Los títulos de deuda pública del Reino Unido constituyen el quinto mercado de renta fija soberana del mundo, aunque han perdido estabilidad y disponibilidad. Un inversionista mediano en Latinoamérica debería preocuparse por el mercado de deuda de ese país porque en un entorno globalizado cualquier factor disruptivo tarde o temprano afecta el resto de los mercados financieros del planeta.
Para muchos inversionistas latinoamericanos, los títulos de deuda pública del Gobierno del Reino Unido, comúnmente conocidos como gilts, son hasta cierto punto instrumentos exóticos, simplemente porque no suelen tener posiciones en libras. Con un monto de títulos en circulación del orden de 3,4 billones de dólares, equivalente al 8,7 por ciento del mercado de deuda pública estadounidense, es el quinto mercado de renta fija soberana del mundo.
Cualquier inversionista bien informado debería seguir la evolución del mercado británico de deuda soberana, independientemente de que esté expuesto a él o no. Los retos de la gestión de la deuda pública de este país dejan grandes lecciones sobre el funcionamiento de los mercados globales de renta fija.
En opinión de Mohamed El-Erian, conocido académico en el área de gestión de carteras institucionales, la deuda soberana del Reino Unido se ha convertido en una categoría de activos que «reacciona de forma desproporcionada ante la menor provocación».[1] La rentabilidad adicional de los bonos del Tesoro británico a diez años, en comparación con sus homólogos alemanes, aumentó desde aproximadamente 1,65 puntos porcentuales justo antes del estallido del conflicto con Irán hasta un máximo intradiario de 1,95 puntos. Asimismo, su diferencial con los bonos del Tesoro estadounidense se amplió de 0,34 a 0,61 puntos porcentuales durante el mismo período.
Sin un mercado de bonos estable que sirva de respaldo, el sistema financiero británico tiene dificultades para proporcionar capital de riesgo a las empresas en expansión que el Reino Unido necesita.
La volatilidad diaria de los rendimientos de estos instrumentos también fue más pronunciada que en períodos anteriores. Para el Gobierno británico, la disminución del estatus de «activo seguro» de los gilts implica tener que pagar los costos de intereses derivados de una prima de riesgo que refleja, en parte, el aumento de la volatilidad.
Esto ocurre en un momento en que los servicios públicos están sobrecargados, la carga tributaria es la mayor en varias décadas y el margen fiscal se ha reducido. De mantenerse la volatilidad de los títulos de deuda, se verá afectado el mercado hipotecario no solo por el alza de las tasas hipotecarias, sino también por la inestable disponibilidad de productos crediticios.
La volatilidad de precios del mercado de deuda hace menos predecible el costo de capital que los empresarios toman en cuenta para evaluar sus proyectos de inversión. Esto sucede cuando el Reino Unido desea acometer inversiones en innovaciones que impulsan la productividad en inteligencia artificial y tecnologías verdes. Sin un mercado de bonos estable que sirva de respaldo, el sistema financiero británico tiene dificultades para proporcionar capital de riesgo a las empresas en expansión que el Reino Unido necesita.
¿Cuáles son las causas de la inestabilidad del mercado de deuda soberana británica? Como es de esperar, no hay una explicación sencilla para este fenómeno. En primer lugar, el entorno internacional se ha vuelto más problemático. Un ejemplo de ello es cómo la guerra entre Irán y Estados Unidos e Israel ha disparado las expectativas inflacionarias, lo que ha obligado a los inversionistas en bonos a exigir mayores compensaciones para verse motivados a comprar gilts.
La deuda soberana del Reino Unido se ha convertido en una categoría de activos que «reacciona de forma desproporcionada ante la menor provocación».
En segundo lugar, los sucesivos Gobiernos británicos no lograron crear condiciones para garantizar la sostenibilidad de la deuda pública. No lograron hacer crecer la economía y siguieron endeudándose sin mayor control, lo que quedó claramente reflejado en septiembre de 2022 con la crisis presupuestaria del Gobierno de Liz Truss, que puso al descubierto las vulnerabilidades estructurales del sistema financiero británico: pretendía hacer una reducción masiva de impuestos para estimular la economía sin explicar de donde saldrían los recursos.
Los mercados supusieron que la deuda pública seguiría aumentando, lo que trajo consigo una devaluación de la libra esterlina y un aumento de las tasas de interés. Se creó tal caos que Truss se vio obligada a renunciar a 45 días del comienzo de su gestión como primera ministra.
Afortunadamente, en este complejo contexto económico, el Banco de Inglaterra cumplió a cabalidad su rol estabilizador. Aumentó las tasas de interés cuando era pertinente hacerlo, pese a las críticas de la opinión pública.
Reestructurar el mercado de bonos del Estado es un requisito indispensable para promover la prosperidad nacional. Si el Reino Unido desea escapar de la trampa del crecimiento insuficiente, la baja productividad y la fragilidad fiscal, necesita restaurar el papel estabilizador del mercado, lo que requiere disciplina fiscal y monetaria sostenible en el tiempo.
Los británicos han entendido que un mercado de deuda estable requiere un sistema financiero nacional lo suficientemente sólido para respaldar el crecimiento de las empresas británicas. Para ello, los bancos comerciales deben apuntalar el mercado de financiamiento a corto plazo y estar preparados operativamente para acceder a los mecanismos de provisión de liquidez del Banco de Inglaterra, así como acumular reservas de capital contracíclicas que permitan al sistema financiero absorber las perturbaciones del entorno en lugar de agravarlas.
Si el Reino Unido desea escapar de la trampa del crecimiento insuficiente, la baja productividad y la fragilidad fiscal, necesita restaurar el papel estabilizador del mercado, lo que requiere disciplina fiscal y monetaria sostenible en el tiempo.
Esto podría complementarse con incentivos para diversificar gradualmente la base de inversionistas en gilts y llevar a cabo reformas de los fondos de pensiones que orienten las decisiones de asignación de activos hacia estrategias menos volátiles. Los fondos de pensiones británicos han usado tradicionalmente una estrategia de inversión denominada «inversión impulsada por pasivos» (LDI), que calza los flujos de pago a los pensionados con el vencimiento de los gilts que mantienen en sus carteras de inversión; para ello, a menudo emplean apalancamiento como protección contra los riesgos de tasas de interés e inflación.
Tras la crisis presupuestaria británica de 2022, el rápido aumento de los rendimientos de los gilts causó una escasez de garantías, lo que obligó a realizar ventas forzadas y requirió la intervención del Banco de Inglaterra para estabilizar el mercado. Situaciones muy similares están viviendo los mercados de deuda soberana de Italia y Francia, a tal punto que se acuñó recientemente el término financiero BIF (Britain —Gran Bretaña—, Italia, Francia) para denominar los problemas de gestión del costo de la deuda de oferta pública de estos países europeos.
¿Por qué un inversionista mediano en Latinoamérica debería preocuparse por el mercado de deuda del Reino Unido y, por extensión, el grupo BIF? Porque en un entorno globalizado, financieramente hablando, cualquier factor disruptivo tarde o temprano afecta el resto de los mercados financieros del planeta.
Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA
Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.
Suscríbase aquí al boletín de novedades (gratuito) de Debates IESA.
Nota
[1] El-Erian, M. (2026, 13 de abril). Who lost the UK bond market? Financial Times. https://www.ft.com/content/4b258818-4935-4507-b554-bccc5fd05b66?syn-25a6b1a6=1







