La estrategia de desarrollo de China incluye dar más protagonismo a su moneda y buscar vías alternas al sistema de intercambio denominado en dólares. No basta con que el renminbi se use para financiar operaciones comerciales: China necesita desarrollar mercados de capitales más profundos, amplios y líquidos.
Mucho se habla del renminbi como eventual sustituto del dólar en el papel de principal reserva internacional. Sin embargo, eso está muy lejos de ser una realidad, pues escasamente participa con el 1,9 por ciento de los activos mantenidos por los bancos centrales del mundo. Pero menos se dice sobre el papel de esta moneda en el comercio internacional.
En la estrategia de desarrollo de China, la internacionalización del renminbi es un elemento clave. El propósito es no solo dar más protagonismo a esta moneda en el ámbito comercial, sino también buscar vías alternas al sistema de intercambio denominado en dólares.
China ha comprendido que el dólar es utilizado como herramienta de control contra los antagonistas de la política exterior estadounidense. Por ello se ha visto obligada a desarrollar una infraestructura de pagos paralela a la del dólar para canalizar buena parte de las operaciones con sus socios comerciales.
La primera iniciativa para internacionalizar el uso del renminbi fue el lanzamiento del Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS, por sus siglas en inglés) en 2015, que pudo ponerse en operación gracias a las presiones del Gobierno chino sobre sus bancos estatales. A pesar de ser en principio más costoso que transar en dólares, con el paso de los años se ha vuelto un canal más competitivo.
Aprovechando la tecnología de cadena de bloques, y siempre con el norte de agilizar los pagos transfronterizos, el Centro de Innovación del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y los bancos centrales de China, Hong Kong, Tailandia y los Emiratos Árabes Unidos impulsaron el proyecto mBridge en 2021. La iniciativa consistía en crear una plataforma multimoneda digital (CBDC) para lograr pagos transfronterizos más rápidos y eficientes. El proyecto mBridge procesó 56.000 millones de dólares en transacciones a finales de 2025, un aumento de 2.500 veces con respecto a su programa piloto de 22 millones en 2022.
La migración de pagos hacia el renminbi obligaría a los usuarios a aceptar mayores costos de financiamiento.
El CIPS utiliza principalmente su propio sistema de mensajería y mBridge no interactúa con Swift, la red global que conecta a más de 11.000 instituciones financieras en más de 200 países para el intercambio rápido de mensajes financieros y transferencias internacionales. Por lo tanto, cuando se utilizan los datos de Swift para determinar las principales monedas usadas como medios de pagos, se subestima el uso del renminbi. Prueba de ello es que mientras el renminbi se usa en el 3,1 por ciento de los pagos globales, su participación es del 8,5 por ciento en el mercado global del financiamiento del comercio.
No basta con que el renminbi se use para financiar operaciones comerciales. Si se quiere que otros actores posean esta moneda en su cartera de activos, es necesario que China desarrolle mercados de capitales más profundos, amplios y líquidos. Esto implica desarrollar su mercado de renta fija, expandir su programa Bond Connect —que permite a los gestores de fondos extranjeros negociar deuda china a través de Hong Kong— y crear reservas de renminbi fuera de China en bancos y centros financieros.
Al ser la plataforma del dólar dominante en el comercio mundial, los costos de financiamiento de quienes usan esta moneda son menores, debido a una mezcla de bajas tasas de interés, economías de escala en el desarrollo de productos financieros que apoyan el comercio, la costumbre y el uso transaccional constante. Cuando las transacciones se liquidan en dólares, las empresas obtienen dólares, mantienen capital de trabajo en dólares y reciclan saldos a través de bancos y mercados financieros.
Si ocurre una reducción de las transacciones en dólares, China, el gran exportador, dejaría de ser un proveedor estructural de liquidez en dólares que se sostiene, en parte, gracias a sus excedentes acumulados en esa moneda.
La migración de pagos hacia el renminbi obligaría a los usuarios a aceptar mayores costos de financiamiento, hasta que el volumen de operaciones en esta moneda permita replicar las economías de escala que hoy existen en el sistema comercial del dólar. ¿Cuánto tiempo pasará para que esta brecha de costos se cierre? Es una pregunta que aún no tiene respuesta. Si a largo plazo la liquidación de operaciones en renminbi se abarata considerablemente y una parte significativa del comercio migra del dólar a esta moneda, las empresas no necesitarán producir ni mantener dólares con tanta frecuencia.
Con un mayor uso del renminbi, disminuiría la liquidez orgánica en dólares producida por el comercio, lo que dificultaría la obtención de financiamiento en dólares a muchas empresas pequeñas y medianas que aún lo necesitasen. Esto se manifestaría no en un alza de los rendimientos de los papeles del Tesoro estadounidense, sino en mayores costos de transacción por la reducción de economías de escala en una plataforma de transacciones en dólares reducida, y mayores costos totales de endeudamiento en dólares para las empresas no estadounidenses.
Una participación del 8,5 por ciento en el financiamiento del comercio mundial que hoy cubre el renminbi no trastocará el sistema del dólar, pero puede tener repercusiones marginales: un cambio aparentemente pequeño podría ocasionar un efecto significativo en el uso futuro del renminbi. Si ocurre una reducción de las transacciones en dólares, China, el gran exportador, dejaría de ser un proveedor estructural de liquidez en dólares que se sostiene, en parte, gracias a sus excedentes acumulados en esa moneda.
Durante años, los superávits de China se reciclaron en bonos del Tesoro, lo que subsidiaba discretamente la liquidez en dólares fuera de Estados Unidos. La liquidación de transacciones comerciales en renminbi, de ser más barata, reduciría esa oferta de dólares.
El financiamiento en dólares no se desplomaría. Simplemente se volvería más esporádico, más sensible a las tensiones geopolíticas y más caro. Esto sucedería de manera casi silente frente a los ojos de los prestatarios. Nada de esto requiere que el renminbi reemplace al dólar: basta con que ocurran suficientes transacciones para que las ventajas de la red del dólar se erosionen a medida que se desplacen transacciones hacia el renminbi y otras monedas.
La infraestructura bancaria requerida para potenciar el uso del renminbi en transacciones comerciales ya existe; en buena medida, está integrada por bancos asiáticos, africanos y del golfo Pérsico. Hechos como el conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán pueden ayudar a que muchos actores evalúen la posibilidad de dar un mayor peso a la moneda china en la liquidación de transacciones comerciales y como vehículo para acumular excedentes. Tarde o temprano, el renminbi ocupará un lugar cónsono con el hecho de que China es, por ahora, la segunda economía del mundo.
Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA
Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.
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