Volatilidad: ¿quién tiene la culpa?

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Fotografía: Pixabay.

La mayoría de las transacciones en el mercado accionario las realizan «operadores de alta frecuencia» (HFT) y computadoras programadas para transar. Esto contribuye a incrementar los cambios de precios a lo largo del día, pero no se les puede atribuir exclusivamente la volatilidad observada en las últimas semanas.

Carlos Jaramillo / 17 de enero de 2019


 

Robin Wigglesworth, corresponsal del Financial Times que cubre la fuente de mercados de capitales, escribió la semana pasada una columna particularmente orientadora para los inversionistas que se sintieron angustiados en 2018, sobre todo en el último trimestre del año, debido a la enorme volatilidad de los precios de las acciones en los principales centros financieros del mundo.

La manera como se canalizan las transacciones ha cambiado en la última década. Hoy los llamados inversionistas activos —que vigilan directamente los mercados para predecir tendencias y actuar en consecuencia— encuentran cada vez más difícil su trabajo, pues la mayor porción de las transacciones son ejecutadas por «operadores de alta frecuencia» (HFT, por sus siglas en inglés) y por computadoras programadas para transar siguiendo las instrucciones de un algoritmo (estrategias cuantitativas). Otros inversionistas replican índices bursátiles (estrategias pasivas). Apenas el diez por ciento de las transacciones en el mercado accionario estadounidense las ejecutan inversionistas tradicionales.

Los HFT, que ejecutan el cincuenta por ciento de las transacciones, compran a los bancos de inversión información sobre los flujos de transacciones que van ejecutar en los próximos minutos, infieren tendencias y transan inmediatamente para tratar de ganar unos céntimos por anticiparse al resto del mercado. Como esta información es incompleta, en algunos casos se equivocan y pierden dinero. El problema para el resto de los actores es que esas transacciones crean un «ruido» que les dificulta dar forma a sus predicciones.

Las operaciones de compra y venta de acciones realizadas por HFT y las que siguen estrategias cuantitativas contribuyen, indudablemente, a incrementar los cambios de precios a lo largo del día. Sin embargo, no se les puede atribuir exclusivamente la volatilidad observada en las últimas semanas.

En la actualidad, y debido a las exigencias de la Ley Dodd-Frank de 2010 (que regula al sector financiero estadounidense), los bancos tienen limitaciones en cuanto al monto de inversión que pueden colocar en carteras propias de títulos valores, lo que reduce su capacidad para hacer de contrapartes del resto de los inversionistas. En tiempos de movimientos rápidos de los precios, los que quieren transar encuentran dificultades para encontrar con quien hacerlo: si quieren comprar tendrán que pagar mayores precios y si quieren vender tendrán que aceptar ofertas inferiores a las que encontrarían en un ambiente de mayor liquidez.

El mes de diciembre es particularmente ilíquido en el mercado accionario estadounidense, debido a que algunas instituciones evitan incrementar sus posiciones de riesgo para no tener que incrementar capital por exigencias de los reguladores. Por supuesto, las vacaciones navideñas también inciden negativamente en los volúmenes de transacciones.

Las transacciones en todos los mercados financieros tienden a delegarse a la inteligencia artificial, a la que se pondrá en una lista corta de sospechosos habituales —junto con el presidente Trump y las amenazas de recesión en el primer mundo— cada vez que haya un brote de volatilidad de precios. Pero las estrategias cuantitativas constituyen un grupo aún pequeño de actores en el universo de los inversionistas.

La gran pregunta para los reguladores y los estudiosos de los mercados financieros es si los movimientos abruptos de precios pueden —o incluso deben— ser mitigados. El tiempo dará la respuesta. Esperemos que el costo de conocerla no resulte muy elevado.


Carlos Jaramillo, profesor del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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