Semilleros de emprendedores: cuatro organizaciones cuentan su experiencia

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Son muchas las organizaciones que forman a jóvenes emprendedores en Venezuela, cada una con un enfoque particular. Los representantes de cuatro de ellas cuentan sus experiencias.

2 de septiembre de 2019


Desarrollar la competencia emprendedora consiste no solo en formar a jóvenes para que creen empresas, sino también en desarrollar sus aptitudes personales y sociales. El fomento de comportamientos emprendedores se centra en la preparación de la «forma de vida» del emprendedor: valores y formas de hacer las cosas, capacidades para comunicar y aprender de la experiencia, comportamientos transferibles a diferentes contextos (no solo de negocios) y habilidades para recabar ideas e identificar y aprovechar oportunidades. Todo ello implica pensar en una gestión emprendedora holística y estratégica («saber cómo») y en un aprendizaje de las relaciones («saber qué»).

En Venezuela muchas instituciones emplean diferentes enfoques para formar emprendedores. Algunas resaltan el desarrollo de las capacidades que hacen de alguien un emprendedor: maneras específicas de actuar, hacer, ver y comportarse. Otras organizaciones atienden las expectativas de los estudiantes y los reúnen en torno a aspectos comunes como, por ejemplo, sus aspiraciones o experiencias.

Existen también iniciativas que consideran el papel más amplio de la formación emprendedora como instrumento para mejorar la situación social y económica. Al emprendimiento se le considera una vía para crear oportunidades para individuos y organizaciones, y a la educación como un catalizador del cambio.

El entorno de los jóvenes venezolanos es, en general, incierto y complejo. El reto de las organizaciones venezolanas y, en especial, de los docentes, es dotarlos de herramientas para hacerle frente. Es necesario formar un joven que no solo esté preparado para crear nuevas empresas, sino que adopte una mentalidad emprendedora frente a su entorno, con capacidad para resolver una amplia gama de problemas sociales.

Clariandys Rivera-Kempis, profesora del IESA.

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Institutos Educacionales Asociados: 73 años formando líderes

Permanecer en el tiempo y mantener la calidad de lo que se hace es difícil, más aún en el caso de una organización educativa en Venezuela. Institutos Educacionales Asociados lo ha hecho gracias a la visión futurista de sus fundadoras, su marco jurídico y el modelo organizativo establecido en sus estatutos.

Ivonne E. Blanco A., directora de los Institutos Educacionales Asociados.

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Con más de cuatro mil egresados en 49 promociones desde su fundación como asociación civil, «El Peñón«, como se le conoce coloquialmente, se ha empeñado en mantener un modelo educativo que se adapte a los tiempos en lo referente a las tendencias tecnológicas, pero sobre todo a la evolución de las teorías sobre el aprendizaje.

El nombre Institutos Educacionales Asociados (IEA) no dice mucho a quienes lo oyen por primera vez. De allí que suele acompañarse con la aclaratoria: «el colegio El Peñón«. La razón puede estar en la longitud del nombre oficial o la sonoridad que la palabra Peñón posee. ¿Por qué El Peñón? Este es el nombre de la urbanización donde se encuentra la sede de IEA. Ubicado al sureste de Caracas, en el municipio Baruta, fue el lugar seleccionado por las fundadoras, Luisa Elena Vegas y Eunice Gómez, para desarrollar un proyecto educativo surgido de la asociación de las escuelas propiedad de ambas educadoras.

Corría el año 1964 cuando fue fundada la Compañía Anónima Institutos Educacionales Asociados, producto de la unión del Instituto Politécnico Educacional, cuya dueña era Luisa Elena Vegas (1945), y el Instituto Educacional Altamira, de Eunice Gómez (1951). La visión de innovación las lleva a desarrollar un modelo de escuela que pasa de estar legalmente constituida como compañía anónima a asociación civil sin fines de lucro y así, en 1978, la Comunidad Educativa pasa a administrar los bienes y recursos de la Asociación (Vegas, 2010). A ella se suman un centro de atención familiar para las comunidades vecinas de escasos recursos y una asociación de antiguos alumnos y amigos.

Con el fin de colaborar entre sí en la formación integral de sus hijos y apoyar la razón de ser de la Asociación, se crea el instituto docente. Esta figura jurídica y la integración de los padres en un modelo educativo de participación han permitido que, a lo largo del tiempo, IEA haya innovado y sorteado los avatares que el devenir ha traído al país en materia de políticas educativas y legales.

IEA es una propiedad colectiva, manejada por socios transitorios. Su gestión administrativa es eficiente y estimula el trabajo colaborativo con participación de los padres y representantes, que integran diferentes comités de trabajo y forman parte de los cuerpos directivos de la asociación civil, lo que se traduce en transparencia y optimización de los recursos.

Desde hace siete años la escuela ha profundizado el modelo de aprendizaje por competencias. Esto ha implicado preparar al recurso humano, desarrollar herramientas que permitan una planificación eficiente del hecho educativo, evaluar procesos y asegurar la calidad. La escuela tiene una serie de indicadores de gestión administrativa y académica, cuyos resultados se hacen públicos en un informe anual que reciben los miembros de la asociación civil. Los indicadores académicos son una innovación en la gestión educativa y se utilizan para corregir el rumbo de las acciones pedagógicas que se llevan a cabo. A partir de su agrupación en índices de desempeño ha sido posible construir un perfil de calidad por nivel de estudio e institucional. Cada lapso del año escolar se realiza una «auditoría» del logro de las competencias, a fin de determinar cuáles contenidos hay que nivelar o retomar según los resultados individuales y grupales en materia de rendimiento y disciplina.

Los estudiantes de IEA, también llamados «peñoneros», son atendidos por un conjunto de docentes y organismos de apoyo en procura de su formación integral. Uno de esos organismos es el Departamento de Apoyo Psicoeducativo que acompaña a la comunidad en general en su tránsito por la escuela con herramientas de soporte psicoemocional; el quehacer docente cuenta con asesorías en lo que respecta a la atención de necesidades especiales en el área cognitiva o conductual de los niños y jóvenes de la institución. Cada nivel de estudio cuenta con una psicóloga a dedicación exclusiva. Preescolar y Primaria tienen, además, una psicopedagoga. Los programas que administra este departamento también están orientados a desarrollar habilidades «blandas» en la comunidad escolar: empatía, solidaridad, ciudadanía y respeto a la diversidad.

Desde hace más de quince años todos los estudiantes tienen la posibilidad de disfrutar de actividades extracátedra en disciplinas deportivas y culturales, que contribuyen a la integralidad de su formación como individuos, cuyo costo está incluido en la cuota de mantenimiento mensual que los socios pagan por ser miembros de la asociación civil. En sus horas regulares de clase, el currículo se enriquece con actividades que se adapten al mundo actual y procuren la adquisición de habilidades para el siglo XXI. De allí que reciban una formación sólida en idiomas, tecnologías (que incluyen manejo de software, programación y robótica), emprendimiento, liderazgo y contabilidad. El alumno peñonero enfrenta retos permanentemente, pues se propicia su participación en certámenes académicos y culturales, internos y externos, a fin de procurar el desarrollo de pensamiento crítico, flexibilidad y autonomía.

El personal es atendido en su crecimiento personal y profesional mediante un programa de formación permanente para el que se dispone desde sus inicios de una partida presupuestaria dedicada a financiar, y en muchos casos pagar en su totalidad, cursos de mejoramiento profesional hasta posgrado. El modelo educativo de IEA toma en cuenta la variedad de factores necesarios para alcanzar su misión:

Forjar hombres y mujeres integrales con base en principios éticos, estéticos y sociales, que hagan de ellos líderes autónomos, responsables y competitivos internacionalmente; ciudadanos participativos, con sensibilidad social, comprometidos con su familia y con el país.

Referencia

Vegas, L. E. (2010): «Sobrevivimos a la Caracas del siglo XX». Caracas: Impresos Miniprés.


 

Fundación Carlos Delfino: setenta años de labor educativa

La Fundación Carlos Delfino es una de las primeras ONG venezolanas. Gestiona dos escuelas para niños y jóvenes de escasos recursos en la parroquia La Vega, Caracas, que ofrecen educación desde primaria hasta técnica media.

Michelle Carpio, gerente general de la Fundación Carlos Delfino.

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La misión de la Fundación Carlos Delfino, una de las primeras ONG venezolanas, es desarrollar proyectos en el área de la educación y la formación para el trabajo, con la finalidad de que niños y jóvenes de escasos recursos socioeconómicos tengan la oportunidad de prepararse académica y éticamente para participar como profesionales en el mundo laboral, mejorar sus vidas y contribuir a transformar la sociedad. Esta obra educativa fue creada en 1947 en la parroquia La Vega, Caracas, por Josefa Gómez de Delfino, para quien la educación era clave en la construcción de la sociedad venezolana y podía transformar las vidas de niños y jóvenes de escasos recursos. Doña Josefa, una mujer con conciencia social y visión sobre las posibilidades de la sociedad venezolana, concretó sus ideas en una organización a la que bautizó con el nombre de su esposo.

El Colegio Fundación Carlos Delfino comenzó con un orfanato en la casa de habitación de los Delfino, el cual brindaba albergue y educación a nueve niñas que habían perdido a sus padres, trabajadores de la Fábrica Nacional de Cementos. La obra creció rápidamente y pasó de orfanato a una escuela básica y luego una escuela media diversificada.

Hoy la Fundación gestiona dos escuelas —el Colegio Fundación Carlos Delfino y el Colegio Josefa Gómez de Delfino— que con un programa de becas atienden a más de 800 niños y jóvenes, desde primer grado hasta educación técnica media en las menciones: laboratorio clínico, administración de servicios para la salud, informática y contabilidad. Los jóvenes egresados de las escuelas de la Fundación Carlos Delfino se caracterizan por sus valores y su calidad humana, su iniciativa, su conciencia sobre la realidad del país y su capacidad para cambiar la sociedad.

Esta obra ha logrado fortalecerse gracias a la familia Delfino, que después de Doña Josefa han creído también en la importancia de la educación y en su efecto transformador. Todo esto de la mano de un equipo de profesionales con las mejores competencias técnicas y gran vocación, que permite fomentar en los jóvenes el pensamiento crítico y lograr que la visión de futuro de cada uno se conecte no solo con su realidad y su motivación sino también con las necesidades de la sociedad laboral venezolana en cada una de sus etapas.

Por más de setenta años la Fundación Carlos Delfino ha hecho aportes positivos a la educación venezolana. Ha mejorado su gestión y ampliado la población beneficiada con su programa de becas. Hoy esta obra ha beneficiado a 7.029 niños y jóvenes de La Vega y graduado 1.625 técnicos medios. Cuenta con 63 profesionales de la educación, tiene una matrícula de 800 alumnos creativos y motivados a ser futuros profesionales pertenecientes a 706 familias de La Vega, convenidas de que la educación es esencial para el futuro de sus hijos. En 2018 la Fundación concretó sus esfuerzos con la graduación de 52 técnicos medios.

Tradición y experiencia son las fortalezas de la Fundación Carlos Delfino que le permitirán proyectarse. Todo esto en conjunto con aliados interesados también en invertir en la educación de jóvenes que viven en situación vulnerable, para continuar teniendo un lugar clave en la historia de la educación venezolana y en la sociedad por venir.


Crecer en Venezuela: la Unidad Educativa Privada Arnoldo Gabaldón

El emprendimiento social es una solución para la sostenibilidad de las escuelas privadas en los barrios de Caracas.

Juan Víctor Fajardo, gerente de Programa, Fundación Génesis.

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La Unidad Educativa Privada Arnoldo Gabaldón (UEPAG) está ubicada en El Paují, en la carretera vieja Caracas-La Guaira. Fundada en 1998, atiende a niños de escasos recursos, desde maternal hasta sexto grado de primaria. A finales de 2014, la Fundación Génesis remodeló las instalaciones de la escuela: la dotó de biblioteca, cancha techada, cocina y comedor escolar, y aumentó la cantidad de aulas, lo que permitió duplicar el número de estudiantes de 125 a 250. Hoy la UEPAG es un caso de éxito esperanzador para la educación privada en Venezuela y para la sostenibilidad de las escuelas privadas de los barrios de Caracas.

 

De la filantropía al emprendimiento social

La UEPAG ha logrado enriquecer el servicio que brinda a sus estudiantes, sin depender financieramente de la filantropía. La Fundación Génesis puso en marcha un modelo de sostenibilidad basado en los principios del emprendimiento social, que exige medir y aumentar el impacto social de la escuela, para captar clientes que financien la educación y la alimentación de los estudiantes.

El tránsito de la filantropía al emprendimiento social se inició poco después de la remodelación de la escuela, cuando la Fundación Génesis constató que la UEPAG no tenía fondos ni herramientas organizacionales para mantener las nuevas instalaciones. En ese entonces la UEPAG contaba con muy pocos recursos financieros. Su personal docente y administrativo ganaba menos que el salario mínimo nacional y la institución cubría su presupuesto a medias, con aportes simbólicos de los padres y donaciones esporádicas de organizaciones caritativas.

La Fundación Génesis, basada en la experiencia del Grameen Bank y las ideas de Muhammad Yunus, apostó a la sostenibilidad financiera de la escuela. Financió tres meses de su presupuesto y creó el programa «Crecer en Venezuela», el cual puso en práctica un modelo de emprendimiento social que garantizara la sostenibilidad y el impacto social de la escuela, al margen de los aportes de la Fundación. Hoy la UEPAG es la institución de su distrito escolar que mejor remunera a su personal, ofrece jornada integral y actividades complementarias al currículo nacional y, además, sirve desayuno y almuerzo cinco días a la semana a sus 250 estudiantes y 35 empleados.

 

La herramienta central del modelo

El modelo de emprendimiento social de Crecer en Venezuela apunta a diversificar los ingresos de las escuelas. Su herramienta central es un programa de becas que permite acceder a nuevas fuentes ingresos mediante la venta de un producto social. El producto es un bien intangible que brinda satisfacción moral a quien financia la educación de un estudiante de pocos recursos. La escuela debe colocar una beca por estudiante en el mercado de benefactores.

La venta de este producto social requiere crear una propuesta de valor atractiva para los clientes potenciales de la escuela. Esto implica estudiar y segmentar el mercado de benefactores e identificar un segmento meta para el producto. El ejercicio de identificar un cliente meta y elaborar una propuesta de valor es vital para la sostenibilidad de la escuela, la cual debe identificar lo que ofrece a la sociedad, lo que la diferencia de otras instituciones y la manera más efectiva de comunicar el valor social que crea. Este proceso de introspección organizacional conduce al aumento del valor que la escuela ofrece a cada estudiante.

En la medida en que la escuela aumenta el valor que ofrece a sus benefactores garantiza que sus operaciones sean sostenibles. Al incrementar la satisfacción de sus clientes sociales aumenta la probabilidad de recompra de su producto.

 

El caso de la UEPAG

El programa de becas de la UEPAG fue creado en 2015. La beca ofrece cubrir la educación y la alimentación de un estudiante, y proyectar al beneficiario como líder con valores para la transformación de su comunidad. El precio de la beca corresponde al presupuesto anual de la escuela dividido entre el número de estudiantes y prorrateado en montos mensuales con diversas opciones de pago.

Para publicitar la beca la Fundación Génesis invirtió en un video promocional que detalla la historia de la UEPAG y el cambio que impulsa la escuela. Con esta propuesta inicial y el video promocional, la UEPAG logró captar sus primeros benefactores. Poco después comenzó a producir un boletín mensual de noticias para sus clientes. Luego incorporó a su propuesta de valor la producción de videos sobre los becarios y la entrega de boletas de notas al final de cada período escolar. Hoy publica sus indicadores anuales de gestión e impacto social.

 

Los retos del modelo

El modelo de Crecer en Venezuela ha hecho que en los últimos años la UEPAG sea financieramente sostenible. Ahora tiene el reto de mejorar la calidad de la institución. La UEPAG todavía no mide de manera estandarizada el desempeño académico de sus estudiantes, por lo que es difícil saber si su servicio es comparable en calidad con el de otras escuelas en Venezuela y el resto del mundo. La lógica del emprendimiento social lleva a la UEPAG a asumir este reto. Mientras tanto, la escuela modelo ofrece una solución para la sostenibilidad de escuelas privadas en los barrios de Caracas.


 

Grupo Alpha: inspirar y transformar a partir de la influencia positiva

El Grupo Alpha es una plataforma pensada para crear oportunidades y promover la inclusión social, con énfasis en una etapa significativa de la vida humana: la adolescencia. La clave está en desarrollar el autodominio, que hace al joven líder de su propia vida y capaz de impactar de manera positiva al mundo donde vive.

Vanessa Parilli, coordinadora general de Comunicaciones, y Alena Alejandro, coordinadora de Comunicaciones de la Asociación Civil Grupo Alpha.

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Con un enfoque teórico-práctico basado en valores la Asociación Civil Grupo Alpha (ACGA) forma líderes de influencia positiva. Lo hace en un momento crítico para su desarrollo como personas: la adolescencia. Es una iniciativa nacida en el sector privado para fortalecer el tejido cívico y ciudadano del país. Sus impulsores son empresarios convencidos de la necesidad de capacitar adolescentes comprometidos con la construcción de una sociedad inclusiva, centrada en la producción de oportunidades educativas y profesionales que redunden en el mejoramiento de la calidad de vida de los jóvenes venezolanos.

 

Una mirada integral

En 2011, luego de 25 años de operaciones comerciales e industriales en el país, un grupo de empresas venezolanas decidió patrocinar una iniciativa de impacto social enfocada en la atención de adolescentes, a tono con las líneas estratégicas aportadas por los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Las empresas fundadoras compartían una motivación: facilitar y promover el crecimiento de los integrantes-socios ―tanto en el área técnica como en la humana― mediante la práctica de valores fundamentales en los negocios. La cultura organizacional que las identifica y congrega recibió el nombre de Grupo Alpha. La ACGA es una plataforma de responsabilidad social pensada para crear oportunidades y promover la inclusión social, con énfasis en una etapa significativa de la vida humana: la adolescencia.

 

Liderazgo personal

El crecimiento personal es fruto de una decisión individual; de allí la importancia de apoyar la noción de empoderamiento individual desde diversos ámbitos y perspectivas. Daniel Hitti, director del Grupo Alpha, reflexiona sobre la visión que soporta las estrategias de intervención social:

Si realmente se espera lograr un emprendimiento duradero hay que trabajar en aspectos como el autodominio, la disciplina y la vivencia en valores. En primer lugar, el líder debe ganar su batalla interior. El principio es siempre la parte más difícil. Por tanto, lo recomendable es que la persona se plantee retos realistas, factibles. El cumplimiento de los primeros propósitos sirve de aliciente para la fijación de nuevos retos; retos que servirán, en la práctica, de metas intermedias hacia el camino de la concreción del «gran sueño».

Cuando una persona adopta esta actitud vital, y orienta sus pensamientos y actuaciones hacia fines reales, no tarda en experimentar la pasión que energiza la voluntad y hace posible la consecución de objetivos de diferentes magnitudes. La clave radica en el desarrollo del autodominio; un rasgo personal que hace del ser humano el líder de su propia vida. Llegado a este punto el joven es capaz de impactar, de manera positiva, al mundo donde vive.

La ACGA tiene como objetivo desarrollar líderes de influencia positiva que promuevan, al mismo tiempo, el crecimiento personal y el de su entorno sobre la base de siete valores fundamentales: respeto, empatía, confianza, oportunidad, proactividad, excelencia y perseverancia (valores cuyas letras iniciales forman el acrónimo «Recopep»). Sus fundadores se proponen, adicionalmente, la convergencia entre la visión del Grupo Alpha y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas: la formación de un ser humano fortalecido y empoderado para alcanzar una sociedad de convivencia armónica.

 

Robles del Futuro: liderazgo de influencia positiva

El programa Robles del Futuro fue concebido para adolescentes que estudian educación media. La idea es prepararlos como líderes de influencia positiva. El método de enseñanza teórico-práctico está estructurado a partir de una premisa central: el protagonismo intransferible que tiene cada persona al propiciar un cambio evolutivo de carácter personal. Entre las técnicas aplicadas se destacan el acompañamiento de los jóvenes por adultos significativos y mentores, y el establecimiento de alianzas con organizaciones afines en los sectores educativo, empresarial y sin fines de lucro.

El aprendizaje significativo del joven es guiado en el marco de los valores Recopep siguiendo tres grandes pautas: 1) contenido programático, 2) desarrollo de un «plan de metas» con el apoyo de mentores (adultos voluntarios con herramientas para el acompañamiento) y 3) ejecución de una iniciativa práctica («iniciativas de bien común»): un emprendimiento con enfoque social, construido en un ambiente colaborativo, para reforzar la identidad y los lazos de afinidad del grupo de estudiantes.

El programa Robles del Futuro se propone desarrollar en cada participante competencias en las áreas ejecutiva (autogestión, planificación y calidad), emocional (autoestima, manejo de emociones, reconocimiento del otro y empatía) y ciudadana (participación y toma de decisiones). La medición de los resultados del proceso formativo se inicia con la identificación de competencias medulares en los jóvenes tras su ingreso al programa. La evolución en los ámbitos psicológico y educativo se registra, a lo largo de dos años, con mediciones de desempeño por competencia.

 

Iniciativas juveniles de bien común

Durante el segundo año de su capacitación, los estudiantes del programa Robles del Futuro presentan propuestas en equipos para atender problemas sociales previamente identificados. De los planes presentados por los participantes se han puesto en marcha tres proyectos, bajo la supervisión de un especialista en el área de intervención seleccionada. El programa «Jóvenes Robles» instrumenta la iniciativa y entrega a los participantes los planes de formación y el material didáctico creado.

 

Medición del logro de los objetivos del programa

Para la ACGA resulta vital identificar los resultados de sus procesos de formación. Los criterios de evaluación más importantes son: 1) contenidos aprendidos al cierre de cada proyecto y componente, 2) aprendizajes de todos los actores mediante cuestionarios y entrevistas semiestructuradas, 3) competencias de los adolescentes interesados en participar en el programa Robles del Futuro, 4) evaluación trimestral de desempeño por competencias y 5) medición de impacto luego de un año de egresar del programa.

El Grupo Alpha innova en el ámbito de la responsabilidad social empresarial en Venezuela, al convertir a los adolescentes en el principal foco de intervención, al saberlos protagonistas principales de los años y desafíos por venir. Su programa Robles del Futuro constituye un aporte significativo que se suma al realizado por otros empresarios en pro del desarrollo de Venezuela.

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