Nació BITO: ¿debemos felicitarnos?

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La SEC aprobó el primer fondo cotizado vinculado directamente al desempeño del bitcóin. Quienes promocionan los criptoactivos piensan que es un gran paso. Para sus detractores es un mecanismo muy oneroso en un sector incierto. El hecho es que entraron en escena los instrumentos de oferta pública atados a las criptomonedas y con ellos los retos regulatorios.

Carlos Jaramillo / 28 de octubre de 2021


 

Finalmente, después de ocho años, la Comisión Nacional de Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) aprobó el primer fondo cotizado (ETF) vinculado directamente al desempeño del bitcóin que circulará en el mercado financiero estadounidense. El producto, conocido como The ProShares Bitcoin Strategy ETF (BITO), debutó el pasado 19 de octubre de 2021 en el mercado secundario, y el volumen transado fue el segundo mayor de la historia para un producto de esta naturaleza.

Un hecho anecdótico es que en 1993 apareció el primer ETF de acciones cotizado en Estados Unidos (Canadá había lanzado un instrumento similar en 1976). Lo siguió el de renta fija en 2002 y el de oro físico en 2004.

BITO compra contratos a futuro que siguen el precio del bitcóin, en lugar de poseer directamente la criptomoneda, razón por la cual no actúa como una cobertura perfecta frente a los movimientos del activo subyacente debido a los costos transaccionales. Su costo de manejo es uno por ciento anual, calculado sobre el valor de los activos en custodia, al que hay que sumar los costos de renovación de los contratos a futuros adquiridos (rolling), que según los expertos pueden oscilar entre cinco y diez por ciento.

La cobertura de este debut en la prensa especializada ha sido abundante y diversa en cuanto a la valoración del nuevo producto. Quienes lo promocionan consideran que es la manera de dar a los inversionistas institucionales la posibilidad de invertir en bitcoines, bajo el paragua regulatorio del Chicago Mercantil Exchange. Esto permite evitar algunos riesgos derivados de poseer directamente la criptomoneda, entre los cuales se encuentran la participación involuntaria en circuitos de lavado de activos, los asaltos de los hackers a las plataformas que custodian los criptoactivos y posibles fraudes que se pudiesen ejecutar fuera de las regulaciones estadounidenses.

Sus detractores parten de un principio fundamental en el mundo de los derivados: un producto debe existir, desde un punto de vista social, cuando cumple la función de mitigar el riesgo de un grupo de actores de la economía que están dispuestos a comprar una póliza de cobertura a cambio de transferir a un tercero (especulador) el impacto negativo de un evento que pondría en peligro sus operaciones. Como las operaciones con bitcoines son principalmente de naturaleza especulativa, ninguna razón social justifica que estos contratos existan y mucho menos un ETF que exponga a inversionistas institucionales y personas naturales a un activo financiero de naturaleza compleja.

Los ETF existen porque crean la posibilidad de estandarizar el acceso a familias de activos de inversión de interés general, como materias primas o carteras de acciones emblemáticas, con el pago de bajos costos administrativos. En tal sentido, para los inversionistas que consideran una inversión en bitcoines alineada con sus objetivos de inversión, el lanzamiento de BITO es una opción que deberían tomar en cuenta.

Pero quienes tienen experiencia en la compra de bitcoines en las plataformas existentes encontrarán particularmente oneroso el costo de operar con este nuevo ETF. A medida que se popularicen los instrumentos de oferta pública atados al desempeño de los criptoactivos, la competencia reducirá una buena parte de los costos transaccionales y los organismos reguladores desarrollarán capacidades de supervisión para estar a la altura del desafío.

La gran pregunta es, como siempre, ¿hasta qué punto las criptomonedas constituyen una opción de inversión a la cual debe tener acceso el público en general?


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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