¿Por qué los acreedores privados no parecen preocupados por la insolvencia de los países emergentes?

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Imagen: Jack Moreh / Stockvault

Es posible que, como consecuencia de la pandemia, algunos países emergentes enfrenten problemas para pagar sus deudas soberanas. Sin embargo, los grandes acreedores privados no han mostrado particular preocupación. Cinco factores podrían explicar esta conducta.

Carlos Jaramillo / 22 de abril de 2021


 

El economista Mohamed El-Erian aporta siempre agudos análisis sobre los mercados financieros internacionales. El más reciente se refiere al papel que deben desempeñar los inversionistas privados en posibles eventos de insolvencia soberana, que podrían suceder como consecuencia de la pandemia.

Para nadie es un secreto que será muy desigual la recuperación económica que se espera luego de la covid-19. Mientras que las economías desarrolladas llegarán a 2024 con un PIB de apenas uno por ciento menos que en 2019, en los mercados emergentes esta brecha puede llegar a cuatro por ciento.

Si se cumplen estas predicciones habrá algunos eventos de insolvencia soberana, que podrían resolverse con mayor éxito si, desde ahora, comienzan a vislumbrarse mecanismos para que en la restructuración participen acreedores tanto públicos como privados. Para comenzar, El-Erian no percibe que los grandes inversionistas institucionales, a diferencia de los organismos multilaterales o los gobiernos de los países desarrollados, se planteen la necesidad de participar en un plan de refinanciamiento de deuda soberana de algún país emergente.

¿Por qué los acreedores privados no han mostrado particular preocupación por este tema? Hay cinco factores que podrían explicar esta conducta:

  1. La experiencia en eventos de insolvencia soberana, en los cuales los organismos oficiales han tomado para sí el peso de resolver la situación.
  2. La actitud vacilante de los países deudores que temen que, si presionan a los acreedores privados para que asuman una mayor parte de los costos de la restructuración de deuda, se terminen por cerrar las puertas al crédito internacional no para solo el sector público sino para las empresas privadas nacionales.
  3. La falta de mecanismos simples para coordinar una enorme variedad de acreedores, poseedores de múltiples instrumentos de créditos. A esto se añade la presencia de nuevos acreedores, como la banca china, que al momento de tratar los casos de insolvencia posee enfoques no muy bien vistos por sus contrapartes occidentales.
  4. El hecho de que entre los años 2023 y 2024 habrá una gran concentración de vencimientos de bonos soberanos de países emergentes: deberán cancelarse los valores faciales de tales instrumentos o ser sustituidos por nuevos títulos de deuda. Algunos esperan mejoras de la economía mundial que pudieran aumentar la capacidad de pagos de países que, en este momento, comienzan a dar señales tempranas de insolvencia.
  5. El riesgo sistémico: los problemas que afectan a los títulos financieros de los mercados emergentes deprimen los precios de muchos activos financieros de países desarrollados, por lo cual los inversionistas institucionales suponen que —sin importar lo que hagan— pagarán inevitablemente —aunque sea de manera indirecta— una fracción del costo de las crisis de deuda soberanas.

 

Para El-Erian el hecho de que hasta ahora no se haya producido una crisis de insolvencia de deuda de los mercados emergentes —gracias a los programas de inyección de liquidez de los bancos centrales de los países desarrollados— no es excusa para que los inversionistas institucionales privados adopten una actitud pasiva frente a los activos financieros que adquieren. Ahora más que nunca deben manejar activamente los riegos que asumen al comprar títulos de deuda de mercados emergentes. Este escrutinio es necesario para evitar una depresión generalizada e indiscriminada de los precios de los instrumentos de renta fija de las naciones en desarrollo.

Una economía mundial más resiliente requiere que los acreedores tanto públicos como privados participen activamente en la gestión de riesgos de los títulos que adquieren.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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