El talón de Aquiles de la economía estadounidense

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Oscar Schnell / Unsplash

La economía estadounidense tiene un déficit externo financiado, en buena medida, por sus contrapartes comerciales. Los países europeos poseen ocho billones de dólares en bonos y acciones estadounidenses, casi el doble del resto del mundo. Si los europeos decidieran reducir su participación, los mercados financieros no podrían asimilar tal recomposición de carteras.


 

Cada vez que sucede un nuevo impasse entre el Gobierno de Trump y sus principales socios comerciales, a estos se les amenaza con subir los aranceles de los rubros que exportan. La pregunta es si esos socios disponen de algún tipo de mecanismo para contrarrestar esas amenazas.

La reciente disputa acerca de la aspiración estadounidense de anexarse el territorio danés de Groenlandia obliga a la prensa especializada a preguntar, una vez más, si existe un mecanismo de disuasión de los avances de la estrategia geopolítica estadounidense. Para muchos, el balance de fuerzas podría lograrse por medio del mercado de capitales.

No es un secreto que la economía estadounidense tiene un déficit externo financiado, en buena medida, por sus contrapartes comerciales. Los países europeos poseen ocho billones de dólares en bonos y acciones estadounidenses, casi el doble del resto del mundo. Este es su talón de Aquiles.

La manera como se financia Estados Unidos no cambiará a corto plazo. En enero de 2026 el Gobierno de Trump solicitó un aumento del presupuesto de defensa para 2027 a 1,5 billones de dólares. El Comité para un Presupuesto Federal Responsable calculó que ese cambio añadiría 5,8 billones de dólares a la deuda estadounidense durante la próxima década, incluyendo los intereses.

En los últimos años se ha planteado múltiples veces la pregunta de qué sucedería si China dejara de participar en el mercado de papeles estadounidenses, lo que ha venido haciendo paulatinamente. En el nuevo escenario geopolítico, el foco de atención se mueve hacia Europa, hasta hace muy poco tiempo un aliado geoeconómico principal.

¿Qué sucedería si los sectores tanto público como privado europeos decidieran reducir su participación en el mercado de bonos del Tesoro estadounidense? Para noviembre de 2025, según datos del Departamento del Tesoro, el Reino Unido, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Irlanda, Noruega y Alemania poseían 2,84 billones de dólares en papeles del Tesoro, que representan más del 30 por ciento de estos títulos en manos extranjeras.

¿Cómo se instrumentalizaría la reducción de esa participación? Una aproximación un tanto ingenua sería plantear que todos los activos estadounidenses en manos de los miembros europeos de la OTAN —unos 12,6 billones de dólares, según datos de la Reserva Federal— se pusieran en venta. Pero esa cantidad incluye títulos que no son propiedad de los Gobiernos europeos, sino del sector privado: compañías de seguros, planes de pensiones, bancos, otros inversionistas institucionales y millones de ciudadanos comunes. ¿Cómo obligar al sector privado a reducir su exposición a Estados Unidos si no lo desea?

Si se supone que existiese el consenso político para hacerlo, ¿a quién venderían los europeos tal volumen de activos? Tendría que hacerse a una mezcla de inversionistas asiáticos y del sector privado estadounidense quienes, aprovechándose de la situación, comprarían con un descuento que castigaría los bolsillos europeos.


Los bancos e inversionistas europeos están repletos de bonos del Tesoro. Si su valor se desplomara debido a la amenaza de un boicot europeo, probablemente acabaría perjudicando a Europa tanto como a Estados Unidos, o incluso más.


Al ser el mercado financiero estadounidense el de mayor tamaño, profundidad y liquidez, sería muy difícil redirigir las inversiones europeas a otros destinos. También cabría preguntarse: ¿por qué China no ha reducido más decididamente su tenencia de papeles del Tesoro estadounidense? La acumulación de estos papeles es la consecuencia de mantener un renminbi subvaluado para impulsar la industria exportadora de ese país; al vender estos activos, tendría que aceptar un tipo de cambio radicalmente más fuerte.

No solo el sector público chino posee papeles del Tesoro: también los inversionistas privados de ese país poseen cerca de tres billones de dólares. La venta masiva de estos papeles causaría un daño patrimonial que afectaría la salud de su sistema financiero.

Europa enfrenta el mismo dilema de los chinos, solo que en mayor proporción debido a su mayor integración en el sistema financiero dominado por Estados Unidos. Los bancos e inversionistas europeos están repletos de bonos del Tesoro. Si su valor se desplomara debido a la amenaza de un boicot europeo, probablemente acabaría perjudicando a Europa tanto como a Estados Unidos, o incluso más. La repatriación de capitales a gran escala fortalecería al euro frente al dólar, lo que indudablemente ocasionaría una recesión en buena parte de la eurozona.

¿Existe un mecanismo de presión diferente de la reducción masiva de posiciones europeas en títulos financieros estadounidenses? Siempre quedan los mecanismos informales, que son en buena medida respuestas individuales de los actores económicos al día a día.

Mientras persistan los episodios de volatilidad de precios ocasionados por la impredecible agenda internacional del presidente Trump, los inversionistas institucionales europeos seguirán a sus ritmos individuales reduciendo su exposición a la economía estadounidense. Pero, mientras requiera constantemente nuevos recursos para financiar la ocurrencia simultanea de déficits presupuestario y de cuenta corriente, Estados Unidos se verá obligado a no presionar más de la cuenta a quienes le financian de manera recurrente.

Empezando el año en que se realizarán las elecciones de mediados de período, lo último que le conviene al Partido Republicano es que la recomposición de las carteras de inversión de quienes se vean afectados por las políticas del Gobierno de Trump empujen al alza las tasas de interés de largo plazo y estas se lleven consigo a las tasas hipotecarias, lo que induciría la percepción de caída del poder adquisitivo del estadounidense promedio. Al final, el balance de fuerzas podría lograrse, de nuevo, por medio del mercado de capitales.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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