WeWork: lecciones para emprendedores e inversionistas sobre mercados de capitales

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Fotografía: Eloise Ambursley.

La fallida oferta pública de acciones de WeWork es un duro golpe para futuras empresas emergentes en proyectos disruptivos, así como para inversionistas de capital privado. Los mercados de capitales se basan en resultados tangibles más que en percepciones idealizadas.

Oswaldo Felizzola / 18 de octubre de 2019


El mundo de los mercados de valores está conmocionado por el hecho de que WeWork, una organización tipo unicornio — una empresa emergente privada cuya valorización supera el millardo de dólares antes de su salida al mercado de valores— que estaba por salir a oferta pública de acciones, resultó un unicornio de papel más que un negocio rentable. WeWork llegó a estar valorada en más de 42 millardos de dólares a comienzos del año (Brown, 2019), a pesar de que el año pasado registró pérdidas por dos millardos (Telford, 2019). Ahora afronta la posibilidad de quedar en quiebra si no encuentra financiamiento para los próximos meses. Todo se debe, en parte, a que su modelo de negocio no generaba un flujo de caja suficiente para mantenerse a flote. Además, la forma como la organización estaba siendo manejada no inspiraba confianza en futuros inversionistas.

 

The We Company

WeWork —formalmente, The We Company— es una organización inmobiliaria fundada en 2010 por Adam Neumann y Miguel McKelvey en Nueva York. Se especializa en la renta de espacios de oficinas a personas y organizaciones interesadas en espacios modernos y cómodos (Gellman y Brown, 2014). En esos espacios ultramodernos no hay cubículos de trabajo sino grandes mesas, y los trabajadores pueden sentarse donde más gusten. Las oficinas no tienen paredes, sino que utilizan vidrios para dar la imagen de un espacio más amplio y agradable. Los fundadores ofrecían a emprendedores, agentes libres y hasta empresas tradicionales mejorar sus ambientes de trabajo. En su modalidad de servicio, el cliente —individuo o empresa— puede suscribirse como aliado e ingresar a cualquiera de los espacios disponibles sin mayores complicaciones, lo que hace obsoleto el concepto de oficina tradicional rígido y lo sustituye por uno abierto y flexible.

Hasta aquí parece una inversión razonable. Se supone que el mundo inmobiliario es considerablemente estable, por lo que una organización como WeWork no debería tener problemas para conseguir un flujo de caja seguro. Las rentas deberían ser suficientes para pagar, al menos, los costos operativos y de financiamiento de la organización.

No importa lo modesto o multimillonario que sea la idea sobre la que está construido el negocio. El mercado siempre la valorará en función de sus resultados tangibles, no de percepciones idealizadas

El problema es que ella se considera una empresa «tecnológica» cuya propuesta de valor no es solamente un servicio inmobiliario sino la capacidad para reunir talento en sus espacios. Se considera un ecosistema de negocios, y emprendimientos, más que una empresa de bienes raíces. Esta habría sido una propuesta interesante, de no ser por el hecho de que su principal ingreso provenía del servicio inmobiliario.

Esta propuesta de valor le permitió, sin embargo, levantar importantes sumas de dinero en capitales privados con inversionistas de riesgo tecnológico, lo que le permitió crecer de forma exponencial en los últimos años, a tal punto que hoy es la empresa privada con mayor espacio comercial en alquiler en Nueva York y Londres. Ahora bien, este crecimiento no fue un resultado de sus operaciones comerciales sino de utilizar el dinero de las inversiones recibidas. Esto no fue un problema hasta que empezó a alcanzar una valorización que causó más nerviosismo que optimismo en futuros inversionistas.

WeWork intentaba emitir acciones en los mercados de capitales globales para continuar su rápida expansión, pero los mercados no pudieron ver el mismo optimismo en las finanzas de la organización. Se cuestionaban si podía ser realmente rentable en un escenario de recesión económica. Sus fundadores creen que la flexibilidad de la propuesta de valor para sus clientes puede ser un factor ganador para sortear una crisis.

La oferta pública de acciones tuvo que posponerse de manera indefinida, mientras la empresa mejora sus finanzas para ser más atractiva. Pero esto no ayuda a su ya precario flujo de caja, porque requeriría de manera urgente una inyección de capital importante para finales del año; de lo contrario, no podrá hacer frente a las deudas que tiene (Tan y Davis, 2019)

 

Impacto en el mercado de capitales

Este no es solo un problema de una emergente más. De hecho, la situación está llevando a cuestionar si los pilares del control en el mercado de capitales —como la ley Sarbanes-Oxley—afectan el lanzamiento de nuevas empresas y, por ende, reducen el atractivo de las empresas emergentes.

La ley Sarbanes-Oxley pretende proteger a los inversionistas regulares de posibles estafas financieras, mediante una serie de requisitos —por ejemplo, una capa extra de auditorías y regulaciones financieras— para asegurar que la empresa que está por emitir acciones al público sea en realidad lo que dice ser, y que sus acciones no estén sobrevaluadas. Esta ley fue creada por el Congreso de Estados Unidos como medida de protección ante la estafa de Enron, el gigante de los negocios energéticos, en 2002. Aunque la ley ha protegido al mercado desde entonces, muchos discuten si, más bien, ha ocasionado que muchos emprendimientos se vean obligados a diferir por más tiempo del necesario sus salidas a los mercados públicos, al punto de comprometer los negocios (Dillian, 2019).

No es justo cuestionar un mecanismo de control por el caso de una empresa. Además, WeWork no se había comportado como una empresa emergente, sino que hasta cierto punto era muy especulativa. Una empresa emergente debe ser siempre rentable; es decir, sus operaciones diarias deben generar ingresos suficientes para, al menos, mantener las operaciones. De lo contrario, lo que hace es financiar sus operaciones con las inversiones que se recibe. Esto no solo va en contra del negocio, sino que puede crear desconfianza en la administración del negocio. ¿Cómo saber que el negocio es realmente rentable y que no es un sueño inalcanzable de los fundadores?

Esto no significa que el concepto de WeWork sea inviable sino que, al no generar ingresos suficientes para mantener las operaciones, puede dar la señal de que ha crecido mucho y muy rápidamente. Como dice el refrán popular, «ha mordido más de lo que puede masticar». Por lo tanto, no inspira confianza entre los inversionistas.

El hecho es que el mercado de capitales privado no será el mismo: la cautela será más estricta con respecto a la posible sobrevaluación de empresas emergentes. Esto afectará a futuras emergentes que no tengan un flujo de caja seguro. La sobrevaluación parece conducir a que las administraciones pierdan el horizonte inmediato del emprendimiento emergente, al considerar más importante el crecimiento que la vialidad financiera del negocio (que es lo que interesa al mercado de capitales) (Cooper, 2019).

 

Impacto para emprendedores e inversionistas: el futuro

Los inversionistas tecnológicos parecen ser los últimos en detectar las señales de alarma de que un emprendimiento puede ser problemático; producto, quizá, de una fe ciega en los factores disruptivos (Bellafante, 2019). En un mundo hipercompetitivo es posible dejarse llevar por ideas innovadoras, sin determinar si tienen sustento financiero real.

La lección más importante del caso de WeWork es que no importa lo modesto o multimillonario que sea la idea sobre la que está construido el negocio. El mercado siempre la valorará en función de sus resultados tangibles, no de percepciones idealizadas. Por ello, todo empresario, emprendedor o inversionista debe tratar de hacer tangibles los resultados de la organización, y hacerlo de la manera más expedita posible, para demostrar la viabilidad del negocio y asegurar su crecimiento sustentable.

 

Referencias

  • Bellafante, L. (2019): «Was WeWork ever going to work?». The New York Times: https://www.nytimes.com/2019/10/04/nyregion/wework-Adam-Neumann.html
  • Brown, E. (2019): «‘This is not the way everybody behaves’ how Adam Neumann’s over-the-top style built WeWork». The Wall Street Journal: https://www.msn.com/en-us/money/companies/this-is-not-the-way-everybody-behaves-how-adam-neumanns-over-the-top-style-built-wework/ar-AAHulkO?li=BBnb7Kz
  • Cooper, L. (2019): «Cooper’s take: will PE firms rethink going public after WeWork’s IPO debacle?». The Wall Street Journal: https://www.wsj.com/articles/coopers-take-will-pe-firms-rethink-going-public-after-weworks-ipo-debacle-11570833213
  • Dillian, L. (2019): «WeWork reveals the downside of Sarbanes-Oxley». Bloomberg: https://www.bloomberg.com/opinion/articles/2019-10-11/wework-shows-the-ipo-process-is-broken
  • Gellman, L. y Brown, E. (2014): «WeWork: now a $5 billion co-working startup». The Wall Street Journal: http://www.wsj.com/articles/wework-now-a-5-billion-real-estate-sartup-1418690163
  • Tan, G. y Davis, M. (2019): «WeWork to run out of cash by next month without new funds». Bloomberg: https://www.bloomberg.com/news/articles/2019-10-11/wework-to-run-out-of-cash-by-next-month-without-new-financing
  • Telford, T. (2019): «Adam Neumann’s chaotic energy built WeWork: now it might cost him his job as CEO». The Washington Post: https://www.washingtonpost.com/business/2019/09/23/adam-neumanns-chaotic-energy-built-wework-now-it-might-cost-him-his-job-ceo/

 


Oswaldo Felizzola, profesor del IESA / oswaldo.felizzola@iesa.edu.ve Twitter: @ofelizzola Instagram: @ofelizzola