La agenda de Kevin Warsh para la Reserva Federal

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(c) Rod Searcey / Hoover Institute

El presidente Trump postuló a Kevin Warsh para dirigir la Reserva Federal. Para Warsh, las políticas que ha puesto en práctica la institución en los últimos años no resuelven el problema de fondo: la presión inflacionaria. El control de la inflación es lo que da forma a la agenda de cambios que intentará imponer en su gestión.


 

El pasado viernes 30 de enero, el presidente Trump postuló a Kevin Warsh, un abogado con una vasta experiencia tanto en el sector público como en la banca de inversión, para dirigir la Reserva Federal (Fed). El Senado debe confirmar esta postulación, y seguramente lo hará, luego de hacerle pasar un mal rato al presidente Trump. Algunos miembros del Comité Bancario del Senado se niegan a procesar esta postulación hasta que concluya la investigación criminal que el Departamento de Justicia sigue a Jerome Powell, actual presidente de la Fed.

Si se hace caso a las declaraciones públicas de Warsh en los últimos años, debería esperarse que, durante su gestión, intente promover una profunda revaluación del papel del banco central estadounidense. Warsh conoce muy bien el funcionamiento de la Fed, porque fue su gobernador durante el período 2006-2011, cuando desempeñó un papel principal en la implantación de la llamada expansión cuantitativa (quantitative easing) para hacer frente a la gran crisis financiera de 2007-2009.

En un principio, Warsh estuvo de acuerdo con la inyección extraordinaria de recursos, para dar estabilidad al sistema financiero. Pero hoy sostiene que la Fed hizo un uso excesivo de esta herramienta, al expandir su balance general hasta nueve billones de dólares en bonos del Tesoro y otros activos en su punto máximo. En su opinión, la persistencia de un balance general de gran magnitud distorsiona los precios de los activos y contribuye a consolidar la presión inflacionaria.


Warsh considera que la Fed ha perdido foco al tratar de impulsar una agenda que excede sus funciones naturales: controlar la inflación y crear la estabilidad macroeconómica que conduzca al pleno empleo.


Warsh sostiene que el conjunto de políticas puesto en práctica por la Fed en los últimos años no resuelve el problema de fondo: reducir la presión inflacionaria que empuja al alza a las tasas de interés y atenta contra el crecimiento económico de Estados Unidos a largo plazo. Precisamente, el control de la inflación es lo que da forma a la agenda de cambios que intentará imponer en su gestión.

Esta agenda propone como puntos principales 1) reducir el balance general de la Fed, 2) eliminar la estrategia comunicacional de gestión de expectativas para reducir la incertidumbre de los actores económicos (foward guidance), 3) disminuir la dependencia en información económica de los meses anteriores para definir las actuaciones del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) y 4) revisitar el Acuerdo de 1951 entre la Fed y del Departamento del Tesoro que define la independencia del banco central estadounidense en los términos que hoy se conocen.


En los últimos veinte años, Warsh ha pertenecido al grupo de los llamados «halcones», amigos de reducir la oferta monetaria cuando las amenazas inflacionarias se agudizan, sin importar que eso conduzca a una recesión.


Esta revisión apunta a transformar el banco central en un organismo más pequeño y menos poderoso, al limitar su capacidad para comprar papeles del Tesoro y minimizar, así, lo que el Departamento del Tesoro considera una intromisión en sus funciones al realizar una política fiscal encubierta. Ese reequilibrio de responsabilidades otorgaría a Scott Bessent, secretario del Tesoro, y al Gobierno de Trump en general una mayor influencia en la economía.

Las críticas de Warsh no se limitan a la expansión cuantitativa. Considera que la Fed ha perdido foco al tratar de impulsar una agenda que excede sus funciones naturales: controlar la inflación y crear la estabilidad macroeconómica que conduzca al pleno empleo. El candidato a presidir la Fed sostiene que el aumento de la inflación y la dificultad para reducir las tasas de interés a largo plazo se deben a la desconfianza del mercado en las capacidades de Jerome Powell y sus modelos económicos obsoletos.

Warsh considera que Powell comprometió su credibilidad ante el mercado financiero al permitir que la inflación subiera después de la pandemia. Reemplazarlo por un nuevo presidente más creíble permitiría reducir las tasas de interés a largo plazo. Una de las preguntas que se hacen los formadores de opinión en el mercado de valores es cuál sería la posición de Warsh de ser necesaria un alza de las tasas de interés debido a la imposibilidad de lograr que la inflación alcance la meta de dos por ciento fijada por la Fed.

En los últimos veinte años, Warsh ha pertenecido al grupo de los llamados «halcones», amigos de reducir la oferta monetaria cuando las amenazas inflacionarias se agudizan, sin importar que eso conduzca a una recesión. Pero Trump lo nomina al cargo de presidente de la Fed porque lo considera capaz de impulsar la agenda de reducción de tasas de interés a la cual Powell se ha resistido.


Si el Senado lo confirma, Warsh deberá persuadir a sus colegas votantes del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), para que adopten una postura moderada, que prioriza los riesgos laborales sobre la inflación.


Quienes conocen la trayectoria profesional de Warsh creen que no se plegaría a la voluntad de Trump si no creyese que la disminución de las tasas de interés sería beneficiosa para la economía. De hecho, la propuesta de reducción del balance general de la Fed, que ha sugerido durante muchos años, tendería a aumentar las tasas de interés, debido a la reducción de la liquidez en los mercados financieros.

¿Por qué pensar que Warsh abogaría por la reducción de las tasas de interés? La respuesta es que él cree que el impacto de la política fiscal del Gobierno de Trump y la mejora de la productividad debido a las inversiones en inteligencia artificial ocasionarán un aumento de los salarios de los trabajadores sin presiones inflacionarias. En ese escenario, las tasas de interés podrían bajar.

Si el Senado lo confirma, Warsh deberá persuadir a sus colegas votantes del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), que fija las tasas de interés, para que adopten una postura moderada que prioriza los riesgos laborales sobre la inflación. En este grupo estará Jerome Powell, a quien le quedan dos años de ejercicio en la junta directiva de la Fed tras finalizar su mandato como presidente en mayo.

Quienes tienen la experiencia de trabajar en cuerpos colegiados, y la Fed es uno de ellos, saben que se consiguen mayores logros persuadiendo más que imponiendo. Y el Señor Warsh seguramente lo sabe.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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