
El dólar se ha debilitado en los últimos doce meses, a pesar de que la economía de Estados Unidos crece y de que el rendimiento de los bonos del Tesoro es positivo. La dinámica política de este país ha comenzado a producir comportamientos económicos paradójicos.
El dólar sigue dando dolores de cabeza a la industria de la inversión. Todo se debe a la impredecible política fiscal estadounidense. La divisa ha caído un 1,3 por ciento en lo que va de 2026 frente a una cesta de monedas de los principales socios comerciales de Estados Unidos. Había caído un 9 por ciento en 2025 y se mantiene cerca de su valor mínimo de los últimos cuatro años.
El valor de la divisa estadounidense fluctúa siguiendo fundamentos económicos tradicionales como la tasa esperada del crecimiento de la economía o los cambios en las expectativas sobre las tasas de interés. Pero, últimamente, ha comenzado también a responder a las dinámicas de la política estadounidense.
La dinámica política ha comenzado a producir comportamientos económicos un tanto paradójicos. Por un lado, los analistas de los bancos de inversión han revisado al alza sus previsiones de crecimiento económico de Estados Unidos —del 2 al 2,4 por ciento— ante la expectativa de que el Gobierno de Trump impulse la economía de cara a las elecciones legislativas de noviembre, mientras que el rendimiento a corto plazo de los bonos del Tesoro es mayor que el de sus homólogos de los países desarrollados, lo que normalmente sugeriría un apuntalamiento del valor de la divisa estadounidense. Sin embargo, ha ocurrido lo contrario: una pérdida de valor del dólar. Este no es un mal de morir, pero la divergencia con respecto a las correlaciones habituales sugiere que hay que analizar el mercado de divisas desde una nueva perspectiva.
Es difícil encontrar mercados alternativos al estadounidense que puedan absorber cómodamente grandes volúmenes de liquidez.
Un grupo de técnicos del Gobierno de Trump ve una devaluación del dólar como algo positivo, pues contribuiría a un renacimiento del empleo manufacturero en Estados Unidos. Tal expectativa de un posible impulso de la industria estadounidense es solo una hipótesis de trabajo, pero lo cierto es que a los inversionistas internacionales (que no tienen al dólar como moneda de origen) les preocupa cómo tratar a los activos estadounidenses en los próximos años.
Durante las dos últimas décadas, los mercados financieros estadounidenses han sido el lugar de refugio por excelencia de los grandes inversionistas internacionales, entre los que se encuentran fondos soberanos y de pensiones. Con un dólar fuerte, estas instituciones no tenían que preocuparse del riesgo cambiario. Pero ahora la situación es diferente: es difícil encontrar mercados alternativos al estadounidense que puedan absorber cómodamente grandes volúmenes de liquidez. Cambiar la manera de pensar de quienes han manejado las inversiones en Estados Unidos y presionarlos para que exploren oportunidades en Europa o Asia no es tarea sencilla.
Los inversionistas internacionales seguramente no renunciarán a poseer activos estadounidenses, pero deberán aceptar que necesitan comprar coberturas cambiarias. No es de extrañar que una encuesta realizada a mediados de febrero de este año por Bank of America con un grupo de administradores de fondos internacionales muestre que su expectativa con respecto al valor del dólar sea la más negativa de los últimos cinco años.
Esto se refleja también en los mercados a futuro de divisas: un aumento de las apuestas de que el dólar se seguirá devaluando. Aunque las tasas de interés estadounidenses se mantienen por encima de las de la eurozona y Japón, los operadores de los mercados financieros anticipan que la brecha se reducirá y se espera que la Reserva Federal las recorte dos veces en 2026, lo que presionará al dólar a la baja.
La introducción del riesgo de devaluación del dólar en la ecuación de los inversionistas internacionales no es un elemento nuevo, solo que la fortaleza de la economía estadounidense había hecho olvidarlo.
Esto se refleja también en los mercados a futuro de divisas: un aumento de las apuestas de que el dólar se seguirá devaluando. Aunque las tasas de interés estadounidenses se mantienen por encima de las de la eurozona y Japón, los operadores de los mercados financieros anticipan que la brecha se reducirá y se espera que la Reserva Federal las recorte dos veces en 2026, lo que presionará al dólar a la baja.
Un factor que podría aliviar las presiones sobre el dólar es la nominación de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal, dada su fama de economista ortodoxo que podrá hacer frente a las presiones del presidente Trump para que bajen las tasas de interés. Pero, conociendo al presidente estadounidense, lo más probable es que se mantengan sus exigencias de recortar las tasas de interés, a menos que un repunte inflacionario lo deje sin argumentos.
La introducción del riesgo de devaluación del dólar en la ecuación de los inversionistas internacionales no es un elemento nuevo, solo que la fortaleza de la economía estadounidense había hecho olvidarlo. Entonces es hora de revisar los antecedentes y buscar opciones para esta nueva realidad.
Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA
Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.
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