Migrar, resistir y volver: el camino de regreso a Venezuela

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Fotografía: Ministerio del Interior de Chile

El aumento del costo de la vida, la caída del empleo y las nuevas políticas migratorias en Chile impulsan a más venezolanos a abandonar el país. Aunque el retorno sigue siendo limitado, cada vez más emigrantes consideran reconstruir su vida en Venezuela pese a los desafíos que aún enfrenta el país.


 

Durante años, Chile fue una de las principales promesas de estabilidad para los venezolanos que emigraron en busca de oportunidades. Su crecimiento económico, las posibilidades de acceder a empleo formal y una percepción de mayor seguridad lo convirtieron en uno de los destinos más atractivos de América Latina.

Hoy, esa realidad comienza a mostrar cambios. Aunque todavía no puede hablarse de un retorno masivo, distintos indicadores reflejan una tendencia que hasta hace pocos años parecía improbable: cada vez más venezolanos están abandonando Chile. Algunos regresan a Venezuela; otros buscan nuevos destinos. Lo cierto es que una parte de la diáspora está replanteando el proyecto migratorio que inició hace casi una década.

Natascha Martínez llegó a Chile hace nueve años desde San Cristóbal, estado Táchira. Es ingeniera de Sistemas y licenciada en Educación Integral, pero nunca logró ejercer ninguna de esas profesiones en el país austral.

Hace pocos meses regresó temporalmente a Venezuela para evaluar la posibilidad de volver definitivamente. El viaje terminó transformándose en una decisión.

«Fui recientemente a Venezuela y sentí una tranquilidad totalmente diferente. Es del cielo a la tierra», cuenta. Su intención es regresar de forma definitiva en diciembre.

Durante su visita encontró una realidad distinta a la que había dejado atrás. Observó una ciudad menos poblada, con menor actividad universitaria y una vida nocturna más reducida. También percibió cambios en la dinámica económica. «San Cristóbal funciona con pesos colombianos, dólares, bolívares y hasta criptomonedas. Dependiendo del lugar, uno decide con qué le conviene pagar», explica.

Aunque reconoce que continúan las fallas en los servicios públicos, considera que la situación es más manejable de lo que esperaba. «La luz se va algunas horas, el agua también tiene interrupciones, pero la gente se ha adaptado. Los supermercados están abastecidos, no hay colas y se consigue de todo».

Sin embargo, la principal razón para regresar es económica: “Si gano 1.200.000 pesos en Chile, entre arriendo y gastos se consume prácticamente todo. Llevo muchos años trabajando y sigo sin sentir que tengo algo propio. Allá voy a vivir en mi casa, no en una vivienda arrendada».

La experiencia de Natascha no es un caso aislado. Datos presentados por el director del Servicio Nacional de Migraciones de Chile, Frank Sauerbaum, indican que más de 1400 migrantes irregulares, en su mayoría venezolanos, abandonaron voluntariamente el país desde la llegada al Gobierno del presidente José Antonio Kast en marzo de 2026.


Cada vez más venezolanos están abandonando Chile. Algunos regresan a Venezuela; otros buscan nuevos destinos.


 

Las estadísticas oficiales muestran además que entre enero y marzo salieron voluntariamente 1831 personas. Para abril, el Servicio Nacional de Migraciones informó que más de 2200 venezolanos habían dejado Chile durante el año.

Las cifras están lejos de reflejar un retorno masivo, pero coinciden con otros indicadores relacionados con el empleo y las expectativas económicas. Un estudio del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales reveló en mayo de 2026 que la cantidad de venezolanos ocupados en Chile disminuyó un 5,6 por ciento respecto al año anterior, que equivalen a más de 32.000 trabajadores menos en el mercado laboral.

El perfil predominante de quienes están saliendo de la fuerza laboral resulta significativo: hombres menores de 35 años, solteros y con educación universitaria completa. Se trata, precisamente, del grupo que lideró la emigración venezolana hacia Chile durante los últimos años.

La investigación también advierte que una salida sostenida de trabajadores venezolanos podría afectar algunos sectores. Más del sesenta por ciento de los conductores de motocicletas dedicados al reparto son venezolanos, por lo que actividades vinculadas al reparto de mercancías y al transporte por aplicaciones podrían verse impactadas negativamente.

Durante el trimestre enero-marzo de 2026, la tasa de desempleo entre la población extranjera alcanzó el 6,7 por ciento. Para muchos migrantes, el problema no es únicamente encontrar empleo, sino sostener una calidad de vida que justifique el esfuerzo realizado. Natascha Martínez resume esa sensación en una frase: «Trabajaba muy lejos de donde vivía. Perdía tres horas al día solamente en traslados. Era vivir para trabajar».

Durante sus años en Chile desempeñó labores muy distintas a las que imaginó cuando emigró. «Uno sale pensando que es ingeniero o educador y que solo va a trabajar en eso. La realidad es que uno aprende a hacer de todo. Eso es lo que me llevo de Chile: resiliencia».

Fuente: Ministerio del interior de Chile.

Un proyecto familiar de retorno

La historia de Josefina Yépez refleja otra cara de la experiencia migratoria. Después de ocho años en Chile decidió regresar a Venezuela junto a sus tres hijos: una adolescente de quince años y unos gemelos de doce. Todavía no tiene una fecha definitiva para partir, pero asegura que la decisión ya está tomada.

Desde comienzos de 2026 inició un plan de ahorro riguroso. Redujo gastos al mínimo, eliminó actividades recreativas y actualmente vive con sus hijos en un departamento tipo estudio para reunir los recursos necesarios para el regreso.

«No te voy a mentir. Aquí progresamos», reconoce. Su llegada a Chile estuvo marcada por dificultades. Poco después de emigrar, se separó de su pareja y quedó sola al cuidado de sus hijos. «Trabajé en una pastelería y después logré abrir mi propio negocio. Es pequeño, pero con eso he mantenido a mi familia».

Sin embargo, considera que si logró reconstruir su vida en un país extranjero también puede hacerlo en Venezuela. «Si pude empezar de cero casi sola aquí, ¿por qué no puedo hacerlo en mi propio país?».


En mayo de 2026 la cantidad de venezolanos ocupados en Chile disminuyó un 5,6 por ciento respecto al año anterior.


Josefina observa señales de recuperación económica que fortalecen su decisión. «Las cosas allá están cambiando poco a poco. No está todo bien, pero prefiero vivir en mi casa y que mis hijos estén cerca de su familia».

Su proyecto consiste en asociarse con una prima que también trabaja en el sector de la repostería. «Las tortas y los dulces siempre se venden. Durante la escasez fue muy difícil porque no se conseguía ni azúcar. Hoy eso ha cambiado y tenemos lo necesario para volver a empezar».

 

El impacto en las remesas

El posible aumento del retorno también tiene implicaciones para miles de familias que permanecen en Venezuela. Según el Observatorio Venezolano de la Diáspora, el 84,6 por ciento de los emigrantes mantiene familiares en el país y más de la mitad envía apoyo económico de forma regular.

Por su parte, el Banco Central de Chile informó que las remesas enviadas formalmente por extranjeros residentes alcanzaron 2271 millones de dólares durante 2025, un incremento del 5,9 por ciento respecto al año anterior.

En el caso venezolano existe una particularidad: una parte importante de las transferencias se realiza mediante mecanismos informales debido a las restricciones financieras y cambiarias. Esto sugiere que los montos reales enviados a Venezuela podrían ser superiores a los registros oficiales.

La llegada de José Antonio Kast a la presidencia ha añadido un nuevo elemento al debate migratorio. Durante su primera Cuenta Pública, anunció el denominado Plan Retorno, una propuesta orientada a facilitar la salida voluntaria de migrantes irregulares y reforzar los controles migratorios. La iniciativa establece incentivos para quienes abandonen voluntariamente el país y posteriormente soliciten reingresar de manera regular.

Paralelamente, el Ejecutivo ha impulsado mayores fiscalizaciones laborales y proyectos destinados a agilizar expulsiones. Además, el Gobierno propuso una norma que obligaría a instituciones públicas y privadas a entregar datos de extranjeros en situación migratoria irregular cuando las autoridades lo requieran. La iniciativa fue presentada por el viceministro del Interior, Máximo Pávez, y establece la entrega de antecedentes como domicilio, teléfono y correo electrónico. La propuesta ha recibido cuestionamientos de gremios de salud y educación. Incluso la ministra de Salud, May Chomalí, señaló que no se pueden vulnerar los principios establecidos en la legislación.

Las autoridades también han advertido que los inmigrantes irregulares enfrentarán mayores restricciones para acceder a empleo y determinados beneficios sociales. Aunque Natascha asegura que estas medidas no influyen directamente en su decisión porque siempre mantuvo su situación migratoria regular, reconoce que ha visto casos de personas que optaron por regresar debido al endurecimiento de las políticas migratorias. «Hay gente que estaba aquí sin papeles y decidió devolverse. Eso sí lo he visto».


Solo el nueve por ciento de los venezolanos en el exterior manifestó intención de retornar en los siguientes doce meses.


¿Una tendencia limitada?

Pese a las historias de retorno, los estudios indican que regresar a Venezuela sigue siendo una opción minoritaria. De acuerdo con el Observatorio Venezolano de la Diáspora, apenas el doce por ciento de los venezolanos consultados planean volver durante los próximos dos años.

Una encuesta de ACNUR realizada en seis países latinoamericanos mostró resultados similares: solo el nueve por ciento de los venezolanos en el exterior manifestaron intención de retornar en los siguientes doce meses. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) 2025 señala además que apenas el siete por ciento de los venezolanos que emigraron ha regresado al país.

Quienes vuelven también enfrentan desafíos importantes. Los servicios públicos continúan siendo una de las principales preocupaciones y el suministro estable de agua y electricidad sigue siendo limitado en muchas regiones.

Aun así, para personas como Natascha Martínez y Josefina Yépez, el regreso no responde únicamente a cálculos económicos. También es una búsqueda de pertenencia, la posibilidad de reconstruir la vida cerca de la familia y dejar atrás la sensación de provisionalidad que suele acompañar la experiencia migratoria.

Las cifras ayudan a comprender el fenómeno, pero no lo explican por completo. Detrás de cada estadística hay decisiones personales, expectativas, frustraciones y nuevas oportunidades. Historias de quienes, después de años de esfuerzo lejos de casa, vuelven a preguntarse dónde quieren construir su futuro.


Lissette Cardona, periodista

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