Distritos de innovación: mecanismo para la renovación urbana y la recuperación económica

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Torre Agbar (Barcelona, España). Fotografía: Pixabay.

Los procesos que en la ciudad han ocurrido a lo largo de mucho tiempo, de forma espontánea o no planificada, en los distritos de innovación ocurren de forma controlada y dirigida.

Stefan Gzyl / Edición octubre-diciembre 2015


Durante la última década ha surgido un modelo urbano que impulsa la economía y revitaliza los sectores donde es implementado. Los distritos de innovación, denominados así por su acotada escala geográfica y su énfasis en el intercambio de ideas y conocimientos como motor del desarrollo económico, combinan nuevos modos de organización laboral y doméstica, nuevas coaliciones entre organizaciones públicas y privadas para actuar sobre la ciudad y, sobre todo, nuevos modos de vincular colaborativamente instituciones y empresas que tradicionalmente competían unas con otras. En todos los casos en los que han sido puestos en marcha, los resultados positivos han tardado poco tiempo en hacerse visibles, lo que los convierte en una fórmula efectiva para el desarrollo económico y urbano; particularmente, en ciudades afectadas por la recesión de los últimos años. Localidades como Boston, Brooklyn, San Francisco, Seattle, Barcelona y Medellín han visto mejoras notables gracias a estos nuevos sectores, que contienen elementos que podrían trasladarse a la realidad venezolana.

El éxito de los distritos de innovación se fundamenta en procesos y cualidades que siempre han acompañado a la ciudad, como medio efectivo de asociación e intercambio humano. Ahora bien, existen innumerables parámetros para definir y clasificar ciudades. En el campo del urbanismo, esta sigue siendo una discusión constante. Por ejemplo, en términos demográficos, en Estados Unidos se define como ciudad cualquier asentamiento con más de 2.500 personas, mientras que en Japón es a partir de 50.000, según el «Anuario demográfico 2007» de las Naciones Unidas. En la Grecia antigua toda ciudad debía tener un ágora, el lugar de reunión e intercambio de ideas entre hombres libres, mientras que en la Inglaterra medieval lo imprescindible era poseer una catedral, es decir, un centro de poder eclesiástico. Según otra definición, lo que caracteriza una ciudad es la especialización económica y la incapacidad de una población para producir sus propios alimentos, lo que la hace dependiente de un territorio externo para subsistir y establece una diferenciación con el campo. Asimismo, puede definirse la ciudad como «una aglomeración de personas talentosas, motivadas y reunidas en proximidad, que intercambian ideas y conocimiento en lo que el historiador urbano Sir Peter Hall denomina un “proceso dinámico de innovación, imitación y mejora continua”» (Katz y Wagner, 2014: 25). Si bien a esta definición debe agregarse que este tipo de procesos debe ocurrir en un espacio geográfico delimitado y ser sustentado por una infraestructura de servicios, la aglomeración y la proximidad son los factores claves para el éxito del intercambio humano.

Para que una ciudad sea innovadora, es importante que sea suficientemente variada para que se produzcan intercambios y transferencias de conocimientos

La proximidad ha sido históricamente condición sine qua non para el desarrollo comercial, la competitividad y la transferencia de conocimientos. Ya en 1890, el economista Alfred Marshall escribía al respecto:

Existen grandes ventajas que obtienen de la cercanía quienes se dedican a ocupaciones afines. Los misterios del oficio dejan de ser un secreto y el conocimiento está en el aire… El trabajo bien hecho puede ser apreciado al momento, las invenciones y mejoras en técnicas y maquinaria son discutidas de inmediato. Si alguien tiene una nueva idea, esta puede ser tomada por otros y combinada con otras ideas, dando pie a nuevos desarrollos (Marshall, 1920, Libro IV, Capítulo X: 7).

Esta idea resume las ventajas de la proximidad en materia de intercambio de conocimientos, avances técnicos e innovación. Pero también caracteriza la especialización que existía en las primeras ciudades industriales, en las que la actividad y el desarrollo económico giraban en torno a una única actividad productiva. Desde el punto de vista económico, la especialización se puede traducir en más eficiencia y crecimiento en un área, en una actividad económica (un modelo de desarrollo lineal cada vez más enfocado). Para los economistas de los tiempos de la revolución industrial, la especialización y la división del trabajo eran las claves para el desarrollo económico, y ya para ese entonces existían innumerables ejemplos que daban fe de ello. Este modelo de desarrollo especializado tuvo un impacto enorme en el desarrollo del urbanismo moderno.

A comienzos del siglo XX los grandes arquitectos y urbanistas de la modernidad propusieron modelos de ciudad basados en la especialización y la segregación. Uno de los más importantes fue el arquitecto suizo Le Corbusier, quien concibió la ciudad moderna a partir de cuatro funciones clave para la generación de una ciudad eficiente y productiva: vivienda, trabajo, recreación y circulación. Las ideas de este arquitecto tuvieron un impacto increíble en la planificación moderna, desde ciudades enteras hasta asentamientos industriales y parques tecnológicos especializados. La división por funciones dio pie a ciudades y asentamientos especializados, segregados, donde la movilidad dependía del vehículo privado y el contacto humano en el ámbito público era muy limitado (Brasilia es quizás el mejor ejemplo de este tipo de urbanismo).

A partir de los años cincuenta y sesenta, cuando las ideas de la modernidad fueron duramente criticadas a partir de los fracasos que construyeron, el urbanismo y la planificación volvieron la mirada a la realidad, a formas urbanas que tenían ya siglos de vigencia y comprobada funcionalidad. En ese momento se retomaron conceptos como el vecindario, la comunidad, la escala peatonal y un cierto desorden y vitalidad que nunca desaparecieron de la mayoría de las ciudades, a pesar de los intentos del urbanismo moderno de erradicarlas en pro de una ciudad más productiva, organizada e higiénica. La diversidad y la mezcla de usos, con todas sus implicaciones, volvieron a ser reconocidas como elementos potenciadores de la actividad económica de toda gran ciudad, cualidades que si bien no necesariamente promueven la eficiencia y la productividad en un solo campo sí son la clave para el desarrollo de nuevos campos, nuevas tecnologías y nuevas actividades económicas. Además, en términos urbanos, la diferencia entre ciudades con economías especializadas y diversificadas es importante, por cuanto las diversificadas tienen una flexibilidad que les permite adaptarse y sobrellevar cambios económicos que pueden afectarlas. Como ejemplo sirve comparar los casos de Detroit y Nueva York, frente a cambios en actividades económicas.

Los procesos de especialización y diversificación han sido analizados desde hace varias décadas. Un estudio importante en tal sentido fue elaborado por Edward Glaeser, un economista urbano de Harvard, quien analizó durante más de tres décadas el comportamiento de distintas industrias en más de 170 ciudades americanas. El estudio mostró que aquellas industrias desarrolladas en ciudades diversificadas, y no en centros aislados o parques industriales especializados, tendían a crecer más rápidamente y mantenerse mejor en el tiempo: «Competencia local y variedad urbana, no especialización regional, promueven el crecimiento industrial… Transferencias importantes de conocimiento ocurren entre industrias, más que dentro de una sola industria» (Glaeser, Kallal, Scheinkman y Shleifer, 1992: 1.148-1.151). También se encontró que la variedad y la diversidad de industrias geográficamente cercanas, no la especialización geográfica, promueven la innovación y el crecimiento. Lo mismo tiende a ocurrir en cuanto a la diversidad humana y cultural: aquellas ciudades donde hay más diversidad cultural, más inmigración, son también las más diversificadas económicamente y las más productivas.

No basta, entonces, con que una ciudad simplemente concentre gente en grandes cantidades. Es necesario, también, que estas personas se dediquen a actividades distintas. Para que una ciudad sea innovadora, es importante que sea suficientemente variada para que se produzcan intercambios y transferencias de conocimientos entre actores que se dediquen a una diversidad de actividades; es decir, que no compitan entre sí. Esto es lo que se ha venido a conocer como externalidad positiva o «desbordamiento» de conocimiento, y ha sido identificado como uno de los motores principales de la innovación.

Muchos distritos de innovación se han localizado en zonas económicamente deprimidas de las ciudades y les han inyectado capital

Después de haber colocado a los distritos de innovación en el contexto de la ciudad, cabe hacerse una pregunta: si la ciudad históricamente ha concentrado la innovación y potenciado los intercambios creativos, ¿cuál es el aporte concreto de los distritos de innovación? La respuesta está en la manera como los distritos de innovación integran tres componentes fundamentales: capital humano, económico y físico en un ambiente que propicia el intercambio de información y la innovación; es decir, «el desarrollo de competencias, productos o disciplinas que tengan un valor comercial» (Nagel, 2015). Así, los mismos procesos que en la ciudad han ocurrido a lo largo de mucho tiempo, de forma espontánea o no planificada, en los distritos de innovación ocurren de forma controlada y dirigida, por medio tanto del diseño del espacio físico como de la selección del público que participa en ellos y las actividades económicas que realizan. Además, existen otros aspectos comunes a todos los distritos de innovación, que pueden clasificarse en tres categorías: tendencias urbanas, desarrollos tecnológicos y mezcla de actores.

Tendencias urbanas

Las nuevas tendencias de movilidad urbana permiten reducir los tiempos de viaje y le dan importancia al transporte público, la bicicleta y el caminar por sobre el vehículo privado. Esto ha creado una situación en la que la gente trata de vivir más cerca de su lugar de trabajo. Esta cercanía ha motivado la mezcla de usos en un mismo sector de la ciudad. En tal sentido, los distritos de innovación son sectores con vida las 24 horas del día. Además, el alto costo de la construcción nueva ha dado pie a la reutilización y el acondicionamiento de estructuras existentes, en muchos casos en áreas urbanas en decadencia, lo cual se ha traducido en revitalización urbana. Esto a su vez ha impulsado el uso más efectivo de infraestructuras existentes.

Desarrollos tecnológicos

Los desarrollos tecnológicos enfatizan la importancia de internet, el acceso inmediato a la red desde cualquier lugar —desde una oficina hasta una plaza pública— y la conectividad para facilitar el intercambio de información y conocimiento tanto por vía electrónica como en persona. Los distritos de innovación son laboratorios para poner a prueba nuevas tecnologías, desde iluminación en las calles hasta medios de transporte, pasando por las nuevas tecnologías verdes y de aprovechamiento de recursos. La presencia de centros especializados, financiados por universidades o grandes compañías, ponen laboratorios y tecnologías de punta a la disponibilidad de los usuarios.

Mezcla de actores

Ellos incluyen organismos gubernamentales, agentes inmobiliarios y publicitarios, universidades e institutos de investigación, grandes compañías, pequeños emprendimientos e inversionistas de riesgo.

  • Organismos gubernamentales dispuestos a crear áreas de zonificación especial, abiertas a la innovación en materia de uso del espacio público y flexibilización de alquileres. El apoyo de las autoridades locales es clave para el éxito de un distrito de innovación. El distrito de innovación de Boston, por ejemplo, fue una de las metas del alcalde Thomas Menino, en el que se dispuso la reconversión de más de 400 hectáreas de la zona portuaria de la ciudad. En el caso del distrito 22@ en Barcelona la municipalidad permitió un mayor porcentaje de construcción por parcela, además de espacios verdes y usos residenciales, siempre y cuando se estableciera el uso comercial del suelo. El propósito era revitalizar una zona industrial que había caído en desuso y mantener el componente de actividad económica, algo que no se hubiera logrado si la zona se hubiera dedicado a un uso exclusivamente residencial.
  • Agentes inmobiliarios y publicitarios: la imagen de los distritos de innovación no solo es diseñada sino que detrás de esto hay una fuerte presencia de grupos que los comercializan y dirigen esfuerzos de mercadeo a atraer cierto tipo de público: profesionales jóvenes, solteros o recién casados, de alto nivel educativo y poder adquisitivo.
  • Universidades e institutos de investigación especializados cuentan con talentos que pueden integrarse y colaborar con el mercado de trabajo. Además, tienen la infraestructura necesaria para llevar a cabo experimentos en centros y laboratorios, impagables para pequeñas empresas. Esto ha venido de la mano con nuevas legislaciones que permiten a las universidades convertir el conocimiento que producen en un bien comercial.
  • Grandes compañías: el modelo de la gran empresa que operaba en una instalación aislada y cerrada donde se protegían las ideas ha cambiado por uno más permeable y abierto en el que el conocimiento se comparte tanto internamente como hacia fuera, con otras compañías y con institutos de investigación. Este fenómeno económico ha tenido repercusiones en lo urbano; principalmente, en la localización de grandes empresas que ya no buscan aislarse sino estar cerca de actores de quienes puedan beneficiarse.
  • Pequeños emprendimientos: la importancia de las empresas emergentes es enorme en un medio innovador. Primero, porque tienen una capacidad de asumir riesgos que las grandes compañías pierden a medida que crecen; segundo, porque son mucho más flexibles y adaptables en su estructura y son las que introducen diversidad en el medio. Por ejemplo, empresas que se dedican a actividades aparentemente inconexas, pero que cuando interactúan producen nuevos conocimientos y abren nuevos campos (empresas de tecnología en medicina o biología, diseño industrial, educación, finanzas). Estos emprendimientos por lo general se localizan en «incubadoras», edificios en los que se comparten espacios de trabajo, servicios y amenidades, y cuyo diseño propicia la innovación abierta: el intercambio de ideas tanto hacia el interior de una compañía como por medio de la interacción con agentes externos.
  • Inversionistas de riesgo: luego del impulso inicial que los distritos de innovación reciben de organismos gubernamentales o grandes inversionistas, los inversionistas de riesgo ayudan a mantener andando estos proyectos por medio de inversiones en empresas con potencial de crecimiento.

Las nuevas tendencias de movilidad urbana permiten reducir los tiempos de viaje y le dan importancia al transporte público, la bicicleta y el caminar por sobre el vehículo privado

Las contribuciones de los distritos de innovación al medio urbano han sido múltiples y en poco tiempo. Muchos distritos de innovación se han localizado en zonas económicamente deprimidas de las ciudades y les han inyectado capital, lo que incrementa el valor de las propiedades, crea nuevas oportunidades de empleo local y mejora la calidad de la educación en las escuelas existentes. Además, han logrado promover un uso más intensivo del espacio urbano. Al concentrar los usos se promueve la densificación de la ciudad, la movilidad peatonal y la calidad del espacio público. Desde el punto de vista ambiental, los distritos de innovación pueden convertirse en modelos de desarrollo sustentable al hacer un uso efectivo de infraestructuras existentes, reutilizar edificaciones y reducir la emisión de gases al depender de nuevas formas de movilidad. Por último, los distritos de innovación han permitido la aparición de una arquitectura que propone nuevas formas de relacionar a sus usuarios, tanto dentro de espacios de trabajo como en nuevas formas de vivienda y espacios públicos.

Los distritos de innovación se fundamentan en procesos y mecanismos propios de las ciudades exitosas —proximidad, diversidad y concentración de infraestructuras de transporte y servicios— para la construcción de un ambiente controlado y dirigido a potenciar la creatividad latente en todo medio urbano. Han revalorizado el espacio público como lugar de encuentro e intercambio, y han logrado reorganizar y construir nuevas relaciones entre diferentes actores presentes en la ciudad, los cuales antes no necesariamente estaban vinculados. La buena gestión pública y la visión de ciudad de autoridades municipales han sido factores clave para su éxito, y elementos que pueden trasladarse a la realidad de la ciudad venezolana; sobre todo, si se tiene en mente que muchos distritos de innovación han surgido durante graves crisis económicas como herramientas para su superación.


Stefan Gzyl, arquitecto y profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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