Robinhood: ¿robar a los ricos?

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En los días siguientes a su salida, las acciones de Robinhood se han comportado como las clásicas «acciones meme» que han ayudado a popularizar. Un seguimiento cercano del comportamiento de la empresa ofrece grandes lecciones sobre el proceso de democratización del mercado accionario estadounidense.

Carlos Jaramillo / 12 de agosto de 2021


 

El pasado 29 de julio de 2021 Robinhood —la compañía de servicios financieros más disruptiva a partir de la pandemia— comenzó a cotizar en Nasdaq. Un atractivo que encuentran quienes compran acciones y opciones por medio de su plataforma es que pueden realizar estas operaciones sin pagar comisiones. El modelo de negocio de esta empresa se basa, como fuente principal de ingresos, en el pago que recibe de los intermediarios con los cuales canaliza las operaciones de compra y venta de sus clientes.

El valor de cada acción de Robinhood, asignado en la oferta pública inicial (OPI), fue 38 dólares, el menor de un rango que oscilaba entre 38 y 43 dólares. En el primer día de mercado secundario, la acción abrió con una caída de ocho por ciento (35 dólares), hecho un tanto desconcertante; aunque siempre es posible una corrección de precios, sobre todo cuando el veinte por ciento de los títulos se coloca entre pequeños inversionistas que, a diferencia de los actores institucionales, no se comprometen a mantener las acciones adquiridas en la OPI por un plazo mínimo no inferior a treinta días. El precio estimado de la empresa gracias a la OPI fue 32.000 millones de dólares.

El fin de semana siguiente a su debut los especialistas cuestionaron duramente el precio fijado en la OPI; en particular, el hecho de que la compañía no haya desarrollado otras fuentes de ingresos derivadas de su relación con sus 22,5 millones de clientes, distintas a la del pago de los intermediarios. Esta historia pica y se extiende, porque el miércoles 4 de agosto el precio de la acción subió cincuenta por ciento en una jornada, lo que activó los clásicos mecanismos de suspensión de transacciones varias veces a lo largo del día, como se acostumbra en estos casos. A un precio de cierre de 70,39 dólares, el capital de la empresa vale alrededor de 58.900 millones de dólares.

¿La razón de la subida? Nadie la conoce. Se supone que los precios de las acciones de Robinhood viven el mismo fenómeno que otras acciones transadas masivamente en su plataforma, como la cadena de cines AMC.

Un grupo de pequeños inversionistas ha decidido apostar al alza con señales emitidas en las redes sociales; algunas funcionan casi como chistes privados entre un influencer y su horda de seguidores. Otros han respondido al hecho de que algunos manejadores de fondos profesionales, como Cathie Wood, del Ark Invest Fund, encontraron el precio inicial del mercado secundario extremadamente atractivo. Muchos de esos pequeños inversionistas compran opciones (call) sobre la acción, y quienes se las venden cubren sus riegos con la compra de los títulos valores subyacentes; es decir, las acciones de Robinhood.

En la ecología de los mercados financieros los peces grandes terminan por comerse a los pequeños. Un mercado de tanta volatilidad como el de las llamadas «acciones meme» —que deben su nombre a esos mensajes que se emiten en las redes sociales— es muy atractivo para quienes venden opciones, generalmente inversionistas profesionales, a precios muy altos, a especuladores poco formados, que por lo general hacen apuestas de baja magnitud anhelando grandes ganancias en plazos cortos.

El tema de las acciones meme es particularmente apasionante por la cantidad de inquietudes que levanta, entre las cuales vale la pena mencionar las siguientes: ¿son los meme mecanismos de manipulación de precios? ¿Hasta dónde llegan las responsabilidades fiduciarias de los reguladores con los pequeños inversionistas que transan en estos mercados? ¿Cómo afecta a los accionistas de largo plazo de las empresas meme todo el ruido producido alrededor del precio de la acción?

El modelo de negocio de Robinhood explota la expectativa de democratizar los mercados de capitales, al permitir a los pequeños inversionistas acceder de manera muy económica a los mercados. Los creadores de esta plataforma no inventaron el movimiento de las acciones meme, pero han facilitado a estos grupos el acceso a los instrumentos financieros requeridos para llevar a cabo sus estrategias de inversión. En este proceso de democratización acelerado, con ese alto volumen de transacciones evidentemente especulativas, se corre el peligro que los desinformados sean, como siempre, la carroña de los actores especializados. No creo que fuera eso lo que tenía en mente Robin Hood, cuando jugaba a la redistribución en los bosques de Sherwood.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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