
La inteligencia artificial llegó para quedarse. Opiniones expertas aseguran que es una herramienta clave para potenciar procesos en el mundo empresarial. Su transversalidad total en la sociedad es inminente. El mayor riesgo será no usarla y prepararse no es opcional, sino un mandato.
El debate sobre el uso de la inteligencia artificial (IA) apenas comienza, pese a la extensa cobertura con que cuenta y a una larga tela por cortar que se pierde de vista. Sus defensores y detractores enfilan sus argumentos sin lograr puntos de encuentro muy concretos.
Los temores en torno al desplazamiento o la sustitución masiva de personas por máquinas «pensantes» están convirtiéndose en una preocupación de la que ningún espacio de la sociedad escapa. Eso sí, ambos extremos están conscientes de que la IA está lejos de ser una moda.
Por primera vez en la historia el activo más productivo de la economía crea menos puestos de trabajo, y no más, se afirma en el informe La crisis global de inteligencia 2028, elaborado por Citrini Research y que puso a temblar a los mercados. Pero otros análisis consideran que, bien empleada, la IA equilibrará las fuerzas productivas de las empresas y se ocupará de trabajos repetitivos. Entonces, lejos de ocasionar temores, promete un binomio beneficioso: un «ganar-ganar».
Tres conocedores de la materia, egresados de la maestría en Administración del IESA, dieron a conocer sus experiencias sobre el uso de la IA en empresas que asesoran. La describen como una pieza más en el engranaje empresarial e industrial que viene a aportar soluciones, lejos de una lucha sin cuartel con la labor humana.
Potencialidades de la IA
«La IA no llega para sustituir a las personas», afirmó Antonio Rivero Vázquez, profesor del Tecnológico de Monterrey, cofundador y presidente de e-Kontrol Consulting, en «La inteligencia artificial sin filtros», el más reciente episodio de Conectando Experiencias IESA Alumni, moderado por el profesor del IESA Hernán Rosas.
Rivero compara la situación con la llegada de la industria 3.0 de internet, que atemorizó al mundo. Para el docente y consultor, la IA se perfila como una herramienta más de incremento de eficiencia y toma de decisiones.
El primer paso, dice, es evaluar a la empresa para identificar los procesos repetitivos que ocupan a muchas personas y que requieren una decisión o una opinión. Especialista en cadenas de suministro, Rivero explica que en las operaciones de almacenamiento, por ejemplo, el encargado de la bodega que asigna las tareas (tasker), aunque dispone de un sistema de gestión de almacenes, siempre tiene labores que asigna manualmente. En este caso, la IA puede ayudar a ese gerente a tomar mejores decisiones de asignación. La IA podría emplearse también en el área comercial, para relaciones con clientes, automatización de análisis de inventarios, planificación de reposiciones y una larga lista de otras actividades.
Carmen Luisa Cárdenas coincide con Rivero en que la intención del uso de la IA no es reducir personal, sino aumentar la eficiencia. Cárdenas es directora de la empresa IGSA Medical, ubicada en México, y es graduada en la Universidad Nacional Experimental del Táchira y titulada en Mercadeo en la Escuela de Gerencia Kellogg de la Universidad de Northwestern. Cárdenas está satisfecha porque esa intención puede notarse en los modelos que finalmente crearon en IGSA Medical con la misma gente.
Un elemento para la convivencia con la IA es no subestimar el cambio. Hay dos factores clave: el temor a ser sustituido y la aprehensión a salir de la zona de confort.
Cárdenas considera la posibilidad de adoptar en la empresa que coordina una organización híbrida en la que los seres humanos compartan con agentes virtuales. Insiste en que el objetivo es trabajar por una verdadera integración.
Destaca que la IA viene a mejorar la calidad de las decisiones, hacerlas más efectivas, más productivas, más eficientes, lo que al final se traduciría en rentabilidad, que es el objetivo de toda empresa. Cárdenas está convencida de que ese es el camino que debe transitarse.
Resistirse a la IA: el gran error
José de Pool opina, en sintonía con los otros expertos, que la IA no viene a reemplazar personas, sino a amplificar lo que pueden hacer. De Pool es fundador de Tudata.now.com, dedicada a dar soporte a las empresas para convertir datos dispersos e inaccesibles en información clara y práctica que permita tomar mejores decisiones.
Un elemento para la convivencia con la IA es, según de Pool, no subestimar el cambio. Identifica dos factores clave: el temor a ser sustituido y la aprehensión a salir de la zona de confort. La resistencia siempre es normal en cualquier cambio de procesos, pero se debe y se puede manejar eficazmente con las estrategias adecuadas. Con su amplia experiencia, asegura que una manera de manejar esa resistencia es hacer que las personas participen en el proyecto y vean su aporte a ese nuevo proceso.
Antonio Rivero Vázquez, por su parte, considera que la resistencia al cambio es el principal reto que tiene cualquier proyecto, y con la IA no es diferente. Su preocupación, sin embargo, va más allá de esto y, lapidariamente, advierte que quienes deben preocuparse son las personas que no utilizan la IA. En este punto es donde los colaboradores tienen que preocuparse por perder sus trabajos o enfrentar limitaciones para el crecimiento en la empresa: «Entonces este es el mensaje y lo repito en cada foro, inclusive en cada proyecto: abracen la inteligencia artificial, no le tengan miedo, utilícenla, hagan, equivóquense, porque también se van a equivocar».
La información propia de las organizaciones puede ser gestionada por agentes de IA internos y almacenada en nubes privadas con mecanismos de seguridad.
De Pool va más allá de la necesidad de desprenderse del temor y la resistencia a la IA. En su opinión es fundamental que el aprendizaje sea una responsabilidad individual. Esta es una tendencia que abarcará todos los ámbitos y, por ello, las personas no pueden esperar que la empresa los entrene, sino que cada quien debe asumir los costos de esa preparación, porque al final del camino será obligante.
Otro temor: confidencialidad y seguridad
Hernán Rosas, moderador del foro, puso sobre la mesa un nuevo temor, relativo a la seguridad de los sistemas y la confidencialidad de la información estratégica de las empresas.
Antonio Rivero Vásquez apuntó que este temor es, en buena medida, infundado. La información propia de las organizaciones puede ser gestionada por agentes de IA internos y almacenada en nubes privadas con mecanismos de seguridad.
Los modelos de IA abiertos, como ChatGPT o Copilot, tienen acceso a información pública y no se usan para gestionar datos privados, porque son susceptibles a «alucinaciones»: al no contar con información completa o exacta, pueden elaborar respuestas inventadas e, incluso, incorrectas. Por ese motivo, Rivero advirtió: «Como se suele decir, la inteligencia artificial se las sabe todas, y si no se las sabe, puede inventarlas».
Para José de Pool uno los puntos más delicados en materia de ciberseguridad es la integración, con el uso de una interfaz de programación de aplicaciones (API) que implica interconectar sistemas: «Lo importante es que quien diseñe la solución sea cuidadoso de no exponer las credenciales de los sistemas de datos privados, porque los casos más graves que han ocurrido de este tipo de ataques se han producido porque a una herramienta utilizada, bien sea para el desarrollo del software o para consultas, se le incluye esa credencial que permite abrir la llave de los datos y que, al hacerlo, pudiera permitir que la información confidencial se haga pública».

¿Es rentable la inteligencia artificial?
En términos teóricos, la IA podría ser rentable por definición, debido a la cantidad de ahorros que puede inducir, al reducir gastos administrativos, acelerar procesos e, incluso, incrementar el rendimiento de algunas tareas repetitivas en el contexto laboral. Sin embargo, la realidad parece ser menos auspiciosa, al menos, por ahora.
El profesor Hernán Rosas destacó que más del ochenta por ciento de las empresas que integran la lista Fortune 500 se han montado en la ola de la IA, pero solo entre cinco y diez por ciento han obtenido utilidades rápidas de su adopción. La gran pregunta, entonces, es: ¿cómo hacer que la IA produzca dividendos?
Carmen Luisa Cárdenas tiene una óptica distinta basada en su experiencia particular: todas las iniciativas de adopción de IA en su organización han aportado rentabilidad sobre la inversión. Afirmó que la rentabilidad es no solo financiera, sino también operativa, porque los procesos se hacen más eficientes y ocurre un círculo virtuoso en el que la IA incide directamente en lo operativo y también en lo financiero.
José de Pool puntualizó un elemento clave: al bajar los costos de implantación, con modelos de IA ya desarrollados, obviamente la rentabilidad es mayor. Estos costos son cada vez menores porque los modelos son más económicos: cada vez existen más herramientas que aceleran los desarrollos de soluciones. «Si antes se debían invertir tres meses de trabajo en desarrollar una solución, ahora en mes y medio o hasta en un mes o menos esa solución se puede implementar. Lo que toma más tiempo no es el desarrollo, sino la adaptación al cambio dentro de la empresa; por lo tanto, el retorno de la inversión es cada vez más fácil de obtener», señaló.
Más del ochenta por ciento de las empresas que integran el ranking Fortune 500 se han montado en la ola de la IA, pero solo entre cinco y diez por ciento han derivado utilidades rápidas de su adopción.
La inteligencia artificial en Venezuela
Los expertos coinciden en que ya existe cierto nivel de estandarización de costos a escala internacional para la incorporación de herramientas basadas en IA. Sin embargo, Venezuela presenta particularidades por problemas del entorno, como la calidad de los servicios de conectividad o la inestabilidad del suministro de energía eléctrica, que constituyen obstáculos relevantes para el funcionamiento óptimo de plataformas tecnológicas. La resiliencia de los empresarios venezolanos ha hecho que estos problemas se resuelvan, aunque a costos elevados, con la instalación de plantas eléctricas, por ejemplo.
La IA: insoslayable
A la solicitud del moderador, Hernán Rosas, de una reflexión final los ponentes se centraron en la relevancia estratégica de la IA.
La IA no debe verse como un asunto tecnológico, sino como una estrategia de negocios, aclara Antonio Rivero Vásquez. Señala que los procesos de adopción son integrales y afectan a toda la organización, por lo que es necesaria, desde el principio del proyecto, la participación de todas las áreas funcionales de la organización. Rivero insistió en que «la inteligencia artificial no es solo una tendencia tecnológica. Creo que es una segunda tecnología o es una solución que va a permitir operar con mayor visibilidad, mayor velocidad y tomar mejores decisiones y con mayor velocidad. La clave es comenzar, dar ese primer paso con casos concretos, aprender rápido y escalar».
«La verdad es que la IA no se trata de la tecnología, sino de cómo evolucionar en la forma como operamos y decidimos como grupo u organización. Entonces, esto es lo más claro de la inteligencia artificial, es decir, su capacidad para ayudarnos a generar eficiencias en el futuro y decidir cómo nos transformarnos en una mejor organización», concluyó Carmen Luisa Cárdenas.
José de Pool hizo la siguiente propuesta: «Mi invitación es a que exploren, se arriesguen para buscar aquellas aplicaciones que se asemejan más a las soluciones que ustedes necesitan para hacer su trabajo mejor. Desafortunadamente, no todas son gratis. Hay algunas que son gratis y requieren algún tipo de conocimiento; pero, nuevamente, ese conocimiento lo puedes adquirir a través de una herramienta de inteligencia artificial». Y cerró con el siguiente llamado: «Hay que vencer el miedo y empezar hoy mismo a ver cuáles son y dónde están esas aplicaciones que son las que conviene aprender y profundizar».
Érika Hidalgo López, periodista.
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