Casi un quinto de las nuevas empresas venezolanas cierran por la falta de fuentes de financiamiento. La propuesta es establecer más puentes entre capitales de riesgo y los empresarios venezolanos.
La inversión puede consistir en la compra de mercancía para revender, materiales básicos para producir una pieza con sello artesanal, una maquinaria semiindustrial o, incluso, el desarrollo de una aplicación celular. Lo cierto es que la primera cuota de entrada se mueve entre 5.000 y 20.000 dólares para arrancar una empresa en Venezuela.
Los ahorros personales o los préstamos de familiares y amigos suelen ser las anclas para los emprendedores en su primer paso. El reto económico más importante llega cuando se necesita producir más tortas, bolsos o productos y no se consigue el financiamiento adecuado.
El país perdió 1,3 millones de emprendedores en comparación con 2024.
«Es una realidad que falta más financiamiento en Venezuela. Al comienzo le pueden pedir a unos amigos o familiares, se consiguen los fondos y se empieza. Al año y medio, se necesitan inversiones para seguir con el crecimiento y ahí es donde el eslabón empieza a desgastarse, porque no se consigue el financiamiento», sostiene Edwin Ojeda, profesor del IESA y uno de los responsables del Global Entrepreneurship Monitor (GEM, por las siglas de Monitor Global de la Actividad Emprendedora) Venezuela 2025, en entrevista con Debates IESA.
El GEM Venezuela 2025 es un estudio realizado entre el IESA y la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Su método incluye una encuesta nacional con 1.888 personas mayores de edad y un sondeo con 36 expertos en el área. Su principal hallazgo es la caída de la tasa de iniciativa empresarial a su nivel más bajo desde 2003.
Casi un quinto de las nuevas empresas venezolanas cierra debido a falta de fuentes de financiamiento, de acuerdo con los datos del GEM Venezuela 2025. Pero los desafíos económicos para los emprendedores incluyen mucho más que la falta de préstamos para el capital de trabajo.
Las ferias como epicentro de las ventas
El chocolate venezolano se produce con un cacao único y muchos pensaron en abrir un sello artesanal y dedicarse a la exportación de este producto. La empresa Nattivo Cacao logró exportar a Europa un cargamento de un chocolate artesanal con cacao de excelente calidad (Carenero Superior con origen en Barlovento), pero el camino estaba sembrado de retos.
Deyanira Díaz, directora general y fundadora de esta chocolatera artesanal, empezó durante la pandemia con su idea. Su empresa fue una de las poquísimas que se encuentran en ese grupo de 1,9 por ciento de negocios que sobrevivieron a los tres años y medio de actividad y siguen activos en el mercado venezolano. Pero ella todavía está muy lejos de abrir un local propio.
«A la banca venezolana le podemos pedir más créditos, pero no está diseñada para asumir riesgos».
«Nosotros trabajamos por internet y así hacemos las ventas. Tenemos aliados en algunos centros. Un compañero que hace helado artesanal y pan artesanal: allí tenemos un espacito con nuestros chocolates. Empezamos en muchos sitios, pero ahora nos movemos, sobre todo, en ferias», detalla Díaz, en entrevista con Debates IESA.
Teo’s Venezuela es una empresa que produce tarjeteros, monederos y bolsos a partir de material reciclado de plástico y la técnica de termofusión. Hace doce años surgió como una vía para mantener activos a una pareja de jubilados, pero ahora la dirige su hija, Madeleine Guatache, que también participa de forma muy activa en las ferias para emprendedores.
«Hay ferias en donde vendo más y otras en donde vendo menos, pero los contactos son claves en las ferias. Siempre sale alguien que le gustó el producto, que cree que es innovador y diferente. La posibilidad de vender nuestros productos en la tienda Siete al Cubo, por ejemplo, fue porque su dueña nos vio en una feria», apunta Guatache, en entrevista con Debates IESA.
Vender más, sin embargo, no es el único problema que enfrentan los emprendedores. En estos seis años, Nattivo Cacao experimentó con mucho más que el sabor del producto. Su apuesta ahora es el bienestar y, por eso, agregaron flores comestibles a sus chocolates y empezaron a tejer alianzas con otros emprendedores enfocados en yoga y nutrición orgánica.
Los retos más difíciles para esta empresa chocolatera ni siquiera tienen que ver con su producto o sus líneas de comercialización. «¿Cuál es realmente el problema? El empaque, porque es muy costoso. A veces es más caro el empaque que el producto. A nosotros nos salió más barato imprimir el empaque en Italia. Eso limita al emprendedor», confiesa Deyanira Díaz.
En efecto, cuando participaron en la Feria EuroChocolate 2022, descubrieron que imprimir sus paquetes en Italia cuesta un tercio de lo que cuesta en Venezuela. Por eso llevan dos años trayendo sus empaques en la maleta. Más que un costo, es una barrera para quienes tratan de rendir su capital de trabajo y revela parte del laberinto económico de los emprendedores enfrentados a falta de financiamiento, inflación y brecha cambiaria.

A la caza del financiamiento
El GEM Venezuela 2025 encontró que la tasa de actividad emprendedora temprana (TEA) —el porcentaje de personas adultas que arranca un nuevo negocio— cayó del 11,7 al 7,7 por ciento. Esta tasa revela, además, que el país perdió 1,3 millones de emprendedores en comparación con 2024.
La reducción del ecosistema emprendedor está relacionada con el contexto económico del país. Con una inflación anualizada (entre abril de 2025 y abril de 2026) del 611 por ciento —de acuerdo con datos del Banco Central de Venezuela—, evaluar los costos y mantener un negocio rentable es el desafío diario para Nattivo Cacao, Teo’s Venezuela y el resto de las empresas emergentes.
El GEM Venezuela 2025 recomienda activar una exoneración fiscal de impuestos nacionales y municipales durante los primeros cuatro años de la empresa.
«No es fácil llegar a todo el mundo y que reciban el producto. Ponerle precio a una tela que es considerada un residuo también es un desafío. Todavía estamos en ese camino de aprendizaje, porque hay que adaptarse a los precios y enfocarse en cómo llevar un costo que sea estable», destaca Guatache.
Los precios volátiles y la inflación tampoco son las únicas barreras. Las empresas que quieren consolidar su actividad económica apenas cuentan con una política pública básica de apoyo para su establecimiento.
«Ser emprendedor es complicado con la fluctuación del dólar. Yo aprendí que todo eso se lo tengo que meter al precio final. Lo que sí nos sirvió fue el certificado de emprendimiento, porque nos permite validar todo lo que tiene que ver con la parte fiscal y parafiscal. Es una buena idea para los emprendedores, sin tener toda la formalidad de una compañía», explica Díaz.
El GEM Venezuela 2025 recomienda activar una exoneración fiscal de impuestos nacionales y municipales durante los primeros cuatro años de la empresa. «El pago de los impuestos municipales es algo que agobia a los emprendedores. Estos pagos son anticipados por ventas que no han concretado todavía. Cuando se hacen estos pagos de impuestos adelantados es muy grave, porque con esto el emprendedor financia al Estado», advierte Edwin Ojeda.
Lo más importante sigue siendo ampliar las fuentes de financiamiento para los nuevos negocios. Otra recomendación del GEM Venezuela 2025 es la creación de líneas de financiamiento a mediano plazo para los emprendedores venezolanos. Estos nuevos créditos con montos entre 5.000 y 50.000 dólares serían para el capital de trabajo: un elemento clave para superar la línea de mortalidad empresarial de los tres años y medio, que se considera el estándar internacional para pasar de negocio incipiente a empresa constituida.
Venezuela cuenta con un círculo de inversionistas de riesgo. Pero todavía es un ecosistema diminuto.
«A la banca venezolana le podemos pedir más créditos, pero no está diseñada para asumir riesgos. El tipo de crédito que necesitan los emprendimientos es otro. Necesitamos que más capital de riesgo entre al ecosistema. Porque un inversionista de este tipo sabe que invierte en diez negocios y solo uno será exitoso, pero ese le permitirá recuperar las inversiones perdidas», explica Luis Lauriño, profesor de la UCAB e investigador del estudio GEM, en entrevista con Debates IESA.
Ojeda y Lauriño coinciden en que Venezuela cuenta con un círculo de inversionistas de riesgo. Pero todavía es un ecosistema diminuto, con un puñado de fondos e individuos al que acceden unos pocos emprendedores.
El escenario para la entrada de más capital de riesgo a Venezuela parece haber cambiado tras los eventos políticos de enero pasado. Las conversaciones y exploraciones iniciales se intensificaron, aunque todavía hay un largo camino por recorrer para que eso se traduzca en visitas formales, rondas de negocio y, finalmente, nuevas inversiones en ideas de negocios venezolanos.
Margaret López, periodista especializada en finanzas, tecnología y cambio climático
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