Formados pero no calificados: la brecha de habilidades en el mercado laboral de Venezuela

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Sasun Bughdaryan / Unsplash

Más allá de la contracción del empleo formal, Venezuela enfrenta una brecha de habilidades que afecta a la mitad de las empresas del país. La migración, el deterioro de la calidad educativa y los bajos salarios explican por qué los empleadores no encuentran trabajadores con las competencias que necesitan.


 

Cualquier escenario de recuperación económica para Venezuela enfrenta un obstáculo muy real pero poco estudiado: la mitad de las empresas del país no encuentran trabajadores con las habilidades necesarias para sus actividades. Este hecho revela un problema estructural del mercado laboral.

El análisis de las Encuestas de Condiciones de Vida entre 2017 y 2021 y la Encuesta Empresarial realizada en 2019 reveló la profundidad de estas dificultades en el año 2019: el 51 por ciento de las empresas reportaron dificultades para contratar personal con las competencias adecuadas. La proporción asciende al 56 por ciento en servicios, el 51 por ciento en manufactura y el 57 por ciento en la Región Capital. Las empresas consiguen personal con las credenciales educativas requeridas, pero sin las habilidades prácticas que sus operaciones exigen.

El problema es particularmente agudo en las posiciones que requieren mayor calificación: gerentes, técnicos, profesionales y operadores de maquinarias. Las áreas funcionales con mayor escasez son tecnología de productos (el 47 por ciento de las empresas reportaron dificultades mayores) y tecnología de la información (el 45 por ciento). El mercado laboral venezolano carece de candidatos a puestos gerenciales y profesionales capaces de resolver problemas y trabajar en equipo, así como de técnicos y operadores industriales con habilidades prácticas sólidas y experiencia sectorial.

¿Qué buscan las empresas?

Las empresas venezolanas tienen preferencias claras al momento de contratar. En términos de características personales, priorizan la honestidad, el compromiso y la confiabilidad, tanto para cargos directivos y gerenciales como para trabajadores especializados. Estos atributos superan ampliamente a otros como disposición a aprender, trabajo independiente o apariencia personal.

Las empresas buscan perfiles diferentes de habilidades según el cargo. Para directores y gerentes, la capacidad de resolver problemas es la habilidad más demandada (el 89 por ciento de las empresas la considera muy importante), seguida por la responsabilidad. En el caso de trabajadores especializados, la responsabilidad ocupa el primer lugar (el 79 por ciento), con el trabajo en equipo en segundo puesto (el 70 por ciento).


Las empresas atribuyen la escasez de habilidades a dos causas principales: la emigración de trabajadores y el deterioro de la calidad de la educación.


En las habilidades relacionadas con el trabajo, también se encuentran patrones significativos. El conocimiento práctico del trabajo es la competencia más valorada para trabajadores especializados (el 57 por ciento). Pero la experiencia laboral es relevante solo si se adquiere en el mismo sector en el que opera la organización.

Llama la atención la baja valoración del dominio de idiomas extranjeros, lo que puede reflejar el aislamiento y la escasa competitividad internacional del sector privado venezolano. También destaca la poca importancia relativa otorgada a habilidades como planificación y organización, alfabetización, cálculo, tecnología de la información y atención al cliente.

Por qué ocurre la escasez

Las empresas atribuyen la escasez de habilidades a dos causas principales: la emigración de trabajadores y el deterioro de la calidad de la educación. Esta percepción sugiere una relación causal entre el colapso económico, las olas migratorias previas a 2019, el deterioro del sistema educativo y la brecha de competencias en el mercado laboral.

Los datos sobre migración respaldan esta explicación. Entre 2017 y 2021, la búsqueda de trabajo fue la razón principal para emigrar: alcanzó un 90 por ciento de los casos en 2021. La mayoría de los emigrantes tenían educación media y trabajaban en ocupaciones elementales. También emigraron profesionales y técnicos. En 2019 y 2020, el 18 por ciento de los emigrantes eran profesionales y el 10 por ciento, operadores de maquinarias. Estos perfiles coinciden precisamente con las categorías en las que las empresas reportan mayores dificultades de contratación.

Pero la causa más relevante es de naturaleza económica. Excluyendo la categoría «otros», las empresas reportaron que la falta de incentivos financieros fue un obstáculo importante en el proceso de contratación. La poca remuneración ofrecida contribuyó a que los candidatos con mejores habilidades decidieran emigrar o trabajar por cuenta propia.


El porcentaje de población de 40 años y más con estudios superiores aumentó significativamente entre 2014 y 2021. Este grupo etario ha sido fundamental para mantener la oferta de trabajadores con credenciales educativas altas.


Una paradoja educativa

Existe una paradoja en el mercado laboral venezolano. Las empresas reportan que encuentran empleados con la educación mínima requerida (la brecha educativa es pequeña), pero no consiguen trabajadores con las competencias necesarias para posiciones calificadas. Para trabajadores de calificación profesional, el nivel educativo más frecuentemente requerido es un grado universitario, mientras que, para trabajadores relacionados directamente con actividades de producción, se requiere secundaria completa. En todas las categorías ocupacionales, excepto empleados de artesanías, el nivel promedio efectivo de los empleados es cercano al requerido.

Las empresas obtienen candidatos con los títulos formales exigidos, pero no con las habilidades prácticas que necesitan. La clave para entender esta paradoja está en el envejecimiento de la fuerza laboral. La proporción de trabajadores formales con alto nivel educativo aumentó entre 2014 y 2021, no porque el sistema educativo mejorara o se incorporaran jóvenes más preparados, sino porque el porcentaje de población de 40 años y más con estudios superiores aumentó significativamente durante este período. Este grupo etario ha sido fundamental para mantener la oferta de trabajadores con credenciales educativas altas.

Los datos revelan una transformación demográfica del empleo formal. Entre 2014 y 2021, el empleo formal se redujo de 7,5 millones a 4,9 millones de personas, una caída del 34 por ciento. De los 2,6 millones de empleos perdidos, el 63 por ciento pertenecía al grupo entre 25 y 39 años. En contraste, el grupo de 40 a 59 años experimentó una reducción menor: pasó de 2,7 millones a 2 millones de empleos, una disminución de apenas el 23 por ciento. El grupo de 60 años o más fue el único que registró crecimiento en términos absolutos: de 792.000 a 869.000 personas.

Esta dinámica demográfica ha preservado la oferta de trabajadores con educación superior en el sector formal, pero al costo de un envejecimiento acelerado. En 2015, el grupo entre 25 y 39 años proporcionaba la mayor cantidad de trabajadores con educación media y superior. Para 2019 seguía siendo así, pero en menor medida. La proporción de personas con educación media en el grupo de 40 a 59 años aumentó en cuatro puntos porcentuales y la educación superior en ese mismo grupo también creció.


No solo faltan trabajadores con títulos académicos, sino también personas con las competencias prácticas que las empresas necesitan: capacidad de resolver problemas, responsabilidad, trabajo en equipo, conocimiento práctico del trabajo y experiencia sectorial relevante.


Los trabajadores mayores de 40 años, con sus credenciales académicas, han compensado parcialmente la salida de trabajadores más jóvenes. Pero este grupo de trabajadores mayores enfrenta sus propios retos. Los cambios tecnológicos ocurridos desde 2010 en los procesos de creación de valor de las empresas pueden estar ocasionando obsolescencia de habilidades en los niveles alto y medio de las organizaciones. Los trabajadores de 40 años y más pueden poseer las credenciales formales exigidas, pero carecer de las competencias actualizadas —especialmente en áreas de tecnología e innovación— que los procesos productivos actuales requieren.

El problema se agrava al considerar el futuro. Un escenario de crecimiento económico sostenido requerirá la participación del segmento de trabajadores entre 25 y 39 años con formación y capacitación técnica adecuadas. Las tendencias descritas sugieren que futuras búsquedas de personal en este grupo etario enfrentarán dificultades crecientes. El universo de candidatos jóvenes se reduce por la emigración, mientras que los trabajadores mayores que han sostenido el mercado laboral formal eventualmente se retirarán. Sin una renovación generacional del talento, la brecha de habilidades solo se profundizará.

Más allá de los títulos

La brecha de habilidades en Venezuela trasciende el problema de la educación formal. No solo faltan trabajadores con títulos académicos, sino también personas con las competencias prácticas que las empresas necesitan: capacidad de resolver problemas, responsabilidad, trabajo en equipo, conocimiento práctico del trabajo y experiencia sectorial relevante.

El colapso económico produjo un círculo vicioso: los bajos salarios impulsaron la emigración de trabajadores calificados, el deterioro del sistema educativo limitó la formación de nuevos talentos y el envejecimiento de la fuerza laboral se tradujo en obsolescencia de habilidades. Romper este círculo requiere políticas que 1) fortalezcan el sistema educativo con enfoque en competencias prácticas, 2) mejoren las condiciones salariales para retener y atraer talento, y 3) desarrollen programas de actualización de habilidades para trabajadores en edad productiva. Sin estas intervenciones, la brecha de habilidades seguirá siendo un obstáculo estructural para la recuperación económica del país.


Richard K. Obuchi M., profesor del IESA

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