Los efectos de la inteligencia artificial sobre la inflación son inciertos. Además, la exposición directa de un sector a esta tecnología tiene poco impacto en sus resultados a largo plazo. Una mayor demanda total y los cambios asociados en precios relativos y costos de insumos son más importantes que el aumento inicial directo de la productividad derivado de la adopción de la inteligencia artificial.
El impacto del uso cotidiano de la inteligencia artificial (IA) produce múltiples incógnitas, desde asuntos de salud mental de los usuarios hasta sus efectos en el mercado laboral y, por supuesto también, en la inflación.
En el caso de la inflación, hay una línea de pensamiento según la cual los aumentos de productividad que promete la IA deberán reflejarse en la reducción de los precios de muchos bienes y servicios, dado que esta tecnología puede automatizar tareas administrativas, elaborar contenidos en segundos y analizar datos empresariales.
Uno de los principales abogados del «impacto desinflacionario» de la IA es Kevin Warsh, que próximamente ocupará la presidencia de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). Warsh sostiene que el aumento de la productividad permitirá reducir las tasas de interés sin causar distorsiones en la economía. Sin embargo, en la práctica, realizar ajustes reales en la política monetaria con base en las promesas de la IA es una apuesta arriesgada.
Para comenzar, los grandes modelos lingüísticos aún están en desarrollo y su uso en el ámbito empresarial todavía no está generalizado. Según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, menos del veinte por ciento de las empresas estadounidenses los habían adoptado a finales de 2025.
Incluso si la inteligencia artificial resulta ser deflacionaria, con el tiempo existen otras dinámicas inflacionarias que los bancos centrales deben considerar.
Se espera que, con el tiempo, las mejoras en la eficiencia se hagan más evidentes en todos los sectores. Pero su impacto en los precios dependerá de la rapidez con que se produzca la adopción y de cuál porcentaje de la eficiencia se traslade a los consumidores.
Un intento temprano de arrojar luces sobre el impacto de la IA en la inflación fue el trabajo de Iñaki Aldasoro y un grupo de colaboradores del Banco de Pagos Internacionales, titulado El impacto de la inteligencia artificial en la producción y la inflación, publicado en abril de 2024. Estos investigadores observaron que, con el crecimiento de la productividad, aumentan la producción agregada, el consumo y la inversión. Pero la exposición directa de una industria a la IA tiene poco impacto en sus resultados a largo plazo. Una mayor demanda y cambios en precios relativos y costos de insumos son mucho más importantes que el aumento de productividad por la adopción de la IA. Lo cierto es que los efectos de la IA sobre la inflación parecen inciertos.
Al aumentar la productividad, la adopción de la IA impulsa la oferta, algo que es desinflacionario. Pero las empresas necesitan realizar inversiones sustanciales para aprovechar plenamente la IA. Esto, junto con un mayor ingreso promedio, aumentará la demanda y elevará la inflación. El efecto neto depende del momento en que se produzcan estas fuerzas, lo que, a su vez, depende de las expectativas de los hogares y las empresas con respecto al potencial transformador de la IA y su disposición a actuar en consecuencia.
Al aumentar la productividad, la adopción de la IA impulsa la oferta, algo que es desinflacionario. Pero las empresas necesitan realizar inversiones sustanciales para aprovechar plenamente la IA.
La contribución positiva de la IA al crecimiento también podría compensar algunos desarrollos seculares perjudiciales que amenazan con deprimir la demanda en el futuro: envejecimiento de la población, cambios en las cadenas de suministro globales, tensiones geopolíticas y fragmentación política. Dos años han transcurrido desde la publicación de este trabajo y algunas tendencias identificadas en él comienzan a concretarse.
La inversión en centros de datos se prevé que alcance 700.000 millones de dólares en 2026. Los requisitos energéticos para el entrenamiento de modelos también podrían ejercer presión sobre los precios de la energía.
Incluso si la inteligencia artificial resulta ser deflacionaria, con el tiempo existen otras dinámicas inflacionarias que los bancos centrales deben considerar. ¿Convertirán las actuales turbulencias geopolíticas las perturbaciones de la oferta en algo habitual? ¿Aumentará la demanda el gasto en el envejecimiento de la población y en defensa?
El impacto de la IA en el tipo de interés neutral (la tasa en que la política monetaria no es expansiva ni contractiva) es una incógnita. En igualdad de condiciones, un auge del crecimiento impulsado por la tecnología podría, de hecho, aumentar esta tasa. Los bancos centrales deberían supervisar de cerca la adopción de la IA y su impacto en la productividad, así lo expreso K. Warsh en su comparecencia ante el Comité Bancario del Senado estadounidense a finales de abril de 2026.
Que la IA vino a cambiar el mundo es una verdad indiscutible. La gran pregunta es cómo.
Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA
Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.
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Referencia
Aldasoro, I., Doerr, S., Gambacorta, L. y Rees D. (2024, abril). The impact of artificial intelligence on output and inflation. BIS Working Papers n.o 1179. https://www.bis.org/publ/work1179.pdf







