La oferta pública inicial de Aramco

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Kingdom Center (Riad, Arabia Saudí). Fotografía: Hala Alghanim / Unsplash

El 3 de noviembre Aramco anunció una oferta pública, pero las acciones no se inscribirán en Nueva York o Londres sino en Tadawul, la bolsa saudí. La monarquía teme que algún grupo la demande por su presunto financiamiento de los actos terroristas de septiembre de 2001.

Carlos Jaramillo / 14 de noviembre de 2019


El pasado 3 de noviembre de 2019, luego de casi cuatro años de espera, la empresa petrolera nacional de Arabia Saudita, Aramco, anunció una oferta pública inicial (IPO, por sus siglas en inglés), con la esperanza de levantar unos sesenta millardos de dólares. Las acciones serán inscritas inicialmente en Tadawul, la bolsa local saudí, decisión que obedece a los laxos estándares de cumplimiento de derechos humanos del reino y la presunta participación de la monarquía saudí en el financiamiento de los actos terroristas de septiembre de 2001. La empresa podría resultar vulnerable a demandas de grupos que representan a las víctimas de tales actos, si cotizara en Nueva York o Londres.

Como en todo proceso de IPO habrá una serie de presentaciones a los potenciales inversionistas, banqueros de inversión y representantes de la prensa especializada (road show). Posteriormente, los interesados harán llegar sus ofertas de compra, con la indicación de precios y cantidades, en un proceso denominado book building. En ese momento se conocerán el porcentaje accionario colocado y la valoración patrimonial de la empresa.

El tema de la valoración patrimonial ha sido objeto de una gran polémica. Los representantes de Aramco ubican el valor en dos billones de dólares, en respuesta a las aspiraciones del príncipe Mohamed Bin Salmán, que desea levantar la cifra más cercana a cien millardos de dólares, sin ceder más del cinco por ciento del capital accionario de la empresa. Sin embargo, para los analistas de la industria petrolera, una valoración más realista se ubica entre 1,2 y 1,5 billones de dólares.

Se espera que el prospecto de la emisión comience a circular a partir del 9 de noviembre, y que las acciones debuten en bolsa en diciembre de 2019. Asimismo, se predice que la respuesta de los inversionistas locales será masiva, porque la suscripción de estas acciones se considera una mezcla de inversión y apoyo al príncipe Bin Salmán, quien ha hecho sentir su poder al confiscar activos de las élites empresariales saudíes que se le oponen.

Pero existe un gran signo de interrogación con respecto al interés de los inversionistas internacionales en estas acciones. Los grandes bancos de inversión estadounidenses hacen cabildeo ante los fondos soberanos, en particular los del mundo árabe, para incluirlos en el negocio.

La IPO de Aramco muestra aspectos interesantes del negocio petrolero en manos de un Estado nacional. Por ejemplo, para complacer la expectativa del príncipe sobre la valoración de la empresa hubo que 1) revisar a la baja los royalties que la empresa paga al gobierno saudí, 2) reducir el presupuesto de capital de la compañía en los próximos años y 3) prometer dividendos de 75 millardos de dólares anuales, para hacer sus flujos de pagos a los accionistas más cercanos a los de las multinacionales del sector que cotizan en bolsa.

A partir del 15 de enero de 2020 los royalties serán de quince por ciento, si el precio del crudo marcador Brent es inferior a setenta dólares por barril. La tasa subirá a 45 por ciento cuando el precio del marcador se ubique entre setenta y cien dólares, y se ubicará en ochenta por ciento cuando el precio supere los cien dólares. Aramco paga desde 2017 una tasa de impuesto de cincuenta por ciento. Su apalancamiento financiero (razón deuda/patrimonio) podría ubicarse entre cinco y quince por ciento, luego de la apertura accionaria a terceros, muy por debajo sus pares multinacionales.

Transparencia y rendición de cuentas, con un eficiente gobierno corporativo, son tareas a las cuales el gobernante de facto de Arabia Saudí y su clan de funcionarios se enfrentarán en los próximos años, si finalmente la IPO se materializa. La apertura económica sin apertura política es difícil de lograr. Los chinos y los árabes lo experimentan constantemente.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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