Sobrevivir y crecer en un mercado emergente como la India requiere gran habilidad de los líderes para sortear la volatilidad, no solo en el ámbito económico, sino también en el político. Por ello la pelea por el control del Grupo Tata es vista como una lección de estrategia en pleno desarrollo.
¿Cuáles factores afectan la supervivencia de una empresa familiar a lo largo de los años? Esta es una de las preguntas principales de la agenda de investigación de los estudiosos de empresas familiares. No es de extrañar que el Grupo Tata, el mayor conglomerado multinacional de la India, fundado en 1868, sea objeto de interés tanto de inversionistas como de estudiosos en diferentes disciplinas de las ciencias sociales.
Sobrevivir y crecer en un mercado emergente como la India requiere gran habilidad de los líderes para sortear la volatilidad, no solo en el ámbito económico, sino también en el político. Por ello, la pelea por el control corporativo de este grupo entre N. Chandrasekaran —presidente tanto de Tata Sons como del Tata Group— y Noel Tata —heredero y multimillonario que dirige Tata Trusts, principal accionista de Tata— sea vista como una lección de estrategia en pleno desarrollo.
Para entender lo que está en juego es necesario revisar brevemente la estructura del Grupo Tata, con cierto énfasis en el diseño de la gobernanza que le ha permitido mantenerse en funciones hasta la actualidad. Tata Group es el conglomerado empresarial global en su conjunto, mientras que Tata Sons Pvt. Ltd. es la sociedad matriz del Grupo Tata, con sede en Mumbai, y posee la mayor parte de las acciones del Grupo, así como terrenos en toda la India, plantaciones de té y plantas siderúrgicas. Obtiene sus ingresos de los dividendos de sus empresas y es propietaria de la marca comercial Tata.
Alrededor del 66 por ciento de su capital accionario está en manos de fideicomisos filantrópicos administrados por miembros de la familia Tata. Los dos mayores fideicomisos son el Sir Dorabji Tata Trust y el Sir Ratan Tata Trust. A mediados de 2025, los activos de Tata Sons ascendían a 18.000 millones de dólares.
La importancia de Tata Group para el mundo empresarial indio ayuda a explicar por qué los bandos rivales, inmersos en una lucha interna por el futuro de la compañía, están ejerciendo una intensa presión ante las altas esferas del Gobierno.
La lucha por Tata se complica debido a la inusual estructura de propiedad del grupo. Los fideicomisos que controlan la sociedad matriz son entidades benéficas creadas por descendientes de la familia Tata, pero las participaciones accionarias contenidas en ellos no son propiedad de la familia. Los miembros de esta familia son custodios de los activos y tienen la obligación de participar en las distintas instancias de gobierno, con el objeto de que los beneficios obtenidos en los negocios se reinviertan en ellos y en diversas iniciativas filantrópicas de las distintas ramas de la familia. Los expertos señalan que el doble objetivo de estos fideicomisos, sin ánimo de lucro, ha ocasionado problemas de gobernanza.
Chandrasekaran, presidente tanto de Tata Sons como del Tata Group, es un empleado de esta organización desde 1987. Ascendió en la pirámide corporativa hasta ocupar desde enero de 2017 las posiciones de máximo líder que hoy en día detenta.
Noel Tata posee personalmente solo el uno por ciento de Tata Sons. Los estatutos de Tata Sons establecen que los fideicomisos tomen las decisiones más importantes por consenso. Además de los Tata, también participa en el gobierno del grupo la familia Shapoorji Pallonji, el mayor accionista minoritario, con una participación aproximada del 18,4 por ciento.
La principal función de Noel Tata durante años había sido presidir Trent, la división minorista de Tata; un negocio de rápido crecimiento, pero sin vinculaciones políticas especiales. Como resultado, Noel Tata aún no ha logrado establecer los vínculos profundos en las altas esferas del gobierno corporativo que sí tiene Chandrasekaran.
A lo largo de los años, gracias a su peso dentro del Grupo Tata, Chandrasekaran ha desarrollado un importante capital político. Es considerado un aliado principal del primer ministro de la India, Narendra Modi, quien ha contado con un grupo importante de miembros de las élites empresariales de esa nación para imponer su programa económico llamado Make in India, que apunta a convertir el país en una economía avanzada y una potencia mundial emergente.
¿Por qué el enfrentamiento entre N. Chandrasekaran y Noel Tata? Porque el Banco de la Reserva de la India (RBI), el banco central del país, clasificó a Tata Sons como una Financiera No Bancaria de «Capa Superior» (NBFC-UL), debido a su enorme tamaño e importancia sistémica. Según esta normativa, cualquier entidad de esta categoría está obligada a cotizar en bolsa. En pocas palabras, el banco central de la India ha ordenado la salida a bolsa para exigir mayor transparencia a un grupo que ha clasificado como un gran prestamista no bancario.
Tata Trusts, liderado por Noel Tata, se opone firmemente a la salida a bolsa, porque teme perder el control del conglomerado, y disfraza esa preocupación con el argumento de que, como empresa de oferta pública, Tata Sons perdería su visión de largo plazo debido a las presiones del mercado. Por ello ha propuesto una reestructuración interna urgente para fusionar dos filiales operativas (Tata Electronics Systems Solutions y Tata Consulting Engineers) con la matriz. El objetivo de este movimiento es cambiar la naturaleza de la empresa para que deje de ser considerada una financiera y eludir legalmente el mandato del Banco de la Reserva.
El desmantelamiento del Grupo Tata es una gran oportunidad para reformar la gobernanza corporativa en la India y para que los bancos de inversión participen en las posibles fusiones y adquisiciones que se deriven de estos cambios.
Chandrasekaran, por su parte, ha estado a favor de que Tata Sons cotice en bolsa, debido a las exigencias regulatorias y a la presión de los accionistas minoritarios para desbloquear valor financiero. Shapoorji Pallonji Group, el principal grupo de accionistas minoritarios, ha presionado a favor de la salida a bolsa para liberar y monetizar el valor de sus acciones.
Tata Sons pagó más de 2600 millones de dólares en deudas e intentó renunciar a su registro como empresa de inversión principal para operar como una sociedad tenedora privada (holding) no regulada. Pero el RBI rechazó formalmente esta solicitud y cerró su principal vía de escape.
La importancia de Tata Group para el mundo empresarial indio y sus vínculos con Nueva Delhi ayudan a explicar por qué los bandos rivales, inmersos en una encarnizada lucha interna por el futuro de la compañía, están ejerciendo una intensa presión ante las altas esferas del Gobierno indio. Ambos bandos están conscientes de que la administración de Modi desempeñará un papel decisivo en la solución del conflicto.
Según diversas fuentes familiarizadas con el asunto, el RBI no emitiría la orden definitiva para que Tata Sons cotice en bolsa sin la aprobación de Modi. La salida a bolsa de la sociedad matriz podría convertir a algunas filiales de Tata en objetivos de inversionistas que pretenden tomar el control de esas empresas; de hecho, algunos accionistas han manifestado su intención de vender sus participaciones en caso de que se produzca la oferta pública inicial.
Noel Tata podría impugnar la reciente reelección de N. Chandrasekaran como líder del Grupo Tata hasta 2032 y la salida a bolsa de Tata Sons. Sin embargo, algunos funcionarios del Ministerio de Finanzas han enviado señales de que no verían con buenos ojos que las disputas internas del conglomerado se ventilen en la corte. El primer ministro Modi desea enviar a los inversionistas internacionales el mensaje de que el mercado de capitales indio es moderno, eficiente y respetuoso de los derechos de propiedad de todos los inversionistas, y estructuras de propiedad cruzada como las de Tata Sons reman en sentido contrario.
La salida a bolsa de Tata Sons es el comienzo del fin de la estructura cruzada de propiedad entre Tata Sons y las empresas operativas del grupo que incluyen Tata Motors, Tata Steel, Tata Chemicals, Tata Power, Indian Hotels y Tata Consumer Products. Este modelo de participaciones entrelazadas fue diseñado originalmente para proteger el conglomerado contra posibles adquisiciones hostiles y consolidar el control operativo con una menor inversión de capital directo.
La salida a bolsa de Tata Sons es el comienzo del fin de la estructura cruzada de propiedad entre Tata Sons y las empresas operativas del grupo.
Su desmantelamiento es una gran oportunidad no solo de reformar la gobernanza corporativa en la India y liberar valor para los accionistas minoritarios, sino también para que los bancos de inversión participen en las posibles fusiones y adquisiciones que se deriven de estos cambios. N. Chandrasekaran y Noel Tata forman parte de un proceso en el que los miembros de las familias dueñas del negocio y empleados corporativos luchan por imponer su visión del futuro del conglomerado.
El conflicto ha dividido tanto a la junta directiva de Tata Sons como a los miembros de los fideicomisos. A principios de octubre de 2026, unos fideicomisarios cuestionaron las maniobras unilaterales de Noel Tata, mientras la disputa se encamina formalmente hacia los tribunales indios. Si Noel Tata pierde este pulso legal, la influencia histórica de la familia Tata podría quedar relegada exclusivamente a la gestión filantrópica y dejar el control operativo y estratégico del imperio de 300.000 millones de dólares enteramente en manos de la gestión profesional liderada por Chandrasekaran.
Sobrevivir y crecer obligan a adaptarse a un mundo cambiante. Es evidente que esta pugna interna afectará el futuro del grupo. Está por verse si para bien o para mal; pero, como decía el Dr. Ian Malcolm en la película Jurassic Park: «La vida se abre paso».
Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA
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