cuando la Standard Statistics Bureau comenzó a publicar un índice de 223 compañías. La lista de empresas que forman parte del índice se renueva constantemente, debido a situaciones internas (quiebras, fusiones y adquisiciones) y cambios en el paisaje empresarial (aparición y desaparición de sectores industriales). En la actualidad solamente sesenta de las empresas que formaban parte de la lista original se mantienen en el índice.

La vida promedio de una empresa en el S&P 500 se ha reducido de 33 años en 1964 a 24 en 2016, y se calcula que se reducirá a 12 en 2027. De mantenerse esta tendencia, la mitad de las empresas que hoy aparecen en el índice lo habrán abandonado en diez años.

¿De dónde saldrán las empresas sustitutas? Algunas serán productos de fusiones y restructuraciones de empresas que hoy pertenecen al índice; pero, en su gran mayoría, vendrán de la enorme actividad del sector de capital privado. Quienes financian las etapas iniciales de una nueva compañía eventualmente venderán su participación accionaria a terceros, mediante la oferta pública de acciones o la venta total de estos negocios a compañías que ya son de oferta pública y, al crecer, empiezan a cumplir los requisitos para incorporarse a un índice bursátil.

¿Qué se necesita para formar parte del S&P 500? Ser una compañía domiciliada en Estados Unidos y registrada para negociarse en las bolsas de valores NYSE, Nasdaq, Cboe o IEX; que el cincuenta por ciento de sus acciones estén disponibles para ser adquiridas por el público en general y que su capitalización de mercado —el valor total de las acciones en circulación— supere los 8.200 millones de dólares. Este último requisito se corrige con el paso del tiempo.

La empresa cotizante que aspira a ingresar al S&P 500 debe satisfacer, además, un índice de liquidez bursátil fijado por el grupo patrocinador, medido como el cociente entre el volumen de acciones transadas y la capitalización bursátil de la empresa. Solo es posible cumplir este requisito si la empresa ha sido rentable en el trimestre más reciente y, globalmente, en el último año. La empresa debe tener un récord de transacciones de oferta pública de al menos un año.

Los integrantes del comité que administra el índice tienen la potestad de incluir o eliminar empresas para reflejar, a su juicio, la naturaleza del mercado accionario del momento. Esto abre, obviamente, la posibilidad de introducir algún grado de subjetividad en su composición. Sin embargo, históricamente, las críticas en tal sentido no han sido muy relevantes.

Estos criterios para la formación de un índice bursátil no son de particular interés en situaciones económicas estables, pero sí en el contexto de la pandemia en desarrollo. Para nadie es un secreto que una de las consecuencia de esta crisis es la aceleración de tendencias que venían desarrollándose y que cambiarán los modelos económicos existentes; por ejemplo, el teletrabajo, las restricciones previsibles en la movilidad de las personas o la virtualización de servicios en el área de la salud.

Muchas personas podrían pensar a priori, sin conocer cómo funciona el S&P 500 por dentro, que este índice podría reflejar un conjunto de empresas cuya relevancia podría estarse reduciendo en una nueva realidad económica —el caso de las empresas petroleras— y por lo tanto las estrategias de inversión que replican el índice pudieran dejar de ser atractivas. Además, muchas empresas que capitalizarán en la nueva realidad económica no son asequibles a los inversionistas en general por no ser empresas públicas o, aun si cotizan en bolsa, no tener el tamaño para formar parte del club de las 500.

El S&P 500, como cualquier cartera, reflejará el deterioro de algunos títulos valores y el éxito de otros en el nuevo contexto. Pero la misma evolución de los negocios hará que tarde o temprano muchas empresas exitosas, por razones estratégicas, terminen por cotizar en las bolsas estadounidenses y posteriormente formar parte del índice. Por ello, a largo plazo, este indicador proporciona, aunque con cierto rezago, una fotografía de los sectores y las compañías que ostentan el liderazgo económico.

¿Qué pasará con las 250 empresas que saldrán del S&P 500 en la próxima década? No necesariamente morirán, muchas se especializarán en nichos de negocios y otras serán absorbidas por los nuevos conglomerados que cada crisis económica produce. Nada es eterno, ni siquiera la prominencia de las grandes compañías.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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