El arte como inversión: obras de artistas de países andinos

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Fotografía: Pexels.

Entre 1992 y 2012 la inversión en obras de artistas plásticos de países andinos resultó una buena opción para diversificar una cartera tradicional. Las obras de artistas venezolanos registraron el mayor rendimiento promedio, aunque con mayor volatilidad, seguidas por las de artistas de Perú, Ecuador, Colombia y Chile.

Alejandro Brandini, Urbi Garay y Santos Márquez / 23 de mayo de 2019


 

El gris desempeño exhibido por acciones y bonos a comienzos del siglo XXI despertó el interés de los inversionistas en otras opciones, tales como el mercado inmobiliario, el capital privado de riesgo, productos básicos (commodities), fondos de cobertura y el arte, entre otras clases de activos. El estudio de los atributos del arte como inversión ha sido potenciado, además, por la creciente disponibilidad de datos y precios de este activo; en particular, cuando es negociado en subastas.

El arte producido en los países andinos —particularmente, en Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela— ha recibido un creciente interés mundial durante las últimas décadas. La conjunción de culturas —nativa, europea y africana— le ha conferido a la región una tradición artística que la distingue. Sin embargo, según Garay (2018: 246-247),

… la expresión arte latinoamericano debe ser considerada con cautela, no solo por la primacía que los coleccionistas de los países latinoamericanos han otorgado tradicionalmente a las obras creadas por artistas de sus países (más que a las obras ejecutadas por otros artistas del continente), sino también porque el arte latinoamericano incluye algunas corrientes o estilos —por ejemplo, la abstracción geométrica o el cinetismo— que pueden ser concebidas más bien como inscritas en el arte abstracto-geométrico o cinético internacional.

Grandes maestros de la región resuenan con fuerza creciente tanto en los museos como en las casas de subastas internacionales: Roberto Matta y Claudio Bravo (Chile), Fernando Botero (Colombia), Oswaldo Guayasamín (Ecuador), Fernando de Szyszlo (Perú) y Armando Reverón, Carlos Cruz-Diez, Gego, Alejandro Otero y Jesús Soto (Venezuela), por mencionar algunos de los más aclamados. Garay, Gómez y Zambrano (2015) calcularon la rentabilidad de haber invertido en obras de Cruz-Diez y Soto.

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Desempeño histórico del arte como inversión

Tradicionalmente, el mercado del arte ha sido caracterizado por el gusto estético, las técnicas, los materiales y los temas escogidos por los artistas. Mientras que, como opción de inversión, el arte se ha caracterizado por su relativa iliquidez (con frecuencia, una obra de arte se vende solo una vez durante varias décadas), asimetría de información entre compradores y vendedores, y precios que pueden estar determinados por el historial de propietarios de una pintura o los lugares (museos o galerías) donde ha sido exhibida, entre otras variables.

El analista enfrenta un problema en la recopilación de datos: alrededor de un cincuenta por ciento de las transacciones de obras de arte no es registrado (Gerlis, 2014). Además, en el mercado de arte hay que considerar las comisiones que los inversionistas o coleccionistas pueden pagar cuando compran o venden las obras.

La inclusión de obras de arte en una cartera de inversión reduce el riesgo

Para estudiar el desempeño del mercado del arte es necesario construir índices de precios y, a partir de ahí, medir el rendimiento de la inversión en un conjunto de obras (el conjunto puede estar representado por un grupo de artistas de un país o de un movimiento artístico). Existen dos métodos principales para construir índices de precios del arte: ventas repetidas y precios hedónicos. Cada uno cuenta con ventajas y desventajas.

El método de ventas repetidas considera, en un lapso definido, los precios registrados por una obra de arte que se haya vendido más de una vez en casas de subastas, para formar al menos un par de ventas «repetidas». Por ejemplo, si una obra de un artista se vendió por 10.000 dólares en 1998, y luego se negoció por 16.000 en 2010, entonces esos precios forman un par de ventas repetidas a partir del cual se puede inferir la rentabilidad percibida por alguien que comprara la obra en 1998 y la vendiera en 2010. Para ser considerada, la obra debe haber permanecido sin alteraciones desde la primera venta registrada.

La ventaja principal de este método es que utiliza un punto de comparación estándar para todas las obras estudiadas. Su principal desventaja es que, al enfocarse en los precios de venta de una misma obra, deja por fuera información valiosa referida a obras que se transan solo una vez durante un determinado período. Esto es particularmente importante, pues la mayoría de las obras de arte se venden solo una vez durante el lapso seleccionado para el estudio, lo que achica la muestra de estudio.

El método de precios hedónicos permite construir índices de precios de obras de arte con base en una serie de características; no solo el precio de venta sino también el año en que la obra fue ejecutada, el material utilizado (papel, lienzo u otro), si la obra fue firmada y fechada por el autor, si el autor estaba vivo o no al momento de la subasta de alguna de sus obras, las dimensiones del cuadro, entre otras. La principal ventaja de este método consiste en que permite al investigador utilizar toda la información disponible sobre las transacciones de las obras, aun si se negociaron solo una vez durante el período de estudio (Worthington y Higgs, 2005).

Campbell (2008) llegó a la conclusión de que la inclusión de obras de arte en una cartera de inversión reduce el riesgo, pues el grado de correlación entre los rendimientos de las obras y los de los activos financieros tradicionales —acciones y bonos— es baja. Por ello, el arte se presenta como un activo útil para diversificar una cartera. Como la correlación entre los rendimientos de dos inversiones suele ser positiva, mientras menor sea la correlación mayor será el beneficio de diversificar una cartera con esas inversiones, pues habrá menor probabilidad de que ambas caigan de valor al mismo tiempo. Con datos semestrales de Art Market Research (AMR) y el Índice Mei-Moses de 1976 a 2002, Campbell encontró que el rendimiento del arte supera la tasa de inflación y el rendimiento de los bonos gubernamentales, pero es menor que el de las acciones.

Mei y Moses (2002) habían llegado a una conclusión similar a la de Campbell, en cuanto al rendimiento del arte; con una base de datos de 4.896 ventas repetidas, crearon un índice anual de precios de arte para el período 1875-2000. Sus resultados muestran que el rendimiento del arte ha estado por encima del correspondiente a los activos de renta fija, pero por debajo del rendimiento de las acciones. Los autores destacan que su índice de precios del arte presenta menos volatilidad y menor correlación con otros activos que algunos índices de estudios previos y concluyen que invertir en arte ayuda a diversificar las carteras de los inversionistas.

Renneboog y Spaenjers (2013) emplearon una base de datos de más de un millón de ventas en casas de subastas de 1957 a 2007, y corrieron una regresión de precios hedónicos. Este método relaciona los precios de las obras de arte con otras variables que influyen en el precio (nombre del artista, tamaño de la obra, material utilizado, firma y fecha, fecha y lugar de la subasta). Encontraron que el perfil rendimiento-riesgo del arte (sin incluir costos de transacción) es inferior al de los activos financieros tradicionales. Durante el período de estudio, el arte registró un rendimiento anual real (al descontar la tasa de inflación) de 3,97 por ciento en dólares.

Goetzmann, Renneboog y Spaenjers (2010) utilizaron la base de datos recopilada por Reitlinger (1961), referida a ventas de obras de arte realizadas en casas de subastas en Londres, y aplicaron el método de ventas repetidas para elaborar un índice anual de precios, expresado en libras esterlinas reales, de 1830 a 2007. Adicionalmente, Goetzmann y otros (2010) utilizaron datos del mercado británico de acciones entre esos años, y concluyeron que los movimientos en el mercado de capitales incidían en los precios del arte. También encontraron que los precios del arte aumentaban cuando empeoraba la distribución del ingreso (medida por los ingresos del 0,1 por ciento más rico de la población).

Las obras de arte de Venezuela registraron un rendimiento promedio aritmético superior a las de otros países andinos

Worthington y Higgs (2005) investigaron los factores determinantes de los precios del mercado de arte australiano. Para ello crearon un índice de precios hedónicos, en el cual incluyeron las características que pudieran influir en los precios de 37.605 obras de sesenta artistas australianos reconocidos, vendidas en las principales casas de subastas australianas y del mundo entre 1973 y 2003. Consideraron las siguientes características: nombre del artista, si estaba vivo o no al momento de la subasta, dimensiones de la obra, casa de subasta, si la obra estaba firmada y fechada, y año en que fue vendida. Calcularon que los retornos del arte australiano fueron de 6,96 por ciento anual nominal con una desviación estándar de 16,51 por ciento. El estudio concluyó que si un artista había fallecido, el valor de su obra se incrementaba en las subastas. También tendían a valer más las obras ejecutadas con óleo o acrílico (con respecto a acuarela y tinta) y las que tenían mayores dimensiones. Además, las obras vendidas en las casas de subastas Sotheby’s y Christie’s mostraban mayores precios.

Locatelli y Zanola (2005) utilizaron un método híbrido (ventas repetidas y precios hedónicos), de forma tal que se pudiera considerar la información característica de cada método y, así, aprovechar las ventajas de cada uno. Estudiaron el desempeño de la inversión en obras de Pablo Picasso entre los años 1988 y 1995, y mostraron la capacidad del modelo híbrido para reducir la volatilidad de los resultados.

 

El desempeño del mercado del arte de los países andinos

El estudio de este mercado se basó en los precios de las obras contenidas en la base de datos del portal Blouin Art Sales Index, perteneciente al grupo editorial Louise Blouin Media, que proporciona los precios y otras características de las obras de artistas plásticos de países andinos —Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela— vendidas en subastas. Los precios fueron convertidos a dólares para realizar una comparación apropiada. Para los precios de las obras transadas en bolívares se tomó como referencia el tipo de cambio paralelo durante los años en los cuales hubo control de cambios (1994-1995 y a partir de 2003).

Las obras de arte se clasificaron según la técnica empleada en cuatro categorías:

  1. Óleo: obras en las cuales se usó exclusivamente la técnica del óleo.
  2. Otras técnicas: obras en las cuales se empleó una técnica distinta al óleo (por ejemplo, carbón, lápiz, acuarela o acrílico, entre otras) aplicada sobre una superficie distinta al papel.
  3. Varias: obras en las cuales se mezclaron técnicas (categoría conocida también como técnica mixta) tales como óleo y lápiz, acuarela y carbón, entre otras, aplicadas sobre una superficie distinta al papel.
  4. Trabajos en papel: obras ejecutadas sobre papel.

Además del autor, la nacionalidad, la técnica empleada y el precio de la obra, se consideraron las siguientes variables:

  • Casa de subasta: Christie’s, Sotheby’s y otras.
  • Área: para relacionar precio y tamaño de la obra.
  • Fecha de fallecimiento del artista: para determinar su posible impacto en el precio.
  • Si la obra estaba firmada.
  • Si la obra estaba fechada.
  • Fecha de la subasta.

El período analizado fue 1992-2012. Se utilizó el desempeño anual del índice Standard and Poor’s 500, que refleja los precios de las acciones de las 500 empresas más grandes de Estados Unidos, incluyendo los dividendos, para comparar el desempeño del arte andino como alternativa de inversión. Asimismo, se utilizó el índice Barclays Aggregate para comparar el rendimiento del arte andino con el de los instrumentos de renta fija de Estados Unidos; y el índice de precios al consumidor de Estados Unidos, para descontar la inflación en dólares. Detalles del estudio pueden encontrarse en Brandini y Márquez (2015).

El arte de Venezuela exhibió el mayor rendimiento durante este período (medido por el rendimiento promedio aritmético: 16,68 por ciento anual), seguido por los de Perú (11,27), Ecuador (7,85), Colombia (6,18) y Chile (3,93). Los índices de precios de Colombia, Ecuador y Perú estuvieron dominados por las obras de los maestros Fernando Botero, Oswaldo Guayasamín y Fernando de Szyszlo, respectivamente; debido a que entre un tercio y la mitad de las obras subastadas correspondían en cada índice nacional a obras de esos artistas. La escasa diversificación entre artistas exige cautela al analizar el desempeño de los índices de precios de estos países. Al calcular el rendimiento promedio geométrico de la inversión en arte, que considera el valor del dinero en el tiempo, se encontró que el arte de Perú ofreció el mayor rendimiento (3,68 por ciento anual), seguido por Venezuela (2,39), Ecuador (1,70), Chile (1,54) y Colombia, que fue negativo (-1,19). Como era de esperar, las inversiones más rentables (Venezuela y Perú) fueron, también, las que experimentaron mayores desviaciones estándar de los rendimientos (58 y 41 por ciento, respectivamente), y las mayores alzas (144 y 97 por ciento, respectivamente) y caídas en un determinado año (57 y 59 por ciento, respectivamente).

El rendimiento promedio aritmético del arte se encuentra por encima de la tasa de inflación anual de Estados Unidos en todos los casos. Sin embargo, cuando se comparan los rendimientos promedios geométricos, Colombia, Chile y Ecuador quedan por debajo de la inflación estadounidense, y Venezuela apenas la supera por unas centésimas. Al comparar rendimiento y riesgo de la inversión en arte en estos países con los de haber invertido en acciones y bonos estadounidenses, se observa que, en general, estas últimas registraron un desempeño superior al del arte. Los bonos registraron una razón de Sharpe (rendimiento por encima de la tasa sin riesgo dividido por la desviación estándar de los rendimientos) superior a la del arte; mientras que la razón de Sharpe de las acciones fue similar a las del arte de Venezuela y Perú, y superior a las de otros países andinos.

Estos resultados concuerdan con hallazgos previos: el arte como inversión (el desempeño promedio del mercado de artistas de un país o estilo, sin considerar artistas individualmente) ofrece una relación rendimiento-riesgo inferior a la de las inversiones tradicionales. Ello no significa que sea desaconsejable invertir en arte. Al sopesar la inclusión de un determinado activo en una cartera de inversión deben considerarse las correlaciones de los rendimientos de ese activo con los de la cartera. Si la correlación es suficientemente baja, o incluso negativa, entonces la inclusión de ese activo en la cartera puede ser beneficiosa, pues ayuda a reducir el riesgo total de la cartera. Además, la posesión de obras de arte permite a los coleccionistas disfrutar de beneficios “estéticos”, más allá de los potenciales beneficios de inversión. Las obras de arte son tanto un bien de consumo como un activo de inversión (Baumol, 1986).

Las correlaciones entre las obras de los artistas de los cinco países andinos, y entre estas y las acciones y bonos estadounidenses fueron bajas, y en varios casos negativas. Por ejemplo, la correlación entre el arte de Colombia y las acciones fue 0,16; y entre el arte de Ecuador y las acciones y bonos fueron 0,04 y -0,18, respectivamente. Estas bajas correlaciones sugieren que sería beneficioso incluir arte de los países andinos en una cartera diversificada, aunque algunos índices (especialmente, los de Venezuela y Perú) exhibieron volatilidad durante el período.

Las obras de arte de Venezuela registraron un rendimiento promedio aritmético superior a las de otros países andinos y, al evaluar sus correlaciones con los mercados de acciones y renta fija de Estados Unidos, se encuentran coeficientes cercanos a cero, lo cual las perfila como una buena alternativa al construir una cartera diversificada. Sin embargo, la caída experimentada por la economía venezolana desde 2014 también ha incidido negativamente en los precios de las obras de varios artistas venezolanos, en particular las de aquellos que no se cotizan internacionalmente. Para futuros estudios del arte latinoamericano se recomienda construir un índice para toda la región; así, al tener una muestra más grande, se lograría mayor capacidad de predicción. También sería de utilidad estudiar las relaciones entre variables macroeconómicas e índices de arte de los países andinos.

 

Referencias

  • Brandini, A. y Márquez, S. (2015): «El arte como instrumento de inversión en Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela». Trabajo de grado para la obtención del título de Maestría en Finanzas. Caracas: IESA.
  • Baumol, W. J. (1986): «Unnatural value: or art investment as a floating crap game». American Economic Review. Vol. 76. No. 2: 10-14.
  • Campbell, R. (2008): «Art as a financial investment». The Journal of Alternative Investments. Vol. 10. No. 4: 64-81.
  • Damodaran, A. (2018): “Annual returns on stock, T. Bonds and T. Bills: 1928-current”. http://pages.stern.nyu.edu/~adamodar/New_Home_Page/datafile/histretSP.html
  • Garay, U. (2018): «The Latin American art market: literature and perspectives». Academia Revista Latinoamericana de Administración. Vol. 31. No. 1: 239-276.
  • Garay, U., Gómez, M. y J. Zambrano (2015): «¿Cuán rentable es invertir en arte? Los casos de Carlos Cruz-Diez y Jesús Soto». Debates IESA. Vol. XX. No. 1: 49-53.
  • Gerlis, M. (2014): «Is collecting art as profitable as it is painted? ». Financial Times, 8 de mayo. http://www.ft.com/cms/s/2/a608bd34-7861-11e3-831c-00144feabdc0.html
  • Goetzmann, W., Renneboog, L. y Spaenjers, C. (2011): «Art and money». The American Economic Review. Vol. 101. No. 3: 222-226.
  • Locatelli, M. y Zanola, R. (2005): «The market for Picasso prints: a hybrid model approach». Journal of Cultural Economics. Vol. 29. No. 2: 127-136.
  • Mei, J. y Moses, M. (2002): «Art as an investment and the underperformance of masterpieces». The American Economic Review. Vol. 92. No. 5: 1656-1668.
  • Reitlinger, G. (1961): The economics of taste: the rise and fall of picture prices, 1760-1960. Londres: Barrie and Rockliffe.
  • Renneboog, L. y Spaenjers, C. (2013): «Buying beauty: on prices and returns in the art market». Management Science. Vol. 59. No. 1. http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.1352363
  • Worthington, A. C. y Higgs, H. (2005): «Financial returns and price determinants in the Australian art market, 1973-2003». The Economic Record. Vol. 81. No. 253: 113-123.

Alejandro Brandini y Santos Márquez, egresados de la Maestría en Finanzas del IESA. Urbi Garay, profesor del IESA.