Madoff y Bankman-Fried: variaciones sobre un mismo tema

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Sam Bankman-Fried, fundador de la plataforma de intercambio de criptomonedas FTX, a su llegada, el 3 de enero de 2023, a la sede del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York.

Sam Bankman-Fried y sus empresas relacionadas han acaparado la atención de la prensa especializada por lo que parece ser un fraude de magnitudes milmillonarias. Este caso y el de Bernard Madoff tienen en común la personalidad carismática del líder de la empresa, la existencia de vacíos regulatorios y la ausencia de controles internos.


Todos los escándalos financieros se parecen, como las familias felices según León Tolstói. Desde finales de noviembre de 2022, Sam Bankman-Fried y sus empresas relacionadas —FTX, una plataforma de intercambio de criptomonedas, y Alameda, una empresa de corretaje de criptoactivos— han acaparado la atención de la prensa especializada, en lo que parece ser un fraude de magnitudes milmillonarias. Establecer un paralelismo entre este caso y el esquema Ponzi ejecutado por Bernard Madoff durante casi treinta años —y que salió a la luz en diciembre de 2008— es una tentación inevitable.

Un aspecto común a ambas situaciones es que fueron posibles debido al carisma de sus protagonistas. Madoff fue durante décadas un pilar de Wall Street, dueño de una empresa de corretaje líder del Nasdaq, y miembro de los directorios de numerosas organizaciones, con y sin fines de lucro. Por su parte, el joven Bankman-Fried era considerado un wunderkind, predestinado a transformar el criptomundo y, sobre todo, un paladín del desarrollo de regulaciones para evitar el caos que causaron sus empresas.

Sus rasgos carismáticos permitieron a ambos actores evitar durante un tiempo el escrutinio de sus contrapartes y hasta de los mismos organismos reguladores. Madoff captó cerca de 19.000 millones de dólares, aunque se negaba a responder preguntas básicas sobre cómo funcionaba su estrategia de inversión. Por su parte, Bankman-Fried recibió centenares de millones de dólares de importantes fondos de capital privado, que no hicieron las mínimas indagaciones sobre la estructura operativa o el gobierno de sus empresas.

¿Por qué unos inversionistas especializados son víctimas de estos fraudes? La respuesta es muy simple: codicia. Los proveedores de fondos de Madoff recibían las mejores comisiones del mercado, y los inversionistas de capital de riesgo que participaban en las empresas de Bankman-Fried tenían el temor de quedar fuera de los grandes negocios generados por las innovaciones impulsadas por el joven empresario.

El segundo rasgo común es la existencia de vacíos regulatorios. Madoff captó dinero de inversionistas de todo tipo mediante una firma que no estaba registrada como empresa autorizada para dar asesorías de inversión. En el caso de Bankman-Fried, no existían regulaciones que impidieran mezclar operaciones entre empresas relacionadas, como fue el caso de FTX y Alameda Research.

El tercer rasgo común es la ausencia de controles internos. Madoff creó una estructura operativa con fines evidentemente delictivos. La empresa era auditada por unos auditores externos que no tenían otros clientes. Los estados financieros emitidos a sus clientes no cumplían los estándares de la industria y las confirmaciones de las órdenes de compra y venta, que se efectuaban por cuenta de los clientes, llegaban a sus manos con considerable retraso.

En el caso de FTX los sistemas contables no se compadecían con los de una empresa de tal envergadura. Se movían grandes sumas de dinero con aprobaciones vía WhatsApp. Uno de los primeros problemas enfrentados por John J. Ray, el interventor a cargo del manejo de la quiebra de FTX y previamente la de la desaparecida Enron, fue reconstruir la contabilidad de la empresa. Bankman-Fried y sus colaboradores más cercanos eran un grupo con grandes habilidades técnicas y muy poco conocimiento de empresas complejas, con aproximaciones infantiles al riesgo y la rendición de cuentas.

No hay razones para pensar que FTX fue creada con propósitos fraudulentos, pero la evidencia anecdótica sugiere que sus fundadores-directores tenían limitaciones para instrumentar los sistemas de control que existen en el mundo financiero convencional. En los bancos de inversión —lo más parecido a algunas empresas del mundo de las criptomonedas— existen mecanismos de control para que los administradores no muevan de manera inconsulta los fondos de sus clientes, como resultado de décadas de experiencia en el ejercicio de funciones fiduciarias.

FTX no se ha nutrido de tal experiencia. Sam Bankman-Fried y sus colaboradores más cercanos usaban el dinero de la empresa como si fuese propio: compraron inmuebles y se otorgaron préstamos. También hicieron aportes a campañas políticas y usaron a personas famosas para endosar sus productos, lo cual a priori no es delito, pero tales gastos y contribuciones están sujetos a regulaciones que probablemente esta empresa no estaba en capacidad de cumplir y hacer cumplir a sus asociados, como es el caso de celebridades que publicitaban productos financieros sofisticados.

A diferencia de Bernard Madoff, que pasó años tratando de mantener a flote una quimera, Sam Bankman-Fried tenía muchos de los atributos requeridos para dar una contribución positiva al mundo de los criptoactivos. Lamentablemente, la toma excesiva de riesgo y el descontrol interno, tanto de FTX como de su relacionada Alameda Research, echaron a pique su proyecto.

Mucha gente se pregunta qué sucederá a los inversionistas y clientes en general que se vieron afectados por la quiebra de FTX. De nuevo vale la pena buscar algunas respuestas en el caso Madoff. A finales de 2022 se había recuperado el 87 por ciento de los fondos apropiados, cerca de 14.500 millones de dólares.

¿De dónde salió el dinero? De una extraordinaria gestión de cobro liderada por Irving H. Picard, socio de BakerHostetler, una firma de abogados especializada en bancarrotas. Picard contactó a todos los que se habían beneficiado de los manejos de Madoff, incluidos parientes que aportaron un patrimonio de 800 millones de dólares, los grandes intermediarios de fondos europeos que cobraban comisiones por traer clientes al grupo (que devolvieron alrededor de 8.000 millones de dólares) y JP Morgan (cerca de 4.000 millones de dólares producto de una multa por no hacer seguimiento al origen y uso de los fondos que Madoff depositó en esa institución). Adicionalmente, varios miles de clientes tuvieron que devolver los beneficios obtenidos producto del fraude. Nadie puede beneficiarse de una estafa, aunque se haya realizado sin su participación.

Es prematuro saber cuánto se recuperará del hueco de 10.000 millones de dólares faltantes en los balances de FTX. Esta empresa tiene importantes inversiones accionarias en el sector de criptoactivos, que cubrirán parte de esas pérdidas. Además, deben existir activos inmobiliarios y depósitos en criptomonedas en custodia de terceros, que se identificarán con el paso del tiempo.

Bernard Madoff recibió una condena de 150 años y falleció en prisión en abril de 2021. El juicio a Sam Bankman-Fried comenzará el 2 de octubre de 2023. A diferencia del caso Madoff, en el cual el resto de los indiciados eran empleados de menor rango que seguían instrucciones directas del dueño de la empresa, en esta situación son accionistas y ejecutivos principales del grupo y de Alameda Research, algunos de los cuales están colaborando con las investigaciones con el objeto de recibir un trato benigno en sus juicios. A este caso le queda mucha tela por cortar y a los organismos reguladores mucho por aprender.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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