El arte cinético utiliza el movimiento —o su ilusión— como lenguaje primario. Se formalizó en 1955 en París, pero su aceptación internacional consolidó esta corriente en los años sesenta. La presencia de destacados artistas venezolanos y la boyante economía del país en los años setenta impulsaron este movimiento en el mercado del arte. Hoy el cinetismo evoluciona hacia lo digital y los retos gerenciales se centran en los riesgos de operación, autenticidad y dilución de marca.
Las obras de arte constituyen un activo dual porque brindan un valor estético intrínseco y el potencial de un rendimiento financiero gracias a su apreciación a lo largo del tiempo. Pocas corrientes ilustran esta dualidad tan claramente como el arte cinético: su naturaleza innovadora, al utilizar el movimiento real o virtual como lenguaje primario, no solo transformó la experiencia estética: también creó un mercado único con retornos excepcionales.
El estudio de este segmento de mercado, ubicado tradicionalmente en la categoría de inversiones alternativas, requiere un análisis riguroso que combine la historia del arte con los principios de la gerencia financiera. El cinetismo ha seguido una trayectoria espectacular desde su lanzamiento formal hasta su consolidación como clase de activo «Blue Chip» (acciones de empresas sólidas, con baja volatilidad y alta liquidez). La experiencia latinoamericana —y específicamente la venezolana— resultó determinante en su cotización global.
Cinetismo: fundamentos conceptuales y gerenciales
El arte cinético (del griego kinesis, movimiento) está constituido por obras de arte que incorporan movimiento, o ilusión de movimiento, como parte integral de su composición. La innovación de esta corriente radicó en la interacción que se produce con el observador, a diferencia de la estática tradicional. Es fundamental distinguir dos categorías:
- Movimiento real (cinetismo tridimensional): ocurre en objetos que se mueven físicamente mediante la acción de fuerzas naturales (viento, agua), energía externa (motores, luz artificial) o manipulación del espectador. Este tipo de obras plantean un reto directo de riesgo operacional y mantenimiento, porque dependen de la funcionalidad técnica. Algunos artistas clave son: Alexander Calder (móviles), Jean Tinguely (máquinas), Jesús Rafael Soto (estructuras interactivas tales como los Penetrables) y Carlos Cruz-Diez (por ejemplo, las cámaras de cromosaturación).
- Movimiento virtual o arte óptico (op art): crea una ilusión óptica en la retina del observador mediante patrones geométricos, vibraciones de color y altos contrastes. El movimiento es un acontecimiento subjetivo. El op art es predominantemente bidimensional y, desde el punto de vista de la preservación, es más afín a la pintura tradicional porque reduce el riesgo operacional mecánico. Victor Vasarely es uno de los artistas clave de este movimiento.
Creación y expansión del valor de mercado
Si bien los primeros experimentos conceptuales datan de 1913 (Rueda de bicicleta, de Marcel Duchamp), la formalización del movimiento y, con ella, la creación de su valor de mercado, ocurrió décadas más tarde.
El hito fundacional del arte cinético ocurrió en 1955 con la exposición Le Mouvement en la Galería Denise René (París), acompañada de un manifiesto que caracterizó al cinetismo como un movimiento formal. Los primeros compradores fueron una minoría de coleccionistas de vanguardia europeos que buscaban obras innovadoras.
La inversión en el arte cinético exige una investigación especializada, pues el riesgo de mercado puede ser alto para artistas que no pertenezcan a la categoría Blue Chip.
La década de 1960 se considera la «época dorada», marcada por la aceptación institucional en las grandes citas internacionales (bienales de Venecia y São Paulo). El auge fue impulsado por la exposición The Responsive Eye en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (1965), que catapultó al op art en el mundo y diversificó la base de compradores.
Tras esta consolidación internacional vino una segunda fase de crecimiento para la apreciación del valor del cinetismo: su adopción en América Latina, particularmente en Argentina y Venezuela. En este último país se convirtió en un símbolo de modernidad y progreso tecnológico. Este fenómeno coincidió con los auges petroleros de 1973 y 1979, que inyectaron una liquidez sin precedentes en la economía venezolana. El capital excedente se canalizó, en parte, hacia la colección de activos de lujo, lo que ocasionó un aumento de la demanda interna y elevó las cotizaciones de los maestros cinéticos locales (Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez y Alejandro Otero, entre otros) en las subastas nacionales e internacionales.
El apoyo institucional del Estado venezolano (por medio de la construcción de grandes obras públicas y museos) le confirió al cinetismo visibilidad y prestigio, factores clave para mantener el valor en el tiempo. Este período muestra la profunda interconexión de la economía, los ciclos de liquidez y la valoración de activos culturales.
Desde una perspectiva de estrategia de negocios, la naturaleza reproducible de la obra cinética es una ventaja competitiva porque permite aumentar la producción, expandir el mercado a coleccionistas con menor capital y consolidar la marca del artista.
Análisis de rendimiento financiero
¿Cuál ha sido el rendimiento financiero ofrecido por el arte cinético? La investigación sobre las ventas en subastas internacionales es la herramienta más precisa para medir el rendimiento histórico. Un análisis de las transacciones de Carlos Cruz-Diez y Jesús Soto entre 1998 y 2012 ofrece resultados notables: el rendimiento compuesto anual promedio (CAGR, en dólares) de la obra de Cruz-Diez fue del 31 por ciento; en el caso de Soto, del 28 por ciento.[1]
Estos rendimientos superaron significativamente la inflación de Estados Unidos en el mismo período y, en el contexto de inversiones alternativas, rivalizaron con las categorías de mayor crecimiento. Un ejemplo real permite ilustrar lo anterior: la obra Physichromie 122 de Cruz-Diez pasó de 2.964 a 106.494 dólares en doce años (un CAGR del 34,8 por ciento que rara vez se observa en activos tradicionales). La robustez de estos retornos se debió, en parte, a la demanda sostenida por obras de excelente calidad, el sólido provenance (certificación de origen) institucional de la mayoría de las piezas y el hecho de que el mercado valora especialmente las obras más tempranas (1960-1969) de Cruz-Diez y Soto, lo que ofrece una prima por escasez histórica.

Estos datos se refieren a los dos artistas venezolanos más consolidados en esta corriente. Es difícil construir un índice de rentabilidad representativo para otros artistas cinéticos debido a la escasa frecuencia de subastas y la menor liquidez de sus obras. La inversión en este segmento exige una investigación especializada, pues el riesgo de mercado puede ser alto para artistas que no pertenezcan a la categoría Blue Chip. Además, el período analizado (1998-2012) fue excepcionalmente bueno para este movimiento en los mercados internacionales. Desde entonces, los precios de las obras de los artistas cinéticos se han estabilizado e incluso disminuido en algunos casos.
Desafíos gerenciales y perfil de riesgo
El arte cinético plantea retos específicos para la gerencia de colecciones que deben ser mitigados. Estos se centran en el riesgo de autenticidad y el riesgo operacional de la conservación.
La naturaleza geométrica y, a menudo, reproducible de la obra cinética permitió la serialización (serigrafías, obras múltiples y ediciones limitadas). Desde una perspectiva de estrategia de negocios, esta es una ventaja competitiva: permite aumentar la producción, expandir el mercado a coleccionistas con menor capital y consolidar la marca del artista. Sin embargo, si la estrategia no se gestiona con rigor, se incurre en el riesgo de dilución de marca.
El caso de Víctor Vasarely sirve de lección gerencial: su vasta producción y la comercialización excesiva (al punto de acercarse al merchandising) desdibujaron la línea divisoria entre la obra de arte original y la reproducción. Esto puede afectar la prima de valor en las piezas de alta gama. La clave es trazabilidad rigurosa y certificación.
Las obras de movimiento real, por su parte, están sujetas a la obsolescencia técnica y la falla mecánica, lo que constituye un significativo riesgo operacional con las siguientes manifestaciones.
- Costos de mantenimiento: un motor o un mecanismo roto pueden reemplazarse, pero implica un costo de preservación alto y recurrente. Es necesario presupuestar el servicio técnico y la sustitución de piezas.
- Autenticidad del componente: la sustitución de un elemento mecánico (un motor de un móvil o un filamento) plantea la pregunta de hasta qué punto la obra sigue siendo el original del artista. Los talleres de los maestros han desarrollado protocolos de autenticación y reparación para asegurar en el tiempo la integridad de la obra.
Las obras cinéticas también requieren consideraciones especiales con respecto a la liquidez del mercado y su certificación:
- Instalaciones monumentales: obras de gran formato como los Penetrables de Soto, si bien tienen un gran valor patrimonial y de prestigio, son activos de baja liquidez. Su mercado se restringe casi exclusivamente a colecciones institucionales o museos.
- Certificación: dada la existencia de talleres y el alto valor de las piezas, la certificación de autenticidad y el origen de la pieza son los elementos clave de una investigación exhaustiva (due diligence). La ausencia de un historial claro puede devaluar la obra instantáneamente en el mercado secundario.
El cinetismo en la vanguardia tecnológica
El cinetismo sigue siendo una fuerza evolutiva. Las nuevas generaciones de artistas están fusionando el concepto de movimiento con la tecnología de la Cuarta Revolución Industrial. La tendencia actual se enfoca en el cinetismo virtual y digital mediante:
- Inteligencia artificial y algoritmos para coreografiar esculturas y crear movimientos impredecibles.
- Robótica y sensores que permiten una interacción más compleja con el espectador o el entorno.
Artistas contemporáneos como el venezolano Elías Crespín son pioneros en esta fusión: crean esculturas geométricas «movidas por algoritmos». Esta nueva dirección abre un nicho de mercado para la adquisición de arte de nuevos medios, donde los desafíos de la preservación se trasladan del componente mecánico al componente cibernético (lenguajes de programación obsoletos y hardware específico).
El arte cinético plantea retos específicos para la gerencia de colecciones que deben ser mitigados. Estos se centran en el riesgo de autenticidad y el riesgo operacional de la conservación.
Gerencia, riesgo y patrimonio
El análisis del arte cinético, lejos de ser puramente estético, es un ejercicio avanzado de gerencia de inversiones con tres aristas insoslayables:
- Consolidación Blue Chip: el respaldo histórico, la aceptación institucional y los retornos empíricos establecen a este arte como una clase de activo consolidada. Los principales maestros cotizan en los mercados internacionales, como las subastas de Latin American Modern & Contemporary Art de Christie’s y Sotheby’s, que ofrecen una diversificación geográfica y estilística fuera de los ejes tradicionales.
- Riesgos: es necesario mitigar los riesgos de autenticidad y, para las obras de movimiento real, gestionar el riesgo operacional de conservación. El rendimiento potencial está firmemente ligado a la calidad de la preservación.
- Valoración del legado: el legado del cinetismo, especialmente en América Latina, sigue siendo un factor de prima de valor. Al coleccionar este tipo de arte no solo se adquiere un bien, sino también se invierte en la preservación de un patrimonio cultural que fue símbolo de modernidad en su tiempo.
El arte cinético muestra que la innovación estética, cuando está respaldada por un marco conceptual sólido y por la demanda de mercados con liquidez moderada, puede convertirse en una inversión patrimonial robusta y rentable, siempre que el inversionista aplique el rigor analítico que exige cualquier otra clase de activo.
Urbi Garay, director de Investigaciones del IESA.
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Nota: Este artículo se basa en la ponencia «La aventura del cinetismo: arte y mercado» presentada con Alejandro Oliveros en el XXI Seminario de Cultura y Gerencia del IESA, en noviembre de 2025. Se puede acceder a la grabación en https://www.youtube.com/watch?v=8eUSsAlDXGU.
Referencias
[1] Garay, U., Gómez, M., y Zambrano, J. (2015). ¿Cuán rentable es invertir en arte? Los casos de Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez. Debates IESA, XX(1), 49-53.






