El misterio detrás del desdoblamiento

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Imagen de Paul Keiffer en Pixabay

Cambiar un billete por su equivalente en monedas es una operación que no crea ni destruye valor. Lo mismo sucede cuando una empresa que cotiza en bolsa realiza un desdoblamiento: dividir el valor nominal de las acciones al aumentar el número de títulos al tiempo que se mantiene el mismo capital. Misteriosamente, el mercado accionario tiende a verlo con beneplácito.

Carlos Jaramillo / 22 de abril de 2022


 

El concepto de desdoblamiento (split) es uno de los primeros que se enseña en cualquier curso básico de finanzas. Aunque los instructores siempre enfatizan que, a priori, esta operación no implica un cambio real, los mercados financieros tienden a recibirla con cierto beneplácito. ¿La razón?

En un mundo ideal, donde la información se transmite de manera eficiente y sin costos entre los gerentes y los accionistas actuales y potenciales, podrían ocurrir cambios en la estructura de capital de la empresa o en las políticas de inversión o dividendos, sin que surjan suspicacias en el mercado y, por lo tanto, sin que se afecten los precios de las acciones y los instrumentos de renta fija.

En un mundo normal, los mercados financieros siempre le ponen un grano de sal a las intenciones de las empresas cuando emiten nuevas acciones o se endeudan. Tales anuncios se reflejan en caídas más o menos leves de los precios de sus títulos valores. De allí que la gran ilusión de los gerentes es encontrar mecanismos económicos y sin ambigüedades para transmitir información a los mercados financieros.

¿Qué tienen que ver los desdoblamientos con lo dicho hasta ahora? Mucho, si se considera que pueden formar parte de una estrategia comunicacional de beneficios futuros de una empresa.

La primera razón para realizar un desdoblamiento es mantener un precio de la acción asequible para los inversionistas con menor poder adquisitivo. Una base accionaria amplia le permite a los accionistas que ejercen el control mantener su liderazgo con una menor inversión y minimizar la posibilidad de que otros grupos accionarios los remuevan. Las empresas que tienen una gran cantidad de accionistas minoritarios pueden usar este hecho en sus estrategias de cabildeo y, en general, apalancarse en una opinión pública favorable.

En países como Estados Unidos ya no es necesario que el precio de una acción sea bajo para asegurar una amplia base de accionistas. Gracias a los avances tecnológicos es posible comprar fracciones de acciones a costo cero. La popularización de los fondos que cotizan en bolsa (ETF) también permite, de manera muy económica, mantener posiciones en las empresas que cotizan en bolsa sin necesidad de realizar cuantiosas inversiones.

Pero las empresas estadounidenses siguen anunciando splits. Han ocurrido unos veinte anualmente, en promedio, en la última década. Según el Bank of America, desde 1980 las empresas que forman parte del S&P 500 obtienen retornos superiores al del resto del mercado accionario, del orden de 16 por ciento, en el año siguiente al anuncio de un desdoblamiento.

Es muy posible que los mercados interpreten estos anuncios como señales de que las empresas emisoras mantendrán una racha creciente de beneficios en los próximos años. No es extraño que en la fase final de un mercado alcista, cuando la euforia es grande, los desdoblamientos excedan los promedios históricos.

Mientras no surjan nuevas pruebas, a los desdoblamientos se les seguirá reconociendo como anuncios que ponen el foco de interés del público en alguna en empresa durante un corto período. Tal es el equivalente empresarial de los quince minutos de fama que, según el pintor Andy Warhol, todos tendríamos en el futuro.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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