Todo es prestado

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Imagen de Luis Wilker WilkerNet en Pixabay

Los Agnelli, propietarios del Grupo Fiat, entendieron que, para sobrevivir, las empresas familiares deben poseer un capital de reserva que permita no solo diversificar la riqueza de la familia sino también reinyectarla en los negocios si hace falta. Los beneficios acumulados por la empresa son «préstamos» otorgados a los miembros de la familia, que los devolverán a las siguientes generaciones si así lo deciden.

Carlos Jaramillo / 30 de julio de 2021


 

«Todo en la vida es prestado, todo». Esta frase se la atribuyen a Giovanni Agnelli, el empresario italiano que dirigió el Grupo Fiat entre 1966 y 1996. Como todo líder de un grupo familiar, l’Avvocato (el abogado), nombre con el que se le conocía en Italia, dedicó buena parte de su carrera a dos temas clave: resolver las crisis económicas que cada tanto tiempo ponían en peligro la estabilidad de su imperio y asegurar el apoyo de sus parientes, mediante estructuras de gobierno familiar que le garantizasen el poder para tomar las decisiones relevantes.

Si algo tuvieron claro los Agnelli desde los inicios de la industria automotriz fue que no era posible acometer las inversiones necesarias para mantener una posición competitiva sin contar con una base de accionistas no familiares, excelentes relaciones bancarias y un capital de reserva que pudiera no solo diversificar la riqueza de la familia sino también reinyectarse en el grupo automotriz si hiciese falta.

Para mantener bajo control a los accionistas no familiares, los Agnelli aseguraron siempre dos condiciones: el treinta por ciento de las acciones de Fiat y el apoyo de grupos económicos relacionados que votaban de la misma manera que ellos. Para garantizar la disponibilidad del capital de reserva crearon, en 1927, un holding para invertir los dividendos producidos por el negocio principal: el Instituto Financiero Industrial (IFI).

La cultura familiar, de naturaleza muy jerárquica, concentraba en el líder generacional las decisiones estratégicas, pero permitía que en el gobierno interno del IFI se oyesen las opiniones (no vinculantes) de todos los accionistas familiares. En la medida en que los negocios lo permitían, los dividendos repartidos eran suficientes para satisfacer las necesidades económicas de los accionistas.

Cuando un miembro de la familia decidía vender sus acciones tenía la obligación de hacerlo dentro del seno familiar. En los años sesenta del siglo pasado, cuando comenzaron a cosechar los frutos de la recuperación de posguerra, los Agnelli adoptaron una estrategia de expansión en diversas áreas de actividad económica, tanto en Italia como en el resto del mundo. Pese al éxito logrado previamente, tales adquisiciones requerían una cantidad de dinero mayor que la acumulada en el IFI hasta ese momento (1968). Para levantar fondos utilizaron la figura de acciones preferentes, sin derecho a voto, emitidas en el mercado de valores italiano.

Durante el periodo 1970-2000 hubo momentos de gran prosperidad para el grupo, y en otros estuvieron al borde de declarar a Fiat en bancarrota. Los miembros del grupo familiar inyectaron disciplinadamente recursos del IFI en el negocio automotriz; pero dejaron claro que no siempre estarían interesados en financiar los cambios tecnológicos de esta industria, pues eso implicaría concentrar excesivamente el riego de su cartera de inversiones.

L’Avvocato Agnelli, aunque todo poderoso, no era sordo y oyó a sus parientes. Por ello se propuso encontrar un titán automotriz con quien compartir las grandes inversiones que se requerían en activos fijos e investigación y desarrollo. Coquetearon con Ford en los años setenta, con General Motors a comienzos de este siglo y más tarde compraron Chrysler.

En enero de 2021 John Elkann, líder de la quinta generación Agnelli, logró cumplir el mandato familiar al fusionar Fiat con el grupo Peugeot y formar Stellantis, la cuarta empresa de este sector, que emplea 400.000 personas y aglutina las marcas Jeep, Ram Trucks, Alfa Romeo y Maserati. El consorcio de inversión IFI cambió de nombre en 1993 y hoy se llama Exor, un conglomerado que cotiza en bolsa y del cual los Agnelli siguen siendo los principales accionistas. En el año 2020 generaron ingresos por el orden de 120.000 millones de euros y ocupan, en una lista de ventas, el puesto vigésimo octavo del mundo.

L’Avvocato tenía razón: todo es prestado. El reto consiste en devolver más de lo recibido.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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