Después de la invasión: asuntos que merecen consideración luego de un gran acontecimiento

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Imagen de Oleg Gamulinskiy en Pixabay

Los acontecimientos geopolíticos como la invasión rusa a Ucrania inundan la prensa especializada de análisis que, en lugar de orientar, confunden al público. Lo importante es distinguir los impactos de corto plazo —que pudieran conducir a movimientos tácticos en una estrategia de inversión—, de los de largo plazo —que obligan a modificar las premisas con las cuales se manejan las carteras de inversión—.

Carlos Jaramillo / 3 de marzo de 2022


 

El principal problema de los acontecimientos geopolíticos como la reciente invasión de Rusia a Ucrania es distinguir sus impactos de corto plazo —que pudieran conducir a movimientos tácticos dentro de una estrategia de inversión (liquidar unas acciones, comprar otras cuyos precios lucen excesivamente castigados)— de los impactos de largo plazo —que obligan a modificar fundamentalmente las premisas con las que se manejan las carteras de inversión—. ¿Se debe seguir invirtiendo en China? ¿Qué sucederá con el sector petrolero? La gran pregunta es cuáles cambios, de corto y largo plazo, ocurrirán en los mercados financieros mundiales una vez que la crisis ruso-ucraniana se transforme en un nuevo equilibrio regional.

 

El impacto de un acontecimiento caótico en los mercados bursátiles

Ryan Detrick, jefe de estrategias de mercado de LPL Financial (un banco de inversión que sirve a más de 20.000 asesores bursátiles), ha realizado un estudio de las caídas y los repuntes de las acciones de Estados Unidos después de invasiones, asesinatos, embargos, ataques terroristas y otros hechos caóticos. Concluyó que el impacto en los mercados tiende a ser de corta duración.

Las acciones estadounidenses tardaron 31 días en recuperarse después de los ataques terroristas en Nueva York en septiembre de 2001; y 65 días después de la Ofensiva del Tet de 1968, durante la Guerra de Vietnam. Los reveses más largos para las acciones en la lista de Detrick fueron 189 días después de la invasión de Kuwait por Irak en 1990 y 307 días luego del ataque de 1941 a Pearl Harbor.

En el caso de los rendimientos bursátiles posteriores a catástrofes geopolíticas ha habido una clara división entre las que desencadenaron recesiones y las que no. En ambientes recesivos, la caída de los rendimientos observada un año después es del orden de once por ciento; mientras que, cuando no se detiene el crecimiento económico, se han observado retornos positivos también de alrededor del once por ciento.

Desde 1980, cada vez que el mercado estadounidense ha sufrido una corrección de entre diez y quince por ciento, el retorno anual medido desde el punto más bajo de la corrección ha sido en promedio 22 por ciento. Lamentablemente, el punto más bajo se identifica después de haber sucedido y cuando buena parte del beneficio se ha materializado.

 

El impacto en las tasas de interés

Para la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), que es sin duda alguna el banco central más relevante para el mundo occidental, se agudiza un dilema que surgió a finales de 2021: subir de manera importante las tasas de interés para combatir la inflación o hacerlo de manera discreta para minimizar el impacto recesivo de la invasión rusa en la economía mundial.

Rusia es un proveedor energético de gran peso para la economía europea, así como de materias primas agrícolas como el trigo. Por ello las restricciones en el flujo de estas mercancías tendrán un gran impacto en la inflación mundial.

El alza de las tasas de interés deprimirá el precio de los títulos de renta fija ya emitidos, pero permitirá que el dinero fresco se coloque a rendimientos mayores. La FED tendrá la excusa de no acelerar el paso del alza de las tasas de interés para no precipitar una recesión y comprar tiempo para ver cómo digiere la economía mundial, simultáneamente, los cuellos de botella de las cadenas de suministro debido a la covid y el alza de los precios de las materias primas alimentarias y energéticas patrocinadas por Putin.

Es probable que las expectativas recesivas hagan que los consumidores estadounidenses y europeos reduzcan sus gastos como respuesta a la incertidumbre económica. El impacto de este comportamiento no es sencillo de cuantificar. Indudablemente, las tasas de interés subirán: cuánto y hasta cuándo son las preguntas clave.

 

La aparición de un nuevo panorama de inversión

Rusia y China, juntas o por separado, tienen más de una década construyendo un nuevo orden internacional. Ambas aspiran a ser el centro de un sistema solar en el que las economías satélites les den masa crítica para construir mercados internos en los que colocar sus tecnologías —más en el caso chino que en el ruso— y adquirir materias primas e insumos de proveedores confiables.

Ante esta nueva realidad, insinuada por el tercer término en el poder al que aspira el presidente Xi a finales de este año, es cosa del pasado la idea de que la economía china se abriría masivamente a la inversión internacional una vez resueltos los problemas de gobierno de las empresas chinas que cotizan en bolsa y mejoren los estándares contables.

China es un país complejo en el que las purgas de enemigos políticos y económicos del Partido Comunista o los cambios en el modelo de desarrollo nacional para reducir las brechas de desigualdad pueden ocasionar de la noche a la mañana grandes pérdidas económicas a los inversionistas ingenuos. La construcción de un gran bloque económico requiere capital internacional, y el potencial de crecimiento de China siempre encontrará inversionistas dispuestos a asumir el riesgo de lidiar con los vaivenes del partido. Lo que no es tan obvio es que utilicen los vehículos de inversión tradicionales, vía compra masiva de bonos y acciones de oferta pública.

Los inversionistas institucionales occidentales verán mayores restricciones para colocar dinero en el gigante asiático. Los fondos de capital privado se verán en la obligación de dar mayores explicaciones a sus organismos de seguridad nacional sobre sus movimientos en Rusia y en Asia. Y estas son tendencias que apenas comienzan a consolidarse.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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