Osteoporosis urbana: los efectos de la diáspora en la ciudad venezolana

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La diáspora venezolana ha conducido a un gradual vaciamiento de las ciudades y el abandono de una significativa inversión inmobiliaria. Esta osteoporosis urbana constituye tanto un problema como una oportunidad para un nuevo urbanismo, acorde con principios de sostenibilidad.

Lorenzo González Casas / 9 de noviembre de 2020


 

Vivo en esta ciudad, en este país despoblado,
avergonzado por sus propios fantasmas,
confinado a cuatro paredes hurañas.
Vivo en cuartos vacíos.
En habitaciones que a ratos se encogen
expulsando todo aquello
que hasta ayer me acompañaba…

Arturo Gutiérrez Plaza, extracto del poema «Hogar»

 

La emigración masiva de los venezolanos ha tenido innumerables consecuencias urbanísticas, económicas y sociales. El vaciamiento de población y actividades muestra la cada vez más notable desconexión entre la estructura y la dinámica citadinas. Esta condición puede entenderse como «osteoporosis urbana», por analogía con la afección orgánica en la cual la estructura ósea mantiene su forma, pero pierde sustancia y se va desmoronando.

Esa nueva condición urbana no responde a las altas tasas de crecimiento, los proyectos expansivos y la tabla rasa de otrora. Implica retos de investigación y actuación basados en la premisa de que un enorme inventario inmobiliario no se va a ir con la gente: es muy valioso y puede significar apoyo a futuros programas de recuperación.

El deterioro de la calidad de vida en las ciudades ha estado presente por décadas en el país, pero en el último lustro ha alcanzado niveles desconocidos desde el siglo XIX. Por años hubo claros indicadores y luces de alerta encendidas del declinar socioeconómico de un país cada vez más dependiente del petróleo, con reducción de la producción tanto del oro negro como de bienes industriales como acero, cemento y aluminio. Todo ello acompañado por el cierre de empresas, preferencia del gasto sobre la inversión, encogimiento del producto interno bruto y éxodo de personal calificado.

La emigración ha dejado una cifra de más de un millón de viviendas desocupadas u ocupadas por debajo de la media

Ello ha tenido, como era de esperar, reflejos en lo urbano, con una pérdida de competitividad y atractivo del país en general (Lombardi, 2020) y de las ciudades, en particular. En la encuesta de calidad de vida de la empresa Mercer (2020), Caracas, la ciudad mejor posicionada del país, aparecía en el puesto 140 de 215 casos estudiados en 2007. En 2018 bajó al 193 de 231 y en 2019 siguió el descenso hasta el 202, y al puesto 222 en materia de seguridad que la presenta como la urbe más insegura del continente.

Estos datos, sin sorpresas a la vista, coinciden con la apreciación de la gente en la calle, soportada académicamente por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (UCAB, 2020) o lo que los economistas Asdrúbal Barrios y Miguel Ángel Santos (2018) han denominado «anatomía de un colapso». La demografía se equipara con estas informaciones: la tasa de crecimiento poblacional ha ido bajando de 4,5 por ciento interanual en la década de 1950, y 3,8 en la de 1960, a 1,3 por ciento en 2016. Sin cifras confiables para el momento, puede considerarse nula o, incluso, negativa en los últimos años.

 

Una nueva condición: ciudades que no crecen

Contra la visión según la cual las ciudades siempre crecen, hay evidencias del decrecimiento urbano en el pasado, tanto por eventos naturales como por intervención humana. Más recientemente, los cambios demográficos en muchos países indican que las sociedades están enfrentando procesos de desurbanización, entendida como pérdida no solamente de población, sino también de funciones urbanas. Bajas tasas de natalidad, envejecimiento o desplazamiento son las principales formas que llevan al vaciamiento urbano.

En 2004, Hans Stimmann —director del Ministerio de Desarrollo Urbano de Alemania y líder de la reconstrucción de Berlín por tres lustros (1991-2006) luego de la reunificación alemana— afirmó en una conferencia en Roma que algunas de sus tareas como urbanista estaban orientadas a diseñar estrategias para recomponer ciudades que se despoblaban. Sus palabras eran claras: el mundo urbano cambiaba drásticamente en muchos lugares. Stimmann mostraba actuaciones en marcha para reducir significativamente las dimensiones de las ciudades antes de que tomasen la apariencia de urbes de postguerra (Stimmann, 2004).

Alemania no está sola en la experiencia de despoblamiento. En 2012 apareció en el diario El País un artículo de opinión bajo el título «España despoblada» (Balfagón, 2012). Según estudios realizados por el Instituto Nacional de Estadística, esa nación perdía población, a pesar de que la gente vivía más años. Se esperaba una merma demográfica de un diez por ciento en las próximas décadas. Ese tema se ha convertido en un asunto de debate público y de programas para la reactivación de pueblos fantasmas, que recuerdan los del Instituto Técnico de Inmigración y Colonización que existiera en Venezuela a mediados del siglo XX. No deja de ser una paradoja que sean venezolanos, preferentemente con hijos, los que ingresan en esos programas y pasan a habitar esos asentamientos en la península ibérica.

En América Latina hay ejemplos notables de decadencia y ruina urbana. La Habana, luego de la emigración de parte considerable de su población y la redistribución de los inmuebles vacíos bajo el eufemismo «Reforma Urbana», ha vivido por décadas un proceso de ruina edilicia mostrado en toda su crudeza en un documental de Florian Borchmeyer (2006). Allí se narra las vidas de personas en los cascarones deteriorados de viejas edificaciones.

Más al sur ciudades como Montevideo acusan el abandono del casco urbano, que ha ocurrido en muchos centros tradicionales en Latinoamérica. De otra escala ha sido el abandono que vivieron las ciudades norteamericanas, con la crisis económica o el éxodo de los centros en busca de mejores condiciones de vida, que dejaron decenas de miles de casas, apartamentos, tiendas, escuelas, fábricas, iglesias e instituciones abandonadas. Es el caso de Flint, en Michigan, en decadencia con la salida de la empresa General Motors y la reducción del empleo de 79.000 a apenas 8.000 (y la población de 110.000 a 60.000 personas). Pero el mayor eclipse de la ciudad estadounidense hasta el momento ha sido el de Detroit. La cuna de la industria automovilística cayó en bancarrota en 2014: pasó de dos millones de habitantes a apenas 700.000. Una de cada tres viviendas fue desocupada y se han hecho granjas en lotes vacíos para recuperar esos espacios.

 

Del «me iría demasiado» al «se han ido demasiados»

La principal noticia de la Venezuela de los últimos años, aparte de los no pocos avatares de la política y la economía, es la enorme emigración, una de las mayores del mundo. Desde aquel video Caracas, ciudad de despedidas, filmado en 2011, y criticado desde las alturas del poder, en el cual siete jóvenes comentaban la sensación de estar siempre despidiendo a sus amigos, ha pasado bastante agua bajo el puente (y gente sobre él). Ellos, de los cuales algunos ya se fueron, sintieron la brisa de lo que luego sería un vendaval. Es una gran coincidencia que el dominio del cinetismo en las artes visuales venezolanas, representativo de la dinámica social y del sentido de transitoriedad de la cultura local, se convirtiera, por efecto del trabajo de Cruz Diez en el aeropuerto de Maiquetía, en símbolo del flujo migratorio continuo, aunque buena parte de la salida ocurriera por otras vías.

La magnitud del fenómeno ha llevado a bautizarlo como «diáspora», término cuyo uso se ha generalizado. Superaba en 2019 los seis millones de venezolanos (de la Vega, 2019). Como quiera que se calcule, cada vez más aparecen mapamundis con cifras crecientes de emigrantes, imágenes de muchedumbres que atraviesan las fronteras con sus mochilas tricolores o, peor aún, campamentos fronterizos atendidos por instancias internacionales. Estudiosos como Iván de la Vega, Tomás Páez, Ángel Arellano, Rubén Darío Peralta, Cristina Lares Vollmer y Francisco Kerdel Vegas, han dedicado valiosos esfuerzos al tema. A la par de esos trabajos metódicos se encuentra la evidencia directa, pues la emigración no es solamente asunto de números, sino también de símbolos.

En el futuro habrá que desarrollar políticas para la puesta en valor del inventario inmobiliario

Tomás Straka (2016) contó su experiencia con los afiches del cerro El Ávila, cuya sólida imagen acompañaba a los emigrantes caraqueños en su itinerario internacional, como eslabón perdido de la memoria urbana. Una experiencia histórica del abandono de las ciudades se encuentra en la novela Casas muertas, de Miguel Otero Silva, publicada en 1955. Allí se hablaba del despoblamiento de los asentamientos y la reubicación de la gente por el impacto de la economía petrolera. Decía Carmen Rosa, la protagonista, que luego iría a dar a El Tigre en la novela Oficina N° 1, de 1961:

Y cuando se acaba un pueblo, Olegario, ¿no nace otro distinto, en otra parte? Así pasa con la gente, con los animales, con las matas. — Y también con los pueblos, niña. He oído decir a los camioneros que, mientras Ortiz se acaba, mientras Parapara se acaba, en otros sitios están fundando pueblos (Otero Silva, 1975: 78).

En el caso venezolano actual, esos sitios de nueva fundación quedan fuera de las fronteras.

En paralelo con el vaciamiento, y la caída de los precios de los inmuebles, ha surgido una serie de mecanismos para hacer frente a una condición sin parangón en la historia reciente del país: secretos a voces, en medio de la opacidad de mucha información, por razones de seguridad y temor a ocupaciones ilegales. Son los casos de los cuidadores y los hijos suplentes, encargados, respectivamente, de las casas y las personas mayores que los emigrantes han dejado atrás. El menor poder adquisitivo conduce al deterioro de los inmuebles y al diferimiento del pago de servicios. Esto conduce al deterioro urbanístico, al suspender gastos de reparaciones y mantenimiento.

El vaciamiento, como era de esperar, no se limita a las viviendas. La osteoporosis está en hospitales y clínicas, con déficits de personal especializado y de apoyo; en la planta industrial, educativa y cultural; en el comercio, con miles de empresas cerradas y locales ociosos, al punto que se habla de un porcentaje superior al cincuenta por ciento de vacantes de oficina en Caracas. En el sector habitacional se hace muy palpable, pues la emigración ha dejado una cifra de más de un millón de viviendas desocupadas u ocupadas por debajo de la media, con la cual se calcularon al construirlas, tanto formal como informalmente. El valor pudiera acercarse a un cifra de 50.000 millones de dólares, considerada la inversión original en materia habitacional directa realizada por las personas, las entidades financieras y el Estado. Al producirse el abandono de manera desconcentrada, en millones de inmuebles desperdigados en el territorio, la metáfora de la osteoporosis resulta oportuna para explicarlo.

Nutridas han sido las respuestas culturales ante el vaciamiento urbano, motivadas por la magia de los fantasmas del abandono y la ruina. Exposiciones, eventos y fotorreportajes como «Plan B: Caracas, ciudad de salida» de Cultura Chacao, «Testigos del desarraigo» de Marylee Coll, «Cuartos vacíos» de Mariana Vincenti y Valeria Pedicini, y «Las cosas que dejé atrás» de Juan Tufano. También hay reportajes periodísticos sobre automóviles abandonados que tampoco pudieron migrar. En el cine aparecen inmuebles fantasmas en La soledad de Jorge Thielen y en el documental Érase una vez en Venezuela, de Anabel Rodríguez Ríos. Hay también una poética del espacio vacío, como la elaborada por Arturo Gutiérrez en una serie de poemas que traslucen esa condición de soledad en la casa que quedó grande y figura en el epígrafe.

 

La gestión del inventario

En el futuro habrá que desarrollar políticas para la puesta en valor del inventario inmobiliario, y considerar si otras áreas como economía, salud y educación merecerán mayor prioridad que la construcción de nuevas viviendas y que los esfuerzos urbanísticos deberán estar orientados a la recuperación de la infraestructura y a planes ante contingencias, como ha expresado Alfredo Cilento Sardi (2018). Operaciones, muchas con el prefijo «re» como re-ciclar, re-usar, re-construir, suponen un cambio de mentalidad y tienen de particular el trabajo de costura, pues el inventario urbano usualmente se está reciclando, mientras la trama permanece. En los últimos años han ido apareciendo formas de entender el fenómeno urbano como relativa estabilidad y opciones para construir sobre lo construido.

El extenso inventario urbanístico producido a lo largo de siglos es un problema básico que se debe gestionar. Una serie de opciones copan la escena mundialmente: la concepción de la ciudad compacta de usos mixtos, el reciclaje o re-habitación de lugares y edificaciones existentes, y el rediseño de viviendas con posibilidades de subdivisión, capaces de adaptarse a nuevas condiciones demográficas y socioeconómicas.

Lo que tienen en común estas propuestas es conceptualizar el hecho construido como algo en transformación. Al repensar los paradigmas legados por la modernidad han surgido movimientos como «Nuevo urbanismo» y «Crecimiento inteligente». El discurso de la sostenibilidad implica respuestas alineadas con la tendencia universal de mejorar la ocupación y la interconexión de la ciudad, mediantes sistemas de movilidad peatonal, transporte público y otros no convencionales que, además, pueden obtener financiamiento internacional. En el caso venezolano hay, al menos, ocho escenarios posibles de actuación para incorporar actividades que ayuden a «calcificar» las ciudades: político-cultural, económico-productivo, jurídico, financiero, fiscal, patrimonial, urbano y arquitectónico.

Es válido preguntarse si puede comenzar algo en estos momentos, sin esperar cambios estructurales. Sirva como ejemplo la ciudad de Varsovia cuando, condenada a desaparecer durante la Segunda Guerra, un grupo de personas se dio a la tarea de documentar, escondiendo los planos que conseguían, y también a pensar en proyectos de reconstrucción. Llegada la hora se recuperó la ciudad: se mejoró mucho de lo que había previamente. Se reafirma entonces la necesidad de investigaciones en esta materia, ajustadas a las condiciones locales.

Usualmente las ciudades sobreviven a los sistemas políticos o económicos, y a las circunstancias temporales. Ortiz, ciudad Fénix, sigue ahí, con varias decenas de miles de habitantes según el último censo. El urbanismo y la arquitectura del futuro tendrán que poner mayor atención sobre la ciudad existente. La ciudad del futuro tendrá poco espacio para la grandilocuencia, pero bastante para el bien decir…

 

Referencias

  • Balfagón, M. (2012): «España despoblada». El País, 20 de noviembre. https://elpais.com/elpais/2012/11/19/opinion/1353353939_653294.html
  • Barrios, D. y Santos, M. A. (2018): «Venezuela: anatomía de un colapso». Cambridge, Massachusetts: Center for International Development, Harvard University. https://politikaucab.net/2018/04/10/venezuela-anatomia-de-un-colapso-por-douglas-barrios-y-miguel-angel-santos/
  • Borchmeyer, F. (director) (2006): Havanna- Die neue Kunst zu bauen [La Habana – El nuevo arte de hacer ruinas]. [Cinta cinematográfica]. Alemania. Hentschler, M. (productor).
  • Cilento Sarli, A. (2018): «Reconstruir a Venezuela. Primero lo primero». Tribuna del Investigador. Vol. 19. No. 2. https://www.tribunadelinvestigador.com/ediciones/2018/2/art-13/
  • De La Vega, I. (2019): «Venezolanos en situación de nomadismo: Iván De La Vega calcula el éxodo en 6.1 millones». América Digital. 17 de julio. https://www.americadigital.com/en-conexion/venezolanos-en-situacion-de-nomadismo-ivan-de-la-vega-calcula-el-exodo-en-6-1-millones-24846
  • Gutiérrez Plaza, A. (2020): Cartas de renuncia. Caracas: Fundación La Poeteca.
  • Lombardi, D. (2020): «Venezuela: el vecino en desgracia». Debates IESA, 12 de abril. http://www.debatesiesa.com/venezuela-el-vecino-en-desgracia/
  • Mercer (2020): «Ranking de calidad de vida 2019». https://www.latam.mercer.com/newsroom/estudio-calidad-de-vida.html
  • Otero Silva, M. (1975): Casas muertas. Barcelona: Seix Barral.
  • Stimmann, H. (2004): «Berlino, città sconfinata: Gli ultimi 10 anni. Disegnando la città». Ciclo de Conferencias. Roma: Universidad Roma Tre. 5 de marzo.
  • Straka, T. (2016): «Prólogo». En L. Puerta Bautista: Geosímbolos del petróleo en Venezuela (1900-1960). Caracas: Academia Nacional de la Historia.
  • UCAB (2020): «Encuesta nacional de condiciones de vida 2019-2020». Universidad Católica Andrés Bello. https://www.proyectoencovi.com/informe-interactivo-2019

Lorenzo González Casas, profesor de la Universidad Simón Bolívar.