Venezuela necesita educar un nuevo liderazgo

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Fotografía: Pexels.

Cuando una sociedad no atiende la formación de sus líderes surge una camada de dirigentes que tienden a repetir irreflexivamente errores del entorno. La educación contribuye a forjar un liderazgo que permita a los venezolanos no solo sobrevivir a la crisis sino también crear, en forma conjunta, nuevas posibilidades de desarrollo.

Claudia Álvarez Ortiz / 4 de febrero de 2019


 

Venezuela necesita formar una nueva generación de líderes. Esta aseveración no pretende desconocer el trabajo de numerosas personas que, en los más variados ámbitos de la sociedad, levantan sus voces y procuran de manera honrosa la construcción de un país digno. Sin embargo, ellas constituyen la excepción, y no la regla.

El país echa de menos líderes con claridad y visión de futuro. Acaso la ausencia de esta clase dirigente sirva para explicar el porqué del avanzado estado de deterioro presente en pueblos y ciudades, además de la escasez de propuestas para superar la actual realidad.

El liderazgo es necesario en todos los ámbitos del país. La gente requiere referencias éticas y humanas para articular y coordinar acciones. Hacen falta líderes que ejerzan su influencia con nuevas perspectivas.

El enfoque tradicional —centrado en la existencia de una persona a la «cabeza» de un grupo pasivo y conformista— debe ser superado. Es frustrante observar generaciones enteras sacrificadas a la espera de una persona nimbada con el carisma suficiente para allanar resistencias y solucionar mágicamente el estado de las cosas. De allí que se torne imperativa la necesidad de formar hombres y mujeres en una concepción renovada del liderazgo.

La Venezuela del futuro necesita con urgencia personas capaces de cohesionar grupos de trabajo para crear acciones transformadoras. La expresión «cohesionar grupos» no significa «mandar a los seguidores» o «decidir por los seguidores», sino más bien el ejercicio de una tarea integradora de ideas y acciones. Tal labor unificadora requiere cualidades forjadas en el ejemplo y la ética: 1) pensamiento autónomo y crítico, 2) resiliencia ante la adversidad, 3) hábito de formular y concretar acciones específicas, 4) disposición para la escucha activa y 5) habilidad expresiva enfocada en la motivación de personas y grupos.

Un nuevo liderazgo es necesariamente un liderazgo con espíritu, alejado de las imposiciones del ego, cuyas dañinas características son bien conocidas por todos: protagonismo, subestimación del juicio ajeno e intransigencia. Es preciso elevar la mirada estratégica y fijar la atención en logros más humanos, menos materialistas, que procuren el florecimiento de los individuos en un ambiente democrático, para la consecución del bienestar colectivo. Venezuela está urgida de personas que quieran ser líderes (condición indispensable para el ejercicio persuasivo de masas), amen profundamente al país y tengan la voluntad de velar por los intereses de la ciudadanía; es decir, gente que quiera servir a otros con responsabilidad en la realización de objetivos más amplios, más trascendentales.

La formación de líderes es una necesidad impostergable en las actuales circunstancias. ¿A cuáles riesgos se expone Venezuela si no logra formar adecuadamente sus nuevos cuadros directivos? El más evidente consiste en que las personas con talentos naturales para el liderazgo no desarrollen plenamente sus capacidades para movilizar mentes y corazones, al arrastrar las limitaciones propias de las formaciones empíricas. No escaparían de la fatalidad de repetir, con buenas o malas intenciones, las conductas observadas en su entorno. Se convertirían en parte del problema, no de la solución. Una formación bien pensada y diseñada permitiría al país ganar en recursos, en tiempo y en talento; además, proporcionaría la oportunidad de disminuir errores propios de la práctica reactiva, sin planificación.

La situación venezolana es muy compleja. Por ello, la formación de líderes debe atender especificidades de la realidad nacional, sin renunciar al estudio de la experiencia acumulada en escuelas extranjeras de formación de líderes. De seguro existen coincidencias en algunos enfoques y métodos.

Venezuela necesita insertarse en una dinámica mundial: entrar ya en el siglo XXI. Sus líderes y su población tienen que sobreponerse a carencias y debilidades tenidas por históricas, y evitar ser tentados por la improvisación o la imitación de cursos y programas de moda. Se impone el análisis de la realidad nacional, para convertirla en aliada y no en enemiga. En la realidad actual están los problemas, pero también las soluciones.

La actividad vital del liderazgo es la prospectiva: una habilidad estratégica entendida como el arte de anticipar escenarios a partir del arraigo en el entorno. La prospectiva implica mirar al presente desde el futuro. No consiste únicamente en la definición común de metas y objetivos. Va más allá. Supone encarar la actualidad a la luz de una visión compartida, capaz de facilitar en el «ahora» cambios de conductas y pensamientos, para producir nuevas acciones y realidades. No debe confundirse con forjar utopías y sueños irrealizables. La prospectiva se refiere a lo probable, a lo posible, a todo aquello que forme parte de la evolución histórica.

En todas partes los talentos y los dones naturales gozan de reconocimiento colectivo. Sin embargo, para que las personas «predestinadas» puedan acometer acciones virtuosas y benéficas para la sociedad precisan de práctica, disciplina y apoyo institucional. El apoyo institucional debe, en primer lugar, activar la «palanca educativa», porque un nuevo liderazgo requiere una nueva educación.

Venezuela necesita una educación transformadora. La invitación se extiende a colegios, universidades y los más variados centros de formación, para que formen líderes jóvenes en ideas y valores plenamente consustanciados con el amor por el país. También es una invitación a los pensadores venezolanos, para que conciban ideas y propuestas que coadyuven a la construcción de un futuro digno.

Es importante sobrevivir a la actual crisis, pero mucho más importante es transformar el presente. Hay que sentar las bases para un porvenir luminoso. Es tarea de todos, y en especial de los líderes. La buena noticia es que abundan ejemplos de hombres y mujeres que ya ha dado los primeros pasos.


Claudia Álvarez Ortiz, coordinadora del Programa de Liderazgo IESA para empresarios.