En los zapatos de Buffett

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Imagen: Yahoo!

El nombramiento de Greg Abel como director ejecutivo del conglomerado Berkshire Hathaway, aunque esperado, trajo consigo una dosis razonable de incertidumbre. Muchos accionistas se preguntan si será capaz de mostrar un desempeño similar al de su antecesor, Warren Buffett, cuyo desempeño estelar ocurrió en un contexto económico irrepetible: hoy existen más competidores.


 

Berkshire Hathaway es una sociedad de cartera (holding) multinacional creada en 1965 por el ya legendario Warren Buffett. Esta empresa suele compararse con un fondo de inversión, por su mezcla de títulos financieros y empresas en marcha en un mismo balance. Gracias a un seguimiento muy detallado de posibles oportunidades de inversión, unido a una importante reserva de efectivo que le permite responder con rapidez cuando la ocasión lo amerita, logró una rentabilidad compuesta para sus accionistas del orden del 19,8 por ciento entre 1965 y 2023, que supera el 10,2 por ciento del índice S&P 500. Obtuvo retornos negativos en solo 11 de los 58 años de ese período.

En agosto de 2024, Berkshire Hathaway se convirtió en la octava mayor empresa pública estadounidense y la primera empresa no tecnológica en superar el billón de dólares de valoración. Su gran éxito económico se debió principalmente a la agudeza de Warren Buffett y su consejero y mentor Charlie Munger para identificar y financiar oportunidades de inversión. Ambos fueron, además, extraordinariamente longevos en el ejercicio de sus cargos: permanecieron activos hasta los 95 y 99 años, respectivamente.

Como es de suponer, sustituir a esta pareja de longevos exitosos no es tarea fácil. En enero de 2026, Greg Abel, quien desde 2018 se desempeñaba como vicepresidente de operaciones no relacionadas con seguros de Berkshire Hathaway, fue nombrado director ejecutivo del conglomerado. Tal nombramiento, aunque esperado (Buffett lo había anunciado desde 2021), trajo consigo una dosis razonable de incertidumbre. Muchos accionistas se preguntan si Abel será capaz de mostrar un desempeño similar al de su antecesor.

Nadie duda de la experiencia gerencial de Greg Abel. Sin embargo, algunos especialistas sostienen que el desempeño estelar de Buffett ocurrió en un contexto económico irrepetible, donde había mucha menos competencia, tanto en el mercado de fusiones y adquisiciones como en el de la estructuración de grandes operaciones de crédito privado. Hoy existen muchos más competidores para financiar cualquier oportunidad de inversión interesante, lo que reduce la rentabilidad de las operaciones que son del interés de Berkshire Hathaway.


Por primera vez en la historia reciente de Berkshire Hathaway se habla de vender algunas empresas del grupo.


Si algo estuvo siempre presente en el discurso de Buffett es que no es fácil encontrar buenas inversiones en títulos financieros o en empresas en marcha, y que determinar el momento justo para acometerlas requiere mucha paciencia, además de la disponibilidad oportuna de recursos. En declaraciones pronunciadas durante la última asamblea general de accionistas del conglomerado, Buffett afirmó que durante sus sesenta años al frente de Berkshire Hathaway tuvo quizás cinco años especialmente fructíferos, aludiendo a las crisis que le brindaron lucrativas oportunidades de inversión. Durante años, y a falta de suficientes oportunidades interesantes, la empresa acumuló 380.000 millones de dólares en títulos del Tesoro con vencimiento a corto plazo, a la espera de la próxima gran adquisición que hasta ahora no se ha materializado.

Berkshire Hathaway organiza en mayo de cada año una gran reunión con la asamblea general de accionistas. Buffett aprovechaba estas reuniones no solo para hablar de los negocios del grupo, sino también para dar sus opiniones sobre el mundo de las inversiones en general.

Una de las preguntas que recurrentemente hacían los inversionistas en los últimos años era cuáles planes tenía para utilizar los excedentes de efectivo. La respuesta del oráculo de Omaha era que no veía oportunidades de inversión a precios razonables.

Un principio financiero fundamental es que los excedentes que no pueden reinvertirse rentablemente deben devolverse a los accionistas vía dividendos, recompra de acciones o prepago de deudas. El respeto de los accionistas por Buffett es tal que nunca hubo un movimiento importante para presionarlo a devolver esos recursos.

Hasta ahora, Abel ha gozado del beneficio de la duda de que eventualmente habrá un uso para ese dinero. Pero 380.000 millones de dólares es mucho dinero para mantenerlos en papeles de mínimo rendimiento durante mucho tiempo.

Con el precio de las acciones de Berkshire estancado (ha perdido un 12 por ciento en los últimos doce meses, en comparación con una ganancia de aproximadamente el 28 por ciento del S&P 500), Abel estará bajo presión para mostrar rápidamente rentabilidad sólida. Desde su nombramiento, ha insistido en que el estilo de gestión de Buffett se mantendrá; pero, por primera vez en la historia reciente de la organización, se habla de vender algunas empresas del grupo.

Greg Abel en la reunión anual de Berkshire Hathaway de 2026 | CNBC TV (Youtube)

En Berkshire Hathaway siempre se consideró que cualquier empresa adquirida se mantendría para siempre, de manera que los impuestos a las ganancias de capital se pagarían en el infinito. Hablar entonces de la venta de activos no va en línea con lo que Buffett predicaba; sin embargo, se entiende que las circunstancia cambian y los estilos de inversión también deben hacerlo.

La entrada de nuevas fuentes de financiamiento ha hecho más competido el mundo del capital privado. También se observa ese fenómeno en la industria de los seguros, que ha sido un pilar en la estrategia de construcción de Berkshire Hathaway. Los nuevos actores han comenzado a competir con las empresas tradicionales por el negocio del aseguramiento de riesgos, lo que reduce las primas cobradas a los clientes empresariales.


En teoría financiera, los conglomerados no son estructuras populares, pues son los accionistas y no las empresas los que deberían diversificarse.


Greg Abel y Ajit Jain, vicepresidente responsable de los negocios de seguros de Berkshire, anunciaron que, como consecuencia de la mayor competencia, reducirán el volumen de pólizas suscritas. Tal medida reduce no solo la rentabilidad del grupo, sino también el volumen de fondos disponible para invertir en instrumentos de oferta pública.

En teoría financiera, los conglomerados no son estructuras populares, pues son los accionistas y no las empresas los que deberían diversificarse. En otras palabras, un accionista compra una participación en una empresa porque apuesta a que quienes la manejan tienen ventajas competitivas en un área específica. El problema de los conglomerados es que no es sencillo ser simultáneamente experto en muchas áreas, además de las dificultades de manejar la diversidad de actividades en un solo paragua empresarial.

Buffett y Munger lograron construir un conglomerado exitoso y Abel espera seguir el modelo de negocios que heredó y, por supuesto, seguir siendo exitoso. Para ello necesita replicar la fórmula del éxito: encontrar empresas subvaluadas y tener dinero disponible para adquirirlas antes de que un tercero se interponga.

La acumulación de efectivo en Berkshire Hathaway se agudiza porque, además de las primas de seguros cobradas y los intereses y dividendos generados por la cartera de inversiones y las empresas en marcha, el conglomerado continúa reduciendo su cartera de acciones. Muestra de ello es que en el primer trimestre de 2026 vendió títulos de renta variable por valor de 8.100 millones de dólares. Este fue el decimocuarto trimestre consecutivo en que el grupo redujo sus posiciones en acciones.


Es muy probable que Abel este esperando un gran acontecimiento disruptivo que reduzca el precio de las acciones de las empresas para salir a comprar en condiciones más favorables.


Los inversionistas institucionales, por su parte, quieren más detalles sobre los planes con la cartera de acciones, unos 288.000 millones de dólares, en un contexto donde hay gran inquietud por las altas valoraciones del mercado. El S&P 500 cotiza a un máximo histórico, a pesar de que la guerra con Irán ha disparado los precios del petróleo y amenazado las cadenas de suministro, elementos fundamentales para la economía global.

Es muy probable que Abel este esperando un gran acontecimiento disruptivo que reduzca el precio de las acciones de empresas de oferta pública y de las que no cotizan en bolsa para salir a comprar en condiciones más favorables. Mientras esto no suceda el tiempo actúa en su contra.

Si Berkshire Hathaway no da rápidamente señales de sus planes para invertir el efectivo, el modelo de conglomerado al estilo Buffett-Munger será atacado sin piedad. En el caso de una empresa de menor tamaño, las presiones de los inversionistas institucionales se reflejarían en movimientos para cambiar la gerencia o retarla a disponer del efectivo (por ejemplo, vía dividendos extraordinarios). Pero las acciones de Berkshire Hathaway valen más de un billón de dólares, por lo que es prácticamente imposible que un grupo de inversionistas adquiera una participación accionaria que le permita presionar a Abel para que realice cambios en la cartera de activos empresariales.

Hay mucho chance de que el modelo de conglomerado al estilo Buffett-Munger requiera una profunda revisión. Abel tiene el conocimiento para buscar una nueva versión más cónsona con el aire de los nuevos tiempos. ¿Qué podrán hacer los inversionistas institucionales para que tales cambios ocurran?


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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