Las fábricas que impulsan el mundo

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Foto de T Y / Unsplash

Dos «fábricas» mantuvieron al mundo activo en 2025: el mercado de capitales estadounidense y la maquinaria exportadora china. Dos escenarios extremos se plantean para 2026: 1) crecimiento, disminución de la deuda y mejor distribución de la riqueza (las fábricas continúan), y 2) estanflación, proteccionismo global y desapalancamiento financiero.


 

El año 2025 pudo haber sido mucho más accidentado para la economía mundial. En opinión del reputado economista Mohamed El-Erian hubo dos «fábricas» que, trabajando a toda máquina, mantuvieron a los mercados globales en actividad y produciendo resultados positivos que sorprendieron a los analistas más experimentados.[1]

La primera de estas fábricas es el mercado de capitales estadounidense, que sirvió de puntal a la promesa de que habrá un aumento extraordinario de la productividad del país, si fluyen los recursos para financiar el superciclo de la inteligencia artificial (IA). Tal promesa, de materializarse, justificaría las valoraciones alcanzadas por las grandes empresas tecnológicas, mejoraría el desempeño de las pequeñas y medianas empresas y generaría el volumen de ingresos por impuestos requerido para hacer frente a la creciente deuda del Gobierno federal.

Junto con las inversiones en IA también ocurrió un importante volumen de operaciones de fusiones y adquisiciones que no solo benefició a los banqueros de inversión que las intermediaron, sino también puso a circular dinero en el resto de la economía. Quienes hacen líquidas sus inversiones recomponen sus carteras de activos, adquieren inmuebles y, en muchos casos, ponen en marcha sus agendas filantrópicas.

El segundo motor, según El-Erian, es la «fábrica exportadora china». Este adaptable gigante manufacturero produjo un superávit comercial récord de 1,2 billones de dólares, aun con una caída del veinte por ciento en los envíos a Estados Unidos. Esto permitió mantener un crecimiento de cinco por ciento, a pesar de la crisis inmobiliaria de años recientes y la propensión de la clase media china a ahorrar antes que consumir para tratar de tener un colchón para financiar salud, educación y retiro.


Lo peor que podría sucederle al mercado de capitales estadounidense es que el crecimiento ofrecido por las inversiones en IA no se materialice.


China apostó en 2025 a apalancar su crecimiento en los sectores de vehículos eléctricos, telecomunicaciones y energías renovables. Tal estrategia supone que hay una serie de socios comerciales, actuales y potenciales, dispuestos a comprar lo que el gigante asiático produzca. Ahora bien, lo que funcionó en el año 2025 podría no mantenerse en 2026.

Lo peor que podría sucederle al mercado de capitales estadounidense es que el crecimiento ofrecido por las inversiones en IA no se materialice y sea necesario acometer un doloroso proceso de liquidación de activos para hacer frente a las deudas contraídas para financiarlos. Esto es lo que se conoce con el nombre de «desapalancamiento financiero».

Un alza del costo del dinero en este contexto de endeudamiento tendría un efecto devastador. De allí que se vea con preocupación la devaluación del dólar frente a las monedas de sus principales socios comerciales en 2026, tal como sucedió en 2025, así como la subida del rendimiento de los bonos estadounidenses.

Como los mercados de capitales de los países desarrollados están interconectados, también es muy relevante lo que pasa en una economía que exporta capitales: Japón. Con la llegada de la primera ministra Takaichi, se ha creado la expectativa de que implantará un plan expansivo; entre otras cosas, promete suspender durante dos años el impuesto al consumo de alimentos, una medida que le costará al Gobierno aproximadamente 5 billones de yenes (32.000 millones de dólares).

Los mercados financieros han visto con recelo esa iniciativa fiscal, lo que se ha reflejado en el rendimiento de los bonos emitidos por el Gobierno japonés en moneda local. Muestra de ello es la subida al cuatro por ciento del rendimiento del bono con vencimiento a cuarenta años. Si el plan no funciona, las consecuencias serán globales. Las instituciones japonesas, atraídas por el aumento de los rendimientos en su país, podrían comenzar a repatriar capital del resto del mundo, lo que elevaría los rendimientos requeridos en los papeles del Tesoro estadounidense.

La fábrica china, por su parte, podría tener más dificultades para encontrar mercados para su maquinaria exportadora, debido a los aranceles y las restricciones a la venta de productos a Estados Unidos. Sus grandes volúmenes de producción están poniendo a prueba la disposición de otros países a absorber los envíos que originalmente iban a Estados Unidos, especialmente Europa y otras partes de Asia.

¿Qué deberían hacer los inversionistas en este nuevo año? Según el profesor El-Erian deberían prepararse para la ocurrencia dos posibles escenarios extremos.


En un mundo de escenarios extremos, no es prudente depender excesivamente de las inversiones pasivas, que replican los índices bursátiles y de renta fija y han sido tan exitosas en la última década.


El primero, el más favorable, muestra una economía global más fuerte que se beneficia antes de lo esperado del aumento de la productividad impulsado por la IA estadounidense y la tecnología verde china. Esto consolidaría un período similar al de la década de 1990 de crecimiento sosteniblemente mayor, disminución de la carga de la deuda y una mejor distribución de la riqueza. El segundo escenario, el de las promesas incumplidas, se parece a la era de la estanflación de la década de 1970, marcada por el proteccionismo global, los mercados de bonos y divisas disruptivos, y el desapalancamiento financiero.

En un mundo de escenarios extremos, no es prudente depender excesivamente de las inversiones pasivas, que replican los índices bursátiles y de renta fija y han sido tan exitosas en la última década. Se necesita un enfoque más táctico que preste especial atención a la resiliencia y a los planes de contingencia.

Los inversionistas también deben ser ágiles y considerar el ritmo de adopción de la IA, en lugar de centrarse únicamente en las empresas que ofrecen modelos fundacionales. Deberán buscar lo que probablemente sea un grupo mucho más reducido de empresas ganadoras relacionadas con la IA. En pocas palabras, las estrategias activas vuelven a ser pertinentes.

Los inversionistas en deuda, en particular, deben ser conservadores al evaluar la solidez del balance y la antigüedad de la estructura de capital de las empresas en las que invierten. En general, no deben confiar en lo que funcionó bien el año pasado. Como bien advierten los bancos de inversión en los prospectos de venta de sus productos financieros, los comportamientos del pasado no son predictores del futuro.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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Notas

[1] El-Erian, M. (2026, 22 de enero). The twin «factories» spurring global growth are both at risk. Financial Times. https://www.ft.com/content/310640c0-836d-4b6f-8be6-6ff48e9f796d